Un 2 de septiembre de 1587 se llevó a cabo la primera exportación de un producto de manufactura nacional. En 1941, el entonces presidente Ramón S. Castillo estableció esta fecha como el “Día de la Industria”.
En 1941, el por entonces presidente Ramón S. Castillo estableció al 2 de septiembre como "Día de la Industria". Una fecha que, en la actualidad, es conmemorada por todas las cámaras del sector. Pero cuál es la historia detrás de este día.
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Un 2 de septiembre de 1587 zarpó desde lo que hoy es el conurbano sur de Buenos Aires una carabela que llevaba en sus bodegas un cargamento con frazadas, lienzos, lana, costales y sombreros. Se trató de la primera exportación de un producto nacional.
La encomienda había sido realizada por el obispo del Tucumán, fray Francisco de Vitoria. Todos eran productos que habían sido concebidos en Santiago del Estero, por entonces, uno de los centros más prósperos del territorio. El fraile había sido recomendado por el Consejo de Indias debido a su labor durante la Inquisición en España. Una de sus características más celebradas era ser "un muy buen letrado y predicador".
Fue quizá a través de la palabra que el religioso consiguió mover ciertas influencias para lograr que los miembros de la Audiencia, el órgano judicial del Virreinato, le permitiera importar esclavos desde el Río de la Plata. Un primer paso clave rumbo a lo que se convertiría en la primera exportación del entonces Virreinato.
Sin embargo, no se trató de una acción comercial común. Según denunció en su momento el gobernador de Tucumán, Juan Ramírez de Velasco, la exportación encubría el tráfico de oro y plata encubiertos en sacos de harina. Así se lo hizo saber el gobernador al rey Felipe II a través de una misiva en la que dejaba en claro sus diferencias con Vitoria: "Lo que se ha podido averiguar del oro y la plata que el obispo envió al Brasil son los mil y quince marcos de plata blanca y 39 marcos de oro de ocho onzas más trescientos setenta pesos de oro de 22 quilates y dos cadenas que pesaron ciento y noventa y cinco pesos (oro) y quince marcos de plata labrada que envió en dicho navío a Manuel Téllez Barreto, gobernador de Bahía".
Para colmo, a su vuelta, el barco fue abordado por el pirata inglés Thomas Cavendish, quien se robó la embarcación y todas sus pertenencias: tanto los esclavos que iban a ser destinados a las minas de Potosí hasta campanas y cacerolas. Luego de quedar sumido en la pobreza, el fraile recuperó sus contactos y volvió a comerciar de manera ilegal hasta que fue separado de su diócesis.
Claro que el desarrollo industrial tardó unos siglos en llegar y recién a finales del siglo XVIII arribaron a Buenos Aires los primeros productos de origen inglés, lo que imposibilitó el desarrollo de la industria local y provocó un corte en el comercio. A finales del siglo XIX, más precisamente el 29 de agosto de 1875, un grupo de personas vinculadas al sector manufacturero decidió constituir el Club Industrial Argentino, con el propósito de "dejar establecida una sociedad a cuyo amparo puedan actuar los industriales para conseguir, con un trabajo constante, la adopción de varias reformas económicas". Es este el primer antecedente de lo que sería la Unión Industrial Argentina (UIA).
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