28 de noviembre 2017 - 22:06

La fuerza del arte de México en el Malba

• LO MODERNO, LA VANGUARDIA Y LA REVOLUCIÓN EN UNA MEGAEXPOSICIÓN
Hasta febrero de 2018 permanecerá abierta esta muestra en la que se verán joyas de Frida Kahlo, Diego Rivera y Miguel Covarrubias, entre otros.

Emblema. “Frida y el espejo (Fulang Chang y yo)” fue prestado por el Moma de Nueva York para la muestra “México moderno. Vanguardia y revolución”, que se realiza en el Malba hasta febrero.
Emblema. “Frida y el espejo (Fulang Chang y yo)” fue prestado por el Moma de Nueva York para la muestra “México moderno. Vanguardia y revolución”, que se realiza en el Malba hasta febrero.
Ana Martínez Quijano

ámbito financiero





Hasta febrero se exhibirá en el Malba la exposición "México moderno. Vanguardia y revolución", con más de 170 obras cumbre de 60 artistas que llegaron del MUNAL, Museo Nacional de Arte de México, de algunas colecciones particulares y del Moma neoyorquino, que prestó su célebre "Frida y el espejo (Fulang Chang y yo)". La muestra, curada por Victoria Giraudo, a cargo del Malba, fue planeada durante dos años con el apoyo del mexicano Agustín Arteaga, primer director del Museo fundado en 2001, y llegó con las curadoras del MUNAL, Sharon Jazzan y Ariadna Patiño Guadarrama.

Las joyas del arte mexicano pertenecientes la colección del Malba, las pinturas de Frida Kahlo, Diego Rivera, Miguel Covarrubias, Agustín Lazo y un importante dibujo de David Alfaro Siqueiros, entre otros, encajan a la perfección en el conjunto de obras de la primera mitad del siglo XX del MUNAL. El Malba encontró una hermandad que le brinda sentido a su propia colección. Mientras dure este encuentro, el museo porteño, dueño de piezas fundamentales, puede narrar la historia casi completa del período más elocuente e intenso del arte latinoamericano.

La magnitud de la exposición permite percibir grandes afinidades y también diferencias entre el arte mexicano, el de nuestro país y el del resto de América latina. Para comenzar, la portada del formidable catálogo está ilustrada con una calavera de José Guadalupe Posada (1852-1913), el grabador y cronista cuya prolífica obra contribuyó como ninguna a la evolución de un arte específicamente popular y mexicano.

En la muestra figura un paisaje del pintor Gerardo Murillo. Conocido por su seudónimo, Dr. Atl, fue director de la Academia San Carlos, donde presentó la obra de Posadas, tan contraria a la ideología europeizante como al realismo académico. Atl, fue el precursor teórico del muralismo, promovió entre sus alumnos un arte nacional de formato monumental y de libre acceso al público, para acompañar la lucha revolucionaria y realizado sobre la base del trabajo grupal.

José Vasconcelos, uno de los principales intelectuales de Latinoamérica, no estaba del todo comprometido con la revolución política y, radicado en la Argentina, tuvo una fenomenal disputa con Siqueiros. No obstante, Vasconcelos ofreció los muros a los artistas cuando fue secretario de Educación Pública del General Obregón. Su programa Giraudo investigó la relación con Sarmiento- erradicó el ancestral analfabetismo del pueblo mexicano, consolidó los valores nacionalistas, y fomentó una política cultural creativa que colocó a México en un lugar privilegiado dentro de la cultura del siglo XX.

Los artistas e intelectuales de México, la Argentina y otros países de Latinoamérica comparten el espíritu cosmopolita y el afán de buscar en Europa el conocimiento para luego procesarlo, volverlo propio, y reelaborarlo de acuerdo con los valores de su tierra. La exposición ilumina ópticamente ésta coincidencia. Allí está el cubismo de Rivera; el surrealismo de Kahlo, Leonora Carrington, María Izquierdo, Remedios Varo, figuras que deslumbraron a André Breton cuando descubrió México, y está, además, la lejana evocación de Siqueiros al futurismo de Duchamp en el "Retrato de María Asúnsolo bajando la escalera".

"¿Cuál es la tradición argentina?", se preguntaba Borges. Él mismo se respondía que "nuestra tradición es toda la cultura occidental" y defendía el derecho a sentir propia esta tradición. El mexicano Alfonso Reyes, embajador de México en la Argentina, compartía estas ideas con el dominicano Pedro Henríquez Ureña, mientras la Antropofagia brasileña muestra la misma libertad de apropiación.

El capítulo dedicado al muralismo arribó con obras transportables y hay una de gran formato, el "Río Juchitán" de Rivera, artista que sorprende con su perfecta fluidez y la belleza de su "Vendedora de alcatraces". La escalofriante "Cabeza flechada" de José Clemente Orozco y, entre otras poderosas pinturas, el trágico "Accidente en la mina" de Siqueiros, muestran la potencia de la primera vanguardia surgida en toda América.

Si bien este sitio de honor es incuestionable, son las obras de artistas escasamente conocidos en nuestro país las que acaban por mostrar la intensidad del arte mexicano. Allí están "Nuestros dioses antiguos" (1916) de Saturnino Herrán, la fantasía de Antonio Ruiz "el Corcito", el vértigo urbano de los "Constructores" de Francisco Eppens, comparable a la fotografía del "Hombre cargando una viga" de Tina Modotti.

Para explicar la identidad especial del arte mexicano mientras filmaba "¡Que viva México!", el cineasta ruso Sergei Eisenstein trazó una analogía con el popular "sarape": "¿Usted sabe lo que es un 'sarape'? Un sarape es la manta listada que lleva todo indio mexicano, el charro mexicano, todos los mexicanos, en una palabra. Y el sarape podría ser el símbolo de México. Igualmente listadas y de violentos contrastes son las culturas de México, que marchan juntas y, al mismo tiempo, media un abismo de siglos entre ellas (...) seis episodios que se suceden, diferentes en carácter, en genes, animales, árboles y flores. Y, sin embargo, unidos entre sí por la unidad de la trama: una construcción rítmica y musical y un despliegue del espíritu y el carácter mexicanos".

Victoria Giraudo señala que "la presencia de la literatura, la música, el cine y la cultura en general, es vital para la comprensión de las artes plásticas del periodo en un contexto amplio". Y la muestra no recorta disciplinas ni fronteras.

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