4 de noviembre 2013 - 00:00

La escultura, con la belleza y sugestión de hace un siglo

Mateo Rufino Alonso, “Indio moribundo”, obra que data de alrededor de 1902.
Mateo Rufino Alonso, “Indio moribundo”, obra que data de alrededor de 1902.
Varios factores convergen para que "Memoria de la Escultura 1895-1914" pueda ser considerada como una exposición insoslayable de nuestra temporada artística 2013. Se trata de una producción integral del Museo Nacional de Bellas Artes con la curaduría de María Florencia Galesio, un esmerado trabajo de investigación y conservación a cargo de los equipos de museografía y técnicos de la institución, el diseño de Valeria Keller y Mariana Rodríguez. Debe destacarse el equipo de restauración que puso en valor muchas piezas escultóricas, algunas de las cuales no se exhibían desde hace 100 años.

La exposición presenta un amplio panorama de los comienzos de la colección de esculturas desde la fundación del MNBA en 1895 hasta el IV Salón de Artes Plásticas de 1914 y traza el camino de un grupo de escultores argentinos y extranjeros del siglo XIX y principios del XX.

Estas adquisiciones estaban vinculadas a la política iniciada por Eduardo Schiaffino, su fundador, quien al finalizar su gestión "dejó un museo metropolitano, versión en espejo de las grandes galerías europeas o los museos norteamericanos. Una institución que daba cuenta de la civilización a través de los maestros antiguos, un gabinete de dibujos, un conjunto que mostraba la evolución del are nacional desde la época de la Independencia hasta las escuelas de 1902 con Malharro y 1908 con Quirós entre otras pinturas españolas, mejicanas, el anexo con los calcos de esculturas , una gran diversidad de objetos que atravesaban un considerable conjunto de obras "modernas" con predominio de lo francés, lo español y lo italiano", según lo consigna Marcelo Pacheco en su libro "Coleccionismo Artístico en Buenos Aires del Virreinato al Centenario" (pág. 235).

Es importante leer el texto de Florencia Galesio en el excelente librocatálogo que acompaña la muestra acerca de los inicios de la colección de esculturas, ya que al inaugurarse en la sede del Bon Marché, sólo contaba con tres tallas jesuíticas, "Bacante" de Arturo Dresco y el relieve en bronce del poeta Olegario Andrade de Lucio Correa Morales. La activa política para obtener donaciones, realizar adquisiciones en la Argentina y en el exterior, le permitieron a Schiaffino organizar, según las pautas de la época, un reservorio de calcos de piezas relevantes de la historia del arte con el fin de ser utilizadas por los estudiantes de Bellas Artes.

Otro importante logro de Schiaffino fue el contacto en París con Auguste Rodin a quien le compró "La Tierra y la Luna". A su vez, Rodin regaló un vaciado en yeso de "El Beso". Es necesario también revisar el pasado de las instituciones artísticas, su desarrollo, las exhibiciones internacionales como la Exposición Universal de Saint Louis (EE.UU., 1904) a la que fueron enviados artistas y obras que fueron premiadas, como "Pecadoras" de Rogelio Yrurtia, "Abel" de Correa Morales, "La Pena" de Arturo Dresco.

El recorrido tiene varios núcleos: "Los Inicios de la Colección", "Exposiciones y Salones", "Calcos y la enseñanza de las Bellas Artes", "Camino a la modernidad" con colaboraciones de especialistas, Adriana van Deurs, Marcelo Renard, Hugo Pontoriero, Paola Melgarejo y Patricia Corsani. El montaje de la exhibición incluye 46 obras además de otras 54 reproducidas en el catálogo propone el lugar del proceso creativo, el taller del artista en comunión con el material. Más allá de la documentación exhibida que le permite al visitante conocer los pormenores de adquisiciones, premios, los avatares de la fundación del museo y el desarrollo de esta disciplina en nuestro país, hay piezas ante las que debe detenerse.

Entre ellas, el calco que Schiaffino compró en el Atelier del Louvre , un anónimo en terracota "Juana D ´Armagnac", "La Piedad", anónimo, según obra de Miguel Angel en la Basílica de San Pedro, "La Abandonada" de Bastet, "Indio Moribundo" y "El Borracho", ambas en terracota de Mateo Alonso (Buenos Aires, 1878-1955), autor del Cristo Redentor de los Andes, erigida en 1904 en el límite argentinochileno de la cordillera.

Entre otras obras "Figura de mujer sentada" de Alfred Boucher ( Francia, 1850-1934) donada por Antonio Santamarina, "La confesión de Antígona" realizada en cera por Alberto Lagos, Premio Adquisición del IV Salón Nacional. "La Clarina" que perteneció a la famosa Colección Guerrico, un bellísimo mármol de Antonio Tantardini, así como obras de Zonza Briano, Víctor De Pol, Francisco Cafferata, Emile Antoine Bourdelle, Jules Lagae, Medardo Rosso y Gustav Doré.

La colección de esculturas del museo supera 685 piezas de las cuales 135 se exhiben en forma permanente. Es por esto, por el esfuerzo que requirió su elaborado montaje y por el exhaustivo trabajo de investigación realizado que puede hacerse una objeción: la muestra se inauguró el 16 de octubre y clausura el 24 de noviembre. Debería tener una duración de por lo menos dos meses completos.

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