Patxi Joseba Andión González nació por casualidad en Madrid en octubre de 1947. Por ese tiempo, su familia navarro su padre, de origen alavés su madre- se había trasladado a la capital del país. Pero su herencia vasca no tenía dudas. Después de un tiempo de su padre en la cárcel militante republicano, cayó en manos de la dictadura franquista- regresaron a su tierra y sólo su propio compromiso político fue parte del FRAP, una organización revolucionaria de izquierda- y cultural lo llevó al exilio y a ser, por ejemplo, espectador del Mayo francés en París.
Andión, que dice haber aprendido irregularmente a hablar en euskera en épocas de restricciones lingüisticas que obligaban a usar ese idioma sólo en privado-, pasó por Buenos Aires apenas por unas horas antes de emprender una gira sudamericana que lo llevará a actuar en Neuquén (12/6), Bahía Blanca (14/6), Santa Rosa (15/6), Gral. Pico (16/6), Viedma (18/6), La Plata (21/6), el porteño teatro SHA (22/6), Mar del Plata (23/6), Montevideo (25/6), Córdoba (27/6), Rosario (28/6) y Resistencia (29/6). "A mi anécdota de aquella tan lejana primera visita a la Argentina", dice "debería agregar unas horas que pasé en Buenos Aires un poco de casualidad. En 1984, el Frente Amplio uruguayo me invitó a actuar en Montevideo. Todavía estaban los militares y yo imaginaba que no sería bienvenido, pero ellos insistieron en que no habría problemas. Vine con un pasaje que hacía escala en Ezeiza. Y cuando aterricé en Carrasco me dijeron, con amabilidad pero sin opciones, que tenía que irme. Así que volví a Buenos Aires, pasé un día y medio andando por la ciudad con mi guitarra al hombro, solo y sin nada para hacer. Terminó siendo una visita turística inesperada".
Periodista: ¿Y aquella primera guitarra que había dejado en el '70?
Patxi Andión: Nunca más supe de ella. Ni siquiera tuve más contacto con quien me trajo, ni recuerdo su nombre, así que la dí por perdida hace años. Aunque sería muy bonito reencontrarme con ella. Es de un tiempo en que no me era fácil comprar una guitarra.
P.: Problemas como el que tuvo en Montevideo fueron una constante también en su país.
P.A.: Sí, claro. Tanto que me llevaron al exilio. Yo tenía una militancia en el Frente Revolucionario Antifascista y Patriota, pero no de manera muy activa. Tampoco es que todas mis canciones tuvieran una temática política o social. Pero tenemos que ubicarnos en la época y pensar con las mentes de aquellas gentes. Una vez un censor me dijo: "usted tiene una manera de cantar que suena mal, más allá de lo que cante".
P.: En Sudamérica, y en particular en Argentina, sus discos se conocieron en los años '70 y '80 y sigue conservando admiradores por aquí. ¿A qué lo atribuye siendo que no ha estado usted presente?
P.A.: Es curioso lo que pasa con la Argentina. Yo sé que mis discos han circulado, incluso de manera clandestina, con copias, cuando podían traer problemas. Y que pueda haber quien me admire, sin prácticamente haber estado por acá. Es algo increíble.
P.: ¿Qué diferencia tiene con aquel cantante juvenil tantos años después?
P.A.: Los cantantes somos como los tomates, porque dependemos de la tierra y del abono. Quiero decir que uno va siendo distinto en función de los tiempos, de las circunstancias sociales y personales, y también va cambiando la manera de escuchar del público. Yo arranqué muy joven y a través de los años fui adquiriendo distintas responsabilidades. Creo que un artista tiene que responsabilizarse creativamente con su tiempo, desde lo cultural, lo social y lo político; dicho esto mucho más allá de que uno tenga o no una determinada militancia.
P.: ¿La canción es un formato con futuro?
P.A.: Claro que sí. La canción es una forma pequeñita de la cultura que sigue viva. Y siempre habrá quien quiera detenerse en la obra de un autor, escuchar sus palabras y sus músicas. Naturalmente, hay a la par un arte que podríamos llamar más "pop" al que accede más gente. Pero la canción con contenido sigue teniendo vigencia y es un muy buen método de comunicación entre las personas.
P.: ¿Cómo se hace para no caer en la reiteración después de tantos años?
P.A.: No es sencillo. Porque alguna vez uno creó un modelo que se va agotando. Así que tratar de acompañar los tiempos es una tarea dura, solitaria, difícil y muchas veces improbable. Hay un cantante y compositor español al que considero mi amigo y al que admiro profundamente, Paco Ibáñez. Pero veo que muchas veces su trabajo está basado más en la nostalgia. Yo intento romper con eso; no sé si lo logro siempre.
P.: Toda esta esta historia con la canción "de texto" no parece cuadrar con su participación como el "Che" en una "Evita" en los años '80.
P.A.: Es que siempre fui un curioso y aquello me pareció un desafío muy interesante. Fue muy bueno trabajar a la orden de un director, con ese rigor y esa disciplina inglesa. De todos modos, yo participé en las puestas de Madrid y Barcelona y ya no estuve cuando la obra salió de gira por América Latina.
P.: ¿Por qué vive en Madrid estando usted muy compenetrado con la cultura vasca?
P.A.: Madrid es una ciudad desprejuiciada, sin animosidad con nadie. Es una ciudad, como imagino a Buenos Aires, de aluvión; o sea que hay gente de todas partes. Y nadie te pregunta de dónde vienes ni qué color de piel tienes. Me siento muy cómodo allí.
P.: ¿Cómo serán estos conciertos suyos en Argentina?
P.A.: En este caso, vine para actuar solo con mi guitarra, un formato que quizá tenga menos matices pero que permite mayor intimidad con el público. Y en cuanto al repertorio, haré algunas canciones mías de distintas épocas, unas cuantas de "Porvenir" que es mi último disco editado, y otras de "4 días de mayo", un álbum doble que grabamos en vivo en Portugal y que se publicará muy pronto.
| Entrevista de Ricardo Salton |


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