15 de julio 2015 - 00:00

La Europa de Merkel cruje, pero impone su visión

La Europa de Merkel cruje y chirría, pero no se rompe. Mucho menos se reestructura. La rebeldía de Alexis Tsipras -y el voto por el "no" de los griegos- ya estaba amansada antes de que empezara la maratón de 31 horas de negociaciones sábado y domingo. En ese espectáculo -a ratos dantesco- Alemania llevó en todo momento la voz cantante. Y es difícil pensar -más allá de las intercesiones amigables de François Hollande, de Mateo Renzi y hasta de Mario Draghi- que no se haya cumplido el plan que urdió Berlín. Hay que entender que una unión monetaria que no es unión política tiene un futuro vidrioso. Y la canciller Merkel, que, para bien o para mal, se abocó siempre a suplir esa falencia, impuso una vez más su voluntad. Al asentarse la polvareda de la discusión, recién el lunes a primerísima hora, la eurozona ya había formado opinión unánime. Se sabe, no los une el amor sino el espanto.

Habrá tercer rescate para Grecia si el Parlamento de Atenas aprueba hoy un programa que exige reformas diversas, dar marcha atrás con medidas de Gobierno y una austeridad creciente. Mientras lo cumpla Grecia se queda en el euro. Después de todo, nunca quiso irse (y el euro es irreversible, según la letra fría del Tratado de Lisboa). Pero, con visión de futuro, Alemania (en rigor, el ministro Schauble) ofreció una variante novedosa -el Grexit temporario- que, por supuesto, se omitió en el documento final. Pero está el mundo avisado: un régimen de salida transitoria espera ante el primer desvío de envergadura.

La deuda griega se preserva intacta. Sostenible o no, no habrá quita. Como ya se consignó en el acuerdo de 2012, habrá alivio para la deuda si resulta necesario. Sin embargo, la eurozona juzga que no es el momento (contra la opinión del FMI). A falta de quita se habilita más asistencia. Si se contabilizan los montos ya comprometidos en los dos primeros planes de rescate -210 mil millones de euros- la ampliación de recursos suma otros 50 mil millones (si se considera lo desembolsado, el margen disponible se engrosa en 90 mil millones). Grandes números, sí, pero con mucho de reciclaje financiero y escaso derrame sobre la demanda final.

A cambio de más dinero, Alemania impuso un programa de ajuste más riguroso. Ése es el trade off que aceptan sus votantes (y los díscolos fineses). Los primeros sondeos locales de opinión pública postacuerdo señalan una aprobación del 55% a la manera en que Merkel condujo la crisis. Y así se podrá pasar el arreglo por el Parlamento alemán. Si el rigor, amén de popular entre los nórdicos, fuera eficaz, no debería haber objeciones. La tragedia es que Grecia recortó gasto brutalmente pero se hundió más profundo aún. Y lo que en el mundo se evitó -la caída en una Gran Depresión- allí es una realidad. Para peor, sobre llovido, vino Syriza y la inestabilidad política, y la incipiente recuperación abortó. Cerrar los bancos, paralizar el país y arruinar la cadena de pagos impondrá otra factura gravosa, innecesaria, y al contado. En cambio, las ganancias por las reformas -si se producen- tardarán en arribar. En el corto plazo, a Grecia le espera más retracción (y eso pensando que recibirá los recursos prometidos que le permitan salir del default y reabrir los bancos sin grandes demoras, pero manteniendo los controles de capitales). Siendo así, nuevas elecciones despuntarán en un horizonte de no más de dos o tres meses. Quizás entonces un Gobierno oxigenado -con mejores credenciales- pueda encender una bujía de entusiasmo.

No puede decirse que la Europa de Merkel nunca cambie. Ya va por el tercer rescate a Grecia cuando en 2010 rechazaba la idea de ensayar el primero. El BCE de Draghi le ha dado flexibilidad monetaria: tasas negativas, QE soberano y la promesa de hacer lo que sea necesario para evitar que el euro se rompa. Pero a Merkel hay que convencerla, como hizo el italiano, y no tratar de doblarle el brazo, como intentó Tsipras. La suerte de Grecia -atada como Sísifo a la repetición infructuosa de una tarea imposible- demanda un cambio de estrategia cuanto antes.

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