- ámbito
- Edición Impresa
La crónica roja que nació en los lagos de Palermo
Las huellas dactilares fueron la clave del caso. La mujer se llamaba Virginia Donatelli, tenía 23 años y había trabajado como telefonista. Los policías de Homicidios de la Federal llegaron a la casa del padre, un tal Doménico Donatelli, quien dijo que la había echado de su casa porque "llevaba una mala vida". Mientras que una hermana contó que ella criaba un nene que la víctima le había dejado. Demasiada poca información como para esclarecer un asesinato.
Pero un viejo sabueso de la Federal, al repasar las evidencias, se dio cuenta de que el torso que había sido encontrado en los lagos de Palermo estaba envuelto en una bolsa de arpillera impregnada con granos de maíz. Así se vendían por entonces estos productos en forrajerías y barracas de la vieja Buenos Aires. Los policías empezaron a recorrer este tipo de comercios. Buscaban y buscaban sin saber qué era lo que tenían que hallar. Lo cierto es que llegaron a un almacén de venta de granos de la calle Cabrera, cerca de donde hoy está Canal 9. Esta zona, hoy conocida como Palermo Hollywood, era por entonces una sucesión de barracas, bodegas de vinos y forrajerías.
El dueño de ese almacén se llamaba Genaro Pipo, quien fue interrogado varias veces por un primer comportamiento errático y terminó recordando algo que le había llamado la atención. En los días del hallazgo del cadáver en Palermo, o poco antes, había llegado un hombre elegante a su negocio y le había dicho que se le había roto el auto, que necesitaba un alambre y unas bolsas de arpillera para no ensuciarse. No recordaba mucho a esa persona, aunque sí tenía presente el auto, un Rugby modelo 29, cero kilómetro, que no parecía tener falla alguna.
En Buenos Aires, por esos años, no había muchos autos nuevos. Por eso comenzaron la búsqueda hasta que dieron con un ingeniero, de apellido Balbín, que le contó a la Policía que su coche era conducido por su chofer, Julio Bonini, de 35 años, que hacía unos días faltaba al trabajo.
Los investigadores fueron a su casa de la calle Paraguay, en la que estaban su hermano y su cuñada, quien contó todo: Julio tenía una novia, María Luisa Moneta, con quien estaba por casarse. Pero había conocido a Virginia y se había ido a vivir con ella. Habían sido amantes. Se peleaban mucho, puesto que Virginia quería que siguiera con él, aunque María Luisa lo presionaba para que finalmente se casaran. El crimen ocurrió tras una pelea, en una pensión de la calle Sánchez de Bustamante: lo hizo a martillazos. Cuando fue detenido, Bonini se ocultaba en la casa de María Luisa, en Belgrano. Las crónicas de aquellos años cuentan que, tras ser condenado, Julio finalmente se casó con María Luisa.


Dejá tu comentario