9 de junio 2010 - 00:00

“La historia está llena de anécdotas de amor y traición”

Pese a que tituló su nuevo libro «Amor, traición y muerte en la Revolución de Mayo», Silvia Miguens dice que lo que más la motivó fue la traición: «Es algo recurrente que se viene dando hasta hoy y que está presente desde siempre en la historia».
Pese a que tituló su nuevo libro «Amor, traición y muerte en la Revolución de Mayo», Silvia Miguens dice que lo que más la motivó fue la traición: «Es algo recurrente que se viene dando hasta hoy y que está presente desde siempre en la historia».
«Cuando voy a las librerías me asusta un poco la cantidad de libros que han aparecido sobre Mayo; yo busqué en el mío escapar de ese momento, porque no todo termina o comienza con la Revolución de Mayo, y menos los amores y las traiciones». Lo dice Silvia Miguens, que ha escrito biografías y novelas sobre mujeres: «Lupe», «Ana y el virrey», «La gloria eres tú», «Anita Gorostiaga», «La baronesa del Tango», entre otras, y ahora acaba de publicar «Amor, traición y muerte en la Revolución de Mayo».

Periodista: ¿Encontró muchas historias de amor, traición y muerte durante la Revolución?

Silvia Miguens: En aquellos tiempos, antes y después de 1810, hubo amores y amoríos, intrigas y conspiraciones, heroicidades y cobardías, crímenes y ajusticiamientos. Al narrar, las turbulencias de esa época me llevaron a superar el instante de la Revolución o pensarla como algo que se continúa hasta la Independencia. La Revolución de Mayo tiene mucho de expresión metonímica de la construcción de nuestra identidad nacional. Yo me dediqué a contar algunas historias, algunos episodios.

P.: ¿No cree que han aparecido demasiados libros dedicados a la Revolución de Mayo?

S.M.: Eso me asusta cuando recorro las librerías, sobre todo pensando que hay libros que se superponen, que toman un momento importante pero breve, que tratan de los mismos hechos.

P.: ¿En qué se diferencian sus relatos?

S.M.: Son pequeños textos, que si bien son breves tienen el estilo de las novelas que vengo escribiendo. Me gustó contar historias diversas, porque no todo empieza o termina en la Revolución de Mayo. En los relatos uno a la información fiel, documentada, a la biografía establecida, ambientes y escenarios, que permiten entrar en el clima de la época. Esa recreación tiene un aspecto ficcional que en el fondo surge de la elaboración personal de una suma de testimonios, cartas, datos, que he investigado. Esta obra me la tomé como un recreo de la novela histórica, como un juego con algo de desafío. Me pregunté cuál era la nueva mirada que podía dar a hechos que conocía, que ya había trabajado. Y no quería caer en el ensayo histórico, que no es lo mío.

P.: ¿Por dónde decidió comenzar?

S.M.: En la escritura, y no en el orden final del libro, comencé por lo que más conozco, María Guadalupe Cuenca, la mujer de Mariano Moreno, Ana Perichón y Liniers. Luego surgieron en un ir y venir historias de Belgrano, de San Martín, de Colón y la traición que le hace a la reina, que quedó como el primer texto, el que abre el libro. No todos son búsquedas de recrear la época y los personajes, me permito a veces hacer una reflexión a partir de lo que estoy contando, y que, por caso, me llevan a entender las claves de una traición.

P.: Vale decir que la traición es la clave para usted, y no el amor, según el título de su libro.

S.M.: La traición es lo que más me motivó, es algo recurrente que se viene dando hasta hoy y que está presente desde la conquista, y desde siempre en la Historia. Para nosotros es un tema, de algún modo, inaugural. Aparece en la traición que Colón le hace a la reina Isabel. Ella había dado órdenes precisas de que se cuidara a los nativos, se los protegiera, no se los lastimara ni esclavizara, se los tuviera en cuenta como personas. Y eso nunca se hizo. En determinado momento ella dice que a los aborígenes que habían llevado de muestra los devolvieran a su lugar de nacimiento, y los traen, pero acá las tierras estaban tomadas por otros españoles. Los devuelven a su lugar pero los terminan esclavizando. Se puede tomar esto de distintos modos, como la conducta de sometimiento que busca imponer todo conquistador o como los primeros pasos de un genocidio.

P.: ¿Qué otras traiciones fueron apareciendo como importantes?

S.M.: La más conocida sería la de Moreno a Saavedra, y Saavedra a Moreno, y lo que se pergeñó alrededor de ese enfrentamiento, ese conflicto entre el primero y el segundo de los que acceden al poder y como ese tipo de enfrentamiento pareciera aparecer cíclicamente, aunque quienes surjan ya no tengan la dimensión de aquellos próceres. A la vez, hay sucesos que me siguen conmoviendo, como el fusilamiento de Liniers o las injusticias que padeció Belgrano, que tuvo su momento de estímulo con el reconocimiento que le hace San Martín cuando cambian su puesto en el Ejército del Norte. Siento como una traición a uno de nuestros mayores héroes, que cuando Belgrano muere un solo diario da la noticia. Acaso extiendo el sentido de la palabra, traición y tendría que comenzar explicando qué entiendo por ella. En ese sentido diría que muchas veces se confunde con la deslealtad, con la desvalorización de alguien planeada por el que hasta ayer era su acompañante y ha decidido cambiar de bando, en fin, creo que hay muchas formas de quebrar la fidelidad, de ser desleal. En la historia de la independencia de América Latina nuestros grandes héroes, Bolívar, San Martín, fueron grandes traicionados por sus pares. En mis libros había tratado de romances y dramas, sentí que me faltaba señalar ese otro aspecto que parecieran padecer de modo casi inevitable ciertos héroes, de forma tan inevitable como los chismes que tratan de cuestionarlos o humillarlos.

P.: Usted, en el caso de Belgrano, enfrenta las habladurías sobre su homosexualidad.

S.M.: Es curioso, las mismas voces que se burlaban de él por su voz afeminada y sus modos delicados, también hablaban de él por las mujeres y los hijos que iba teniendo. Esas contradicciones en la catarata de chismes que producen ciertas personas no ha dejado de ser constante en todas las épocas. Si Belgrano deja embarazadas por el camino, según se decía, acaso era porque aquellos militares estaban en sus campañas, en sus batallas, y se enamoraban para calmar la excitación de un triunfo o la depresión de una derrota, o porque llegaban a una ciudad donde recibían ofrendas y homenajes. Y las ofrendas podían ser niñas de la clase alta. A Bolívar lo festejaban con un montón de ofrecidas. Las mejores familias le acercaban a su hijas al triunfador. Son cosas un tanto difíciles de comprender si las miramos con los ojos de hoy, creo que en algunas cosas somos más puritanos que en aquel entonces.

P.: En esos relatos reaparece la novelista, por caso en «Gloria, libros y mujeres» donde Manuela Sáenz y Rosita Campusano charlan sobre San Martín.

S.M.: Entre mis novelas, «La gloria eres tú» es mi favorita. En un momento de ella, tenía que hacer hablar a San Martín, pero no me parecía que él fuera a contarse, y se me ocurrió la charla de esas dos mujeres a partir de la biblioteca que dona el general. San Martín va durante todas sus campañas con sus libros a cuestas, que tenía inventariados, y cuando viaja de Mendoza a Chile, en la tapita del inventario escribe que si algo le sucediera esos libros eran para Remedios. Hace toda la campaña y cuando llega al Perú los dona a la Biblioteca de ese país. Manuela Séenz y Rosita Campusano, que van a ayudar a armar la biblioteca, a ordenar los libros, encuentran que en el inventario, San Martín tachó el nombre de Remedios, y se preguntan qué habrá pasado.

P.: ¿Y qué pasó entre el Libertador y su mujer?

S.M.: Eso léalo en mi próxima novela [Se ríe]. En este libro me pareció interesante volver a retomar ese episodio que ya había contado. Creo que San Martín vivió numerosas traiciones, a nivel político y afectivo. A mí me pesa que cuando vuelve de Guayaquil se deba instalar en Mendoza dado que no puede volver a Buenos Aires porque está amenazado de muerte. Sabe que por el camino lo pueden atacar y matar. Y se queda allí hasta que muere Remedios y va a buscar a Merceditas. Y cuando se va a Europa y le rechazan la entrada por llevar material subversivo, y no eran sólo los libros que llevaba sino el personaje que era. Imaginemos a San Martín, a todo lo que hizo, a todo lo que luchó, parado con su hija frente a un aduanero holandés que le rechaza el pasaporte.

P.: Sus últimos dos relatos, «Juan Martín, el supremo» y «Del amor al odio» parecen concentrar una novela.

S.M.: Es que la historia de los Pueyrredón es una novela, una película. Una escena: Pueyrredón hace fusilar a un tal Telechea frente a su hija de 15 años y el resto de su familia. Al año, Pueyrredón enviuda y se casa con esa niña, y de ese matrimonio nace Prilidiano Pueyrredón, el pintor. Después hay amores contrariados, tragedias, mujeres que enfrentan las presiones familiares para irse con su amado, y una descendencia que culmina en Victoria y Silvina Ocampo. Pero, bueno, una novela histórica así supone estudio y elaboración. La vida de una personalidad histórica ofrece un guión enmarcado en una época y hay que rodear de situaciones y escenarios, bordando sobre los datos de lo que ocurrió realmente.

Entrevista de Máximo Soto

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