Periodista: ¿Cuál es el planteo y la estructura de estas piezas?
Juan Onofri Barbato: Se trata de mi experiencia en este teatro como alumno, ya que estuve en el Taller de Danza Contemporánea, mi experiencia como coreógrafo en estos últimos años me generó una forma de mirar la actividad de danza en Buenos Aires, y el trabajo es un intento de trabajar sobre algunos elementos, específicamente uno muy icónico que pertenece al ballet pero que está presente en la mayoría de las danzas: la pirueta. No me interesa hablar de eso en sí mismo, sino tomarlo como una alegoría. Al trabajar con ese elemento empezó a haber una serie de reacciones en los cuerpos que intenté ver si constituían otro tipo de estado. Qué viene después de que el cuerpo gira, se satura y se obsesiona con ese elemento, qué le sucede físicamente, cómo se altera o se deja de alterar.
Anabella Tuliano: "Ínfima constante" es un paseo a través de las sensaciones: de plenitud, de violencia solapada, tal como yo entiendo la peor de las violencias, la energía de un grupo y una búsqueda del sentido de todo. El disparador, como en otros casos, fue la forma de tomar la vida, de entender el camino. Hay un instante del día en que somos conscientes de nuestra pequeñez respecto del mundo, y ahí nos damos cuenta de que el momento más importante es el ahora, que no retorna. Eso empezó a unir algunas cosas.
Analía González: "Después del sol" parte de la búsqueda de un espacio o un momento común a todos, al que nadie pudiera ser ajeno. Y así me encontré con el sol, con el atardecer, e investigando descubrí qué significa para diferentes culturas y a través del tiempo. Fue un proceso interesante porque hay mucha mística detrás del sol. Los tibetanos creen que en cada atardecer muere y nace una persona y que esa vida que se va tiene un pasaje de toda su historia, entre los mayas las mujeres intentaban parir al atardecer porque pensaban que en ese momento la energía era especial y que sus hijos iban a ser más luminosos y más fuertes, y así muchísimos elementos. Era un desafío trabajar con gente a la que no conocía como artistas ni como personas. Y naturalmente fueron sucediendo historias. Para mí el atardecer invita a una reflexión, es un momento para uno, y eso fue sucediendo con los bailarines: a medida que trabajábamos me iba encontrando más con la persona que con el bailarín, me encontré con llantos, con crisis y me pareció algo muy noble. Es el lugar desde donde me gusta crear.
P.: ¿Cómo fue en cada caso el trabajo con la música?
A.G.: Lo mío fue buscar en música preexistente. Fue un proceso difícil, estuve más de un mes buscando varias horas por día. Sentí que no tenía el tiempo que necesitaba para una música específicamente hecha, pero quedé conforme con la música, que es de Ludovico Einaudi y de Khaled Mouzanar, un compositor libanés.
A.T.: Yo trabajé con música creada para la obra por Leandro Gatti, y fue un proceso difícil porque aún no tenía disponibles a los bailarines así que trabajamos con lo que yo tenía en mi cabeza, mis sensaciones. Fueron apareciendo cosas interesantes, después se fueron modificando cosas en el proceso de creación de la coreografía.
J.O.B: Yo trabajé con Nicolás Varchausky, con el que no había trabajado nunca, y fue una "pegada" absoluta. Él es un músico muy capaz, tiene mucha experiencia, compone de una forma muy particular. Nunca había hecho música para danza, sí para teatro y artes plásticas. También estoy trabajando con él para la nueva obra de mi compañía, Kilómetro 29. La obra se apoya mucho en la música porque no hay escenografía ni video y el vestuario es muy austero.
P.: ¿Pudieron ver el trabajo de los otros?
J.O.B.: Yo prefiero no ver hasta no estrenar porque estoy muy concentrado en lo mío y si veo no tengo qué devolver a mis compañeros, me ha pasado otras veces.
A.G.: Yo sí pude ver, y me dio mucha alegría ver tres obras, tres lenguajes y tres intenciones completamente diferentes, porque eso habla de la diversidad de una misma generación de creadores y porque eso puso a los bailarines en un desafío, hacer cosas muy opuestas.
A.T.: Yo pude ver fragmentos, sobre todo de la obra de Juan. Me parece muy interesante lo que hizo. En ambos casos conozco su trabajo en sus compañías independientes. Y los admiro mucho, por eso me parece genial que hayamos coincidido aquí, que haya una oportunidad y que se pueda ver acá nuestro trabajo, que sea una vidriera.
P.: ¿Qué significa para ustedes trabajar con esta compañía en este momento?
J.O.B.: Es obviamente un orgullo presentar algo en la Martín Coronado para un coreógrafo de mi edad, pero pasado ese orgullo y esa satisfacción se me viene encima la situación del Teatro: una situación de abandono, discusión interna, problemas de funcionamiento, falta de cariño por este edificio. Hay una serie de maltratos que ya están instaurados como correctos, por ejemplo estrenar sin haber firmado el contrato. Sigo emocionándome por estar acá, pero no puedo dejar de percibir las otras cosas.
A.G.: Es un desafío, todo se dio de una manera amena aunque rescato lo que dice Juan sobre la situación del Teatro y cómo eso no influye en los trabajadores.
| Entrevista de Margarita Pollini |


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