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La construcción también sufre el cepo y se paraliza
Según Fernando Lago, director ejecutivo de la Cámara Argentina de la Construcción, los números respaldan esta «sensación»: «En lo que va del año se pidió un 43% menos de permisos de construcción para iniciar obras nuevas en relación con el año pasado. Tampoco el número de escrituras acompaña: hubo un 16% menos de operaciones que en 2011».
En relación con los puestos de trabajo que se pierden, Lagos asegura que no cuentan con estadísticas actualizadas, pero recuerda que «en Rosario, el sindicato -a través de su obra social- detectó 6.000 despidos sobre una plantilla de 22.000. ¿Si es correcta la estimación de 60.000 despidos en todo el país? Y, no me parece descabellada la cifra...».
En el mejor de los casos se está frente a un año sabático en materia de nuevas obras; en el peor, a principios de una crisis de alcances imprevisibles. Esta afirmación la repiten casi como un mantra constructores e inversores por igual.
Coincidencias
«Yo tengo contacto con muchos constructores y desarrolladores, y todos coinciden en desensillar hasta que aclare», afirma José Aspiroz, CEO de Inmobiliaria Bullrich. «Medidas como las restricciones a la compra de dólares provocan la parálisis de mucha gente al momento de comprar un inmueble, y eso lleva a la parálisis general. Hoy sólo se terminan las obras iniciadas, pero nadie arranca con una nueva».
La afirmación del empresario cuenta tanto para quienes ya tenían terrenos adquiridos para comenzar otros emprendimientos como para quienes estaban en el mercado para comprar terrenos. Los inversores que aportaban fondos para levantar edificios y locales a través de fideicomisos, también están en actitud de «wait and see» hasta que se aclare el panorama tanto en el aspecto cambiario como en las restricciones oficiales para la compraventa de moneda extranjera.
Las cuotas de los fideicomisos están expresadas en pesos y actualizadas por el índice de la Cámara Argentina de la Construcción; sin embargo, nadie lanza nuevos fideicomisos porque no hay obras que financiar.
«Los contratos de construcción siempre estuvieron expresados en pesos; los terrenos sí se venden en dólares; esperemos que este parate sea coyuntural y la actividad se recupere pronto», se esperanza Lagos cuando se le pregunta por la «pesificación» del mercado inmobiliario a la que aspira el Gobierno.
Quienes disponen de unidades terminadas o a medio terminar cuentan que no las venden porque no hay dólares, los compradores potenciales ofrecen pesos y los bancos no les entregan dólares por pesos aún cuando la AFIP se los hubiera autorizado.
Contradicción
Un desarrollador concreta una venta en pesos, va a la autoridad fiscal a pedir autorización para convertirlos en dólares, la AFIP les da el OK, van al banco con el que suelen operar y se encuentran con que la entidad financiera les deniega la operación por orden del Banco Central; la autoridad monetaria no explica el porqué de la denegatoria. La operación se cae o «va para atrás», como se dice en la jerga del mercado.
Llamativamente, y pese al momento ya recesivo en este campo, el valor de los terrenos se mantiene sin cambios: los dueños de parcelas -en cualquier zona de Capital Federal, el mayor mercado del país- se «sientan» encima de sus inmuebles a esperar que se modifiquen las actuales condiciones, convencidos de que vender hoy es inconveniente.
Hasta hace poco tiempo, a los constructores les servía vender sus unidades en pesos porque con eso pagaban salarios, materiales de construcción, impuestos, etc. Hoy, con la rueda parada, esos pesos que no pueden ser cambiados por dólares, van a una caja o a un plazo fijo con el justificado temor de que cuando la rueda vuelva a rodar, valgan mucho menos en términos de capacidad de compra. Y ni hablar si el constructor decide acudir al mercado paralelo para comprar dólares.
«Los vaivenes del dólar no es algo que sigamos, pero es cierto que eso afecta la decisión de compra de los usuarios finales», admite Lago. «La gente está desconcertada; no se sabe qué dólar tomar al momento de concretar una venta y eso paraliza las operaciones», agrega Azpiroz.


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