“La calma mágica” vuelve sobre la figura paterna

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• CIRO ZORZOLI DIRIGE EN TIMBRE 4 EL ESTRENO DE LA OBRA DE ALFREDO SANZOL
El director de “Tarascones” (que aún sigue en cartel en El Picadero después de su paso por el Cervantes) señala que el lenguaje de la comedia permite, a través del humor, enfocarse en temas que de otra forma serían dolorosos.

"Soy defensor de la comedia porque creo que permite tocar ciertas cuestiones humanas desde el humor con un trasfondo de verdad más rico que cuando hay otro tipo de expresiones", dice Ciro Zorzoli, director de "La calma mágica", escrita por el español Alfredo Sanzol. La Compañía Timbre 4 de Claudio Tolcachir convocó a Zorzoli para que dirija esta pieza que se presenta por primera vez en la Argentina, con un elenco conformado por Tamara Kiper, Inda Lavalle, Gerardo Otero y Tolcachir. Las funciones son los viernes y sábados.

Zorzoli dirige además "Tarascones", que cumplió 100 funciones y se convirtió en uno de los éxitos teatrales del año, y que pasó del Cervantes al Picadero. Protagonizada por Paola Barrientos, Alejandra Flechner, Eugenia Guerty y Susana Pampín, tiene texto de Gonzalo Demaría.

Periodista: ¿De qué se trata "La calma mágica?

Ciro Zorzoli: Hay un disparador que tiene que ver con la pérdida del padre. El padre, al final, le dice a su hijo que lo único que le queda es ser adulto. Ser huérfano es quedar a cargo de uno mismo. Hay ciertos hechos de la vida que cada tanto llevan a plantearnos dónde estamos parados, a dónde vamos, si lo que hacemos responde a un deseo. Con la pérdida del padre el personaje parece que pierde el rumbo de sí mismo. Hay una mirada humorística que tiene que ver con eso y al final de ese derrotero alucinógeno se reconcilia y reencuentra consigo mismo, con esa figura del padre muerto, pero vivo aún en él.

P.: ¿Qué le atrajo de la obra de Sanzol, a la que Tolcachir define como un rompehielos que, con humor, llega a lugares delicados?

C.Z.: La primera sensación es que se trata de una obra abierta. Ese aspecto delirante, donde empiezan a asociarse cosas que van desencadenando otras, invita a crear. La pieza arranca en una oficina y termina en Kenya con elefantes rosas, un delirio que no había abordado en otros textos. Me pareció atractivo para ver el nivel de juego al que podía llegar. Sanzol hizo la puesta original y lo interesante acá fue ver cómo este material resonaba en nosotros.

P.: Dirigió más de lo que escribió, ¿disfruta más los textos de otros?

C.Z.: Siempre tomé la dramaturgia en función de la dirección, que es lo que realmente me interesa. El texto de otro resultará diferente en función de quién lo tome y genera diferentes resonancias en cada quien. Uno hace el trabajo de comprender y poner en juego esas resonancias, de igual modo que una novela para cada lector es distinta. Los textos de otros nos corren del lugar donde nos pensamos y permiten reubicarnos. Cada autor abre nuevas perspectivas desde donde ponerse a trabajar.

P.: ¿Cómo evaluá los diferentes circuitos del teatro? "Tarascones", que arrancó en el oficial, ahora está en el Picadero.

C.Z.: El Picadero tiene una característica mixta, está cerca de Corrientes pero en el pasaje Discépólo, y tiene un perfil abierto al cruce. Actualmente lo comercial está más ligado a lo popular, pero a la vez hay otras capas de interés que pueden resultar interesantes. Hay coyunturas y épocas, uno confía en que sean ciclos y que puedan volver al comercial autores como Arthur Miller, que llegó a tener tres obras simultáneas en Corrientes.

P.: Cumplieron 100 funciones de "Tarascones", ¿a qué le atribuye el éxito?

C.Z.: Veníamos con el envión del Cervantes a funciones agotadas, queríamos seguir haciéndola y había público que la pedía. Las actrices lo disfrutan mucho y el boca en boca es el que a la larga mantiene las obras, es algo que está menos sujeto a la volatilidad de la publicidad mientras afianza y permite que la obra se asiente.

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