19 de agosto 2013 - 00:29

La historia de envíos argentinos a Venecia en Colección Fortabat

La obra de Julio Le Parc que representó al país en Venecia (con polémica porque el elegido vivía en París), y ganó el Gran Premio de Pintura en 1966, integra el panorama de los artistas que han participado en las diferentes ediciones de la Bienal, desde el primer envío argentino en 1901.
La obra de Julio Le Parc que representó al país en Venecia (con polémica porque el elegido vivía en París), y ganó el Gran Premio de Pintura en 1966, integra el panorama de los artistas que han participado en las diferentes ediciones de la Bienal, desde el primer envío argentino en 1901.
La exposición "Berni y las representaciones argentinas a la Bienal de Venecia", que se realiza en la Colección de Arte Amalia Lacroze de Fortabat, presenta un panorama de los artistas que han participado en las diferentes ediciones desde el primer envío argentino en 1901.

Curada por Rodrigo Alonso, permite hacer un recorrido por las corrientes en boga, el criterio de los seleccionadores, los inconvenientes de carecer de una sede propia, la presencia discontinua de nuestro país, las tensiones en momentos históricos según la ideología política. De allí que la lectura del catálogo echa luz sobre muchas de estas circunstancias y los criterios de los seleccionadores para "premiar a un artista consagrado o para impulsar a uno en crecimiento".

La Primera Exhibición de Arte de la Ciudad de Venecia se realizó en los Giardini de Castello en 1895. Algunas fotos de la muestra presentan las salas con mobiliario y plantas y nos recuerdan a los salones de la emblemática Galería Witcomb de la calle Florida. En 1901 adquiere carácter internacional, se destacan el paisajismo en el arte francés y 20 esculturas de Rodin.

Como señalamos en la nota anterior sobre Pío Collivadino, la República Argentina envió "Vida Honesta" que jamás volvió al país ya que la compró una galería de Udine. En 1903 vuelve Collivadino con "La hora del almuerzo" (propiedad del MNBA). Debe aclararse que no todas las obras expuestas son las que verdaderamente nos representaron y en el caso de Pío Collivadino se exhibe "Nubes", óleo sobre madera, perteneciente a la Colección Fortabat.

Hasta 1922 la Argentina estuvo ausente de este gran acontecimiento internacional. Desembarca entonces un envío influenciado por el Grupo Nexus que plantea la necesidad de producir un arte que nos identifique. Están Fader, Ripamonte, Quirós, Carnacini, Cupertino del Campo, y también Collivadino.

Pasan tres décadas y será Ernesto Scotti el elegido debido también a que el artista residía en Italia. No fue prioritario enviar una representación nacional y Rodrigo Alonso cita la crítica que la revista "Ver y Estimar" hace de esta situación así como del silencio de instituciones como la Academia de Bellas Artes, entre otras. Será durante el reelegido gobierno peronista que se demuestra un repentino interés por la apertura a las inversiones foráneas para hacer frente a las crisis económica y energética, también por el arte concreto, denostado no mucho antes y su elección para representar a la Argentina en la Bienal de San Pablo en 1953, como señala Andrea Giunta en "Arte Argentino en los años 60".

Un papel importante juega Romero Brest como interventor del Museo Nacional de Bellas Artes durante la Revolución Libertadora. En 1956 junto a Julio Payró serán los jurados que priorizarían la producción de artistas jóvenes más involucrados con las estéticas internacionales. Todo esto traerá malestar entre los artistas que habían sido marginados por el gobierno peronista, como el caso de Raquel Forner. Estamos en 1962. Romero Brest, Julio Payró y Ernesto Rodríguez seleccionan en pintura a Macció, Pucciarelli, Sakai, Testa y en escultura a Federico Brook, Noemí Gerstein y Claudio Girola. El jurado internacional "descubre" el conjunto de Berni sobre Juanito Laguna otorgándole entonces el Gran Premio de Grabado y Dibujo. Aquí otra vez Andrea Giunta señala la posición compleja de Romero Brest al ganar una obra figurativa de intenso contenido social que contrastaba con su apuesta por pintores de recientes generaciones. Se llega así a Julio Le Parc que gana el Gran Premio de Pintura de 1966. Esto también trae críticas ya que se trataba de un artista que vivía en París.

A partir de 1968, tiempo de revueltas, el Mayo Francés, las exposiciones individuales y los premios quedan abolidos. Se proponen muestras temáticas con ideas que enfatizan la reflexión. Esto constituye una vuelta de tuerca, hay una fuerte apuesta a la contemporaneidad, David Lamelas es catapultado a la escena internacional con una obra de carácter conceptual. También en 1968 Nicolás García Uriburu interviene en la Bienal sin haber sido invitado oficialmente tiñendo las aguas del Gran Canal de color verde fluorescente, una acción que alertaba sobre el desequilibrio ecológico del planeta. Otro artista que ejecuta una intervención en Venecia fue Oscar Bony cuando en 1995 realiza una performance en una góndola en la que una mujer vestida de blanco amamanta a su hijo frente a un ataúd.

A medida que se avanza en el recorrido se perciben los grandes cambios en la escena artística, la evolución de creadores como Seguí, Minujin, Macció, Alonso, Benedit, Bedel, Hlito, Testa, Bony, Dino Bruzzone, Ana Eckell, López Armentía, Daniel García de estos últimos no hay documentación fotográfica.

Señala Rodrigo Alonso que a partir del año 2000 comienza un período de mayor racionalidad en la selección de los artistas y curadores, se eliminan los comités de selección, se alterna entre creadores noveles y consagrados, no se repiten los curadores pero la representación argentina depende de coyunturas políticas, de la Cancillería que tiene un rol protagónico.

El hecho de que la Argentina nunca tuvo un pabellón propio contribuyó a una suerte de itinerancia por diferentes sitios que debieron alquilarse. En 2001, Leandro Erlich y Graciela Sacco ocupan el Palacio de Correos; Charly Nijensohn expone en 2003 en un espacio de la Giudeca; Jorge Macchi y Edgardo Rudnitzky lo hacen en un oratorio en 2005; Guillermo Kuitca, en 2007, en el Ateneo Veneto; en 2011 Noé expone en los altos de la librería Mondadori; Villar Rojas, en 2011, ocupa un espacio que se adquiere en comodato en el Arsenal y gana el premio Benesse otorgado por una fundación japonesa, lo que le permite desarrollar una importante carrera internacional con exposiciones en París, Estambul, la Documenta de Kassel en 2012 y en el PS1 del MOMA.

Finalmente con todas las exigencias museísticas requeridas, se inaugura el Pabellón Argentino en 2013 con la controvertida obra de Nicola Constantino, curaduría de Fernando Farina, cuyos avatares políticos complicaron la posibilidad de ser tenida en cuenta por las autoridades de la Bienal , un hecho por el que corrieron ríos de tinta y que esperamos haya servido de lección en cómo encarar un envío internacional a uno de los mayores lugares de legitimación del arte contemporáneo.

Olga Cossettini 141, Puerto Madero. Clausura el 29 de septiembre.

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