24 de mayo 2011 - 00:00

La edición 2011 de arteBA cerró con buenas ventas

El móvil transparente de Le Parc por el que un comprador pagó 300.000 dólares
El móvil transparente de Le Parc por el que un comprador pagó 300.000 dólares
La Feria arteBA cerró ayer su edición número 20 con un balance positivo: ha dado un paso adelante para consolidar el sistema del arte contemporáneo. Una vez superados sus estándares de calidad, se respiraba en la Feria el perfume de los mercados internacionales y se concretaron algunas ventas comparables a las de los años de prosperidad.

Para comenzar, una de las obras más bellas, un móvil transparente de Le Parc, un rombo conformado por exactamente 1561 delgadísimos y brillantes cristales, atrapó con su poder de seducción y su encanto no sólo las miradas de los espectadores sino, además, de un comprador que pagó alrededor de 300.000 dólares por él.

En este mismo rango de atracción visual, acaparando todas las miradas, estaban las impactantes proyecciones de colores flúo de la cada día más exitosa Marta Minujín.

Lo cierto es que si se observa restrospectivamente, el crecimiento de muchos artistas en estos 20 años de Feria se torna perceptible, y va desde la gloria (como en el caso tan evidente de Minujín o León Ferrari) hasta la calidad (buenos ejemplos son las obras de Vicente Grondona, Mariela Scaffati, Erica Bohm o Carlos Huffmann) pasando por las cotizaciones que varios han triplicado.

El mercado del artista Roberto Jacoby era, hasta hoy, prácticamente inexistente. Pero sobre los muros del Museo Reina Sofía de Madrid, un inmenso cartel ostentaba hasta hace unos días, el nombre del artista junto a una de sus obras: el afiche que reproduce la célebre foto del «Che» tomada por Korda, donde se lee el lapidario mensaje que le inscribió Jacoby: «Un guerrillero no muere para que se lo cuelgue en la pared». Se trata del primer «anti-afiche», de una obra de 1969 que se adelantó al porvenir mediatizado y comercial que le esperaba al guerrillero. En la muestra del Reina Sofía los espectadores podían llevarse estos carteles, pero en la Feria porteña, la galería paulista Baró vendió a un coleccionista privado la serie de 28 afiches originales por una suma que ronda los 100.000 dólares.

Por lo demás, si varios de nuestros artistas consagrados ganaron una merecida gloria y lo demuestran con sus obras, como Marcos López, Nicola Costantino o Gabriel Valansi, son muchos los que no se quedaron atrás, como Miguel Rostchild, Marcia Schvartz, Andrés Paredes, Fabián Burgos, Federico Lanzi, Fabiana Ímola, Cynthia Kampelmacher, Lucio Dorr, Daniel Joglar, Manuel Esnoz, Martín Legón, Mónica Millán, Viviana Blanco, Magdalena Jitrik, Diego Vergara, Mariana Sissia, Jorge Miño, entre muchos otros.

También han crecido los galeristas, y daba gusto recorrer los stands de Sapo y Chez Vautier que en la última edición dejaron el Barrio Joven y escalaron al merecido status de galería. Entretanto, poco antes de inaugurarse la Feria se instaló en Buenos Aires la galería con sedes en Nueva York y Caracas, Faría+Fabrega y reabrió sus puertas la de Luisa Pedrouzo.

No obstante, el dato más remarcable para el coleccionismo local, fue que tuvo a su alcance las tendencias del panorama mundial. El proyecto U-TURN (con el apoyo de Mercedes Benz) trajo los aires renovadores de la escena internacional con 18 artistas de Alemania, Argentina, Brasil, México y Colombia, que exhibieron sus marcados rasgos conceptuales y minimalistas. La curadora del espacio, Abaseh Mirvali, habló de las cuestiones estilísticas pero con su gran profesionalismo y su nutrido currículum destacó una rareza, una virtud que rara vez se menciona, cuando observó: «Lo más importante es que todos los artistas que están en U-TURN son buenas personas». Y lo afirmó sin más, como si de repente cobraran fuerza otros valores y la estética reanudara su relación con la ética.

Con este marco moral, que si bien está olvidado, es tema de reflexión, al menos para los seguidores de Adorno o de Foucault, el arte adquiere otra dimensión. Como observó en su momento, con lucidez, Luis Fernando Benedit, artista que murió este año y fue homenajeado en la Feria: «El arte ya no tiene reglas, pero hay un último valor que todavía se le puede reclamar, y es que sea verdadero». De este modo, Benedit apelaba a la sinceridad y honestidad de los creadores. Según el punto de vista desde el cual se mire, los diseños luminosos de Karina Peisajovich, las abstracciones de Josefina Robirosa o los planos de colores de Gachi Hasper, podrían aspirar a enaltecer este mundo, más que a decorar un living. Como contrapartida, una de las obras que suscitaron el interés de los expertos fueron los billetes calados, troquelados, apilados, analizados en suma desde su faz ornamental hasta la conceptual, del carioca Rodrigo Torres.

El Barrio Joven Chandon aportó la frescura del arte emergente. En el espacio paulista Emma Thomas se divisaba el mural de Flavio Samelo y unas zapatillas como de tenis de cerámica de Laerte Ramos, y en el stand de Mite figuraban las fotos de Nicolas Mastracchio y la obra de Ariel Mora y Julián Terán.

Finalmente, en una Feria que se destacó por su diversidad estilística y la belleza de muchas obras, como estrategia política, arteBA logró incrementar las compras institucionales, para asegurar las primeras ventas. Así, a los aportes ya tradicionales de Chandon y Zurich, que donan obras a los museos, se sumaron varias empresas, algunas empeñadas en incrementar estas donaciones y otras en iniciar sus propias colecciones.

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