15 de junio 2009 - 00:00

“La danza se liberó de la tecnología”

Mauricio Wainrot: «Los coreógrafos y bailarines muchas veces se perdían en la sumisión a la tecnología de los 90. Yo observo ahora una vuelta al movimiento en sí mismo».
Mauricio Wainrot: «Los coreógrafos y bailarines muchas veces se perdían en la sumisión a la tecnología de los 90. Yo observo ahora una vuelta al movimiento en sí mismo».
Algo tardíamente el Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín comenzará su temporada anual con la propuesta de tres nuevas obras. Una de ellas «Desde lejos» es una creación de Mauricio Wainrot ya presentada en con otros conjuntos internacionales y por el Ballet Argentino de Julio Bocca hace unos años. Las otras dos corresponden a trabajos de Edgardo Mercado y Gustavo Lesgart, ambas en carácter de estreno. Sobre todas estas cuestiones y sobre la situación de la danza a nivel internacional, dialogamos con Wainrot en un alto de su tarea.

Periodista: ¿Por qué tan tarde el comienzo de temporada?

Mauricio Wainrot: Hubo varios factores que retrasaron el comienzo. El más importante es el de la sala Martín Coronado que estuvo en arreglos y se entregó un mes y medio más tarde. Luego siempre, lamentablemente, el ballet tiene que estar esperando que el teatro estrene las obras que tienen prioridad. «Marat-Sade» es una producción grande e importante que demoró este comienzo del ballet. A esto hay que agregar algunos problemas presupuestarios que atrasaron las partidas de dinero y todo esto hizo que estrenáramos casi un mes y medio más tarde de lo planeado. Pero al mismo tiempo ya tengo casi armado el segundo programa del Ballet Contemporáneo de esta temporada. El año, entonces, va a continuar de manera regular.

P.: ¿En este programa hay algún tipo de conexión entre las tres obras que se ofrecerán?

M.W.: No. Cada uno trabajó independientemente y no hay algún tipo de relación entre una obra y la otra. Además cuándo uno hace o encarga obras nuevas corre un albur que vale la pena intentar. La obra de Mercado y la de Lesgart no tienen ningún tipo de conexión y responden a necesidades expresivas distintas. Es un programa que funciona muy bien, ambas están bien armadas desde el punto de vista musical y también desde el estilo de trabajo de cada uno. Me parece que en este caso lo interesante es que se vean así. A veces es muy difícil pensar en una unidad. Por ejemplo: el último programa del año, en el que vamos a hacer obras de músicos rusos prohibidos durante el stalinismo. Allí hay una conexión de músicos pero no de diseños coreográficos. Invité a Oscar Araiz que creo que va a trabajar sobre Schnittke y yo, sobre Shostakovich y estamos viendo con quién vamos a completar la tríada. La conexión es la musical y el saber que estos grandes compositores pasaron por esas terribles vicisitudes que en algún momento vivimos en la Argentina con autores argentinos, o pasó en la Alemania de Hitler o pasó en los Estados Unidos con el macartismo. Es decir, las prohibiciones en general.

P.: Entonces, cada coreógrafo expondrá su estilo particular...

M.W.: Lo que me interesa es que tanto Mercado como Lesgart son dos coreógrafos de una generación intermedia, cada uno de ellos está transitando los 40 años y no se puede hablar de coreógrafos jóvenes o novatos...ya tienen una trayectoria. Gustavo Lesgart tiene un trabajo intenso hecho en España y Edgardo Mercado cuenta con antecedentes en la investigación tecnológica, que no es el caso de esta obra. Le pedí una donde no hubiera tecnología porque el teatro no se la puede proporcionar. La mía es una obra con música de Vim Mertens, un compositor belga, que escribió música para las películas de Peter Greeneway («El vientre del arquitecto»), tiene algo del estilo de la música minimalista de Philip Glass, aunque más variada o más jugada podría decirse. La obra se titula «Desde lejos». La estrené con Bat Dor Dance Company, de Israel y la versión que veremos ahora responde a la que hice con el Ballet Royal de Wallonie, de Bélgica. Después se la mostré a Julio Bocca que la incorporó al Ballet Argentino, y que la tuvo en repertorio por muchos años. Es una obra que quiero capitalizar para el repertorio del Ballet Contemporáneo. Es la primera vez que se hace con él en el Teatro San Martín y aquí también hay cambios, hay otra pareja con respecto al staff original y cambio de vestuario. Este es el último que diseñó Carlos Gallardo, es decir que la obra tiene un significado muy fuerte, muy emotivo para mí [Gallardo falleció en un accidente automovilísico en el que manejaba Wainrot].

P.: Hábleme del estilo de las otras obras que conforman el programa.

M.W.: La obra de Lesgart maneja un vocabulario muy interesante. Es una propuesta muy intimista. Son cuatro parejas y hay una relación de amor y desamor, de encuentros y desencuentros con un solo final. Posee teatralidad y una atractiva escenografía. En cuanto a la de Edgardo Mercado, representa un círculo y habla de cómo el hombre no puede escapar de su tiempo, de su destino. Hay un grupo corriendo en forma permanente y lo interesante es como lo ha manejado y ha sido tan contundente en respetar ese segmento de espacio que es tan difícil para trabajar.

P.: ¿Por dónde pasa la danza contemporánea actual?

M.W.: Luego de haber estado muy atada a la tecnología en los años 90, siento que pasa ahora por un retornar a las técnicas corporales. Los coreógrafos y los bailarines muchas veces se perdían en esa sumisión a la tecnología. Pero yo observo ahora una vuelta al movimiento en sí mismo. La danza como danza y no superpuesta a otras tecnologías, que a mí, por lo menos como director de esta compañía, nunca me interesó. Yo amo las calidades del movimiento, la musicalidad y siempre traté de elegir coreógrafos que se ocuparan de eso que a mí me interesa desarrollar en la compañía y en los bailarines. De hecho nuestros bailarines son tan eclécticos que pueden pasar de un estilo a otro siempre por la cantidad de artistas de la danza que han aportado lo suyo para que esto se cumpla. En cuanto a los grupos independientes siento que hay una búsqueda muy ligada al teatro más que a la danza en si misma. Tiene que ver con el tipo de bailarines. No tienen el training que tenemos en el teatro con el Ballet Contemporáneo, y como consecuencia hay una relación con la teatralidad muy fuerte y se olvidan de las coreografías. Estas pasan por otros lados. Para mí la prioridad es el movimiento y de ahí parte la teatralidad y no al revés. Tengo que fijarme muy bien a quién invito a participar.

P.: ¿Va trabajar este año con el Ballet del Teatro Colón?

M.W: Sí. Voy a hacer «La Sinfonía de los Salmos», de Igor Stravinsky y tengo esperanzas de que todo salga bien. Estuve en una clase y quedé impresionado con esa gente tan talentosa y lamento enormemente que sólo hagan unas diez o doce funciones al año, ya que ninguna compañía en el mundo sobrevive con diez funciones al año. Me pregunto, ¿cómo sostener la mística de un trabajo de tantos integrantes con tan pocas funciones? Hay que empezar todo de nuevo en el Colón para solucionar un conflicto que viene de años.

P.: Después de su accidente de este año, piensa que esto es comenzar de nuevo?

M.W.: Estoy tratando de recuperarme anímicamente. El trabajo me hace muy bien. A los dos meses, con un bastón, me fue a trabajar a Riga y estrené un trabajo que fue fantástico. Ahí me di cuenta de que mi vida pasa por mi trabajo y por el devenir. Carlos Gallardo está conmigo y va a seguir estando conmigo. Tengo que empezar a hacer una obra nueva para fin de año y deberé encontrar otro socio artístico para volver a hacer lo que hacíamos con Carlos como equipo de trabajo.

Entrevista de Eduardo Giorello

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