1 de julio 2013 - 00:00

La calidad de una orquesta conmovió al Teatro Colón

Dirigida por el letón Mariss Jansons, la Orquesta Real del Concertgebouw de Amsterdam se presentó en en ciclo del Mozarteum en el Teatro Colón.
Dirigida por el letón Mariss Jansons, la Orquesta Real del Concertgebouw de Amsterdam se presentó en en ciclo del Mozarteum en el Teatro Colón.
Orquesta Real del Concertgebouw de Amsterdam (director: M. Jansons). Solista: D. Matsuev (piano). Obras de S. Rachmaninov y G. Mahler (Mozarteum Argentino, 29 de junio).

Pocas orquestas pueden exhibir hoy en día una tradición, una calidad y una mística semejantes a las de la Orquesta Real del Concertgebouw de la ciudad de Amsterdam (RCO sus siglas en inglés), que celebra sus 125 años de existencia con una gira mundial que la trajo hasta Buenos Aires de la mano del Mozarteum Argentino. El segundo de los dos conciertos que brindó fue un despliegue impar de los mayores logros que pueda tener una manifestación musical: intensidad, perfección, emoción, musicalidad, brillo, profundidad. Se perciben la mística mencionada, el orgullo que cada miembro de la Orquesta lleva de pertenecer a uno de los cinco mejores organismos sinfónicos del mundo, la sinergia que esto genera, y el respeto que manifiestan por su titular desde 2004, el letón Mariss Jansons, quien a los 70 años da una clase magistral de dirección en cada gesto, no sólo en los que hace sino también en los que no hace. Su biografía oficial se inicia con un concepto que se trasunta en su forma de dirigir: el desafío de encontrar las cualidades de cada orquesta, preservarlas y permitir que fluyan. Atento a sus músicos, Jansons dosifica su energía corporal y dirige con una mínima tensión (no extraña que cuide ese aspecto quien en los 90 tuvo un ataque cardíaco mientras dirigía una función de "La bohème").

El difícil ensamble de la "Rapsodia sobre un tema de Paganini" de Sergei Rachmaninov no constituyó un problema para Jansons, la Orquesta ni el pianista Denis Matsuev. Dueño de una técnica aplastante, un sonido pleno y una mente musical fuera de serie, el ruso (ganador del Concurso Tchaikovsky 1998) acometió la obra con claridad y ofreció dos bises bien contrastantes: con delicadeza un fragmento de "Las estaciones" de Tchaikovsky, y con una energía casi descontrolada una improvisación jazzeada que recorrió un apoteótico camino hasta dejar oír el tema de Paganini que inspiró a Rachmaninov mientras sólo faltaba que el Steinway del Colón se prendiera fuego.

Pero el núcleo de interés la visita de la Orquesta, lo que Buenos Aires ansiaba escuchar por sobre todo, era la "Sinfonía número 1" de Gustav Mahler, subtitulada "Titán". Y el resultado superó todas las expectativas. El entendimiento entre el conjunto y Jansons posibilitó una fluidez en las variaciones de tempo indicadas en la partitura, al tiempo que se advirtió un trabajo de orfebre en la articulación y una paleta dinámica y tímbrica como pocas veces se haya escuchado en el Colón. Se impone destacar los solos de contrabajo, maderas, y la exactitud de los metales y la percusión. Pero no deja de tratarse de una injusticia, ya que más allá del lucimiento que esta obra les permite, cada uno de los excepcionales músicos que integran la RCO se entrega a su arte con la misma intensidad.

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