4 de noviembre 2014 - 00:00

La historia de Juanito y Ramona, tal como Berni la concibió

A través de 150 obras, muchas de ellas nunca vistas en el país, “Antonio Berni: Juanito y Ramona”, se ve cómo el artista hilvanó la historia completa de las vidas de sus personajes más célebres.
A través de 150 obras, muchas de ellas nunca vistas en el país, “Antonio Berni: Juanito y Ramona”, se ve cómo el artista hilvanó la historia completa de las vidas de sus personajes más célebres.
 El Malba acaba de inaugurar "Antonio Berni: Juanito y Ramona", una muestra poderosa dedicada a relatar los sueños y pesadillas de dos personajes marginales. Los argentinos ya conocen a los célebres Juanito Laguna y Ramona Montiel, pero el encuentro con la historia completa de sus vidas, relatada del principio al fin a través de 150 obras, varias con formato monumental y muchas que por primera vez se exhiben en la Argentina, resulta sobrecogedora. Ahora si, la epopeya de Juanito y Ramona ostenta su verdadera dimensión.

"Los seres humanos están interesados en dos cosas. Están interesados en la realidad y en contarla", decía la escritora y amiga de Picasso, Gertrude Stein. Como si compartiera estas premisas, Berni que en la década del 30 había fundado el Nuevo Realismo, apeló 20 años más tarde a la capacidad de subyugar que posee la narración, a la necesidad que tiene la gente de que le cuenten historias. ¿Cómo formular un discurso para que sea escuchado? Con la intención de "movilizar las conciencias", Berni hilvanó un argumento con la compleja realidad y el paisaje social donde transcurren las vidas de Juanito y Ramona. Así, en secuencias ininterrumpidas de imágenes, comenzó a desplegar estas historias.

Cargadas de significación y elocuencia las obras logran poner en evidencia cuestiones que nadie quiere ver y todos prefieren olvidar. Hoy, de repente, en el Malba, resulta imposible mirar las peripecias de Juanito como una ficción, aislarlo del contexto social. Este chico, hijo de un peón de campo, encarna con su familia la historia del éxodo de la población rural a un barrio periférico de Buenos Aires. Allí va Juanito con la dignidad de su madre y su padre a cuestas, en busca de un mejor nivel de vida. Alcanza a manejar una moto y lo vemos partir de vacaciones, pero su existencia, entre las latas de una villa, termina siendo miserable. El espectador percibe entonces que la realidad deja de ser lejana, que se acerca demasiado al presente.

Berni inició estas series en el año 1958 y trabajó en ellas en Rosario, Buenos Aires y París hasta 1978, pero las visiones de Juanito celebrando una paupérrima Navidad, pescando y cargando una red colmada de peces, procurando su sustento acompañado por su perro y, a veces, por algún amigo, son imágenes de un chico que, como tantos en la actualidad, a duras penas logra vivir todavía como un niño.

Juanito aparecer en el marco de la naturaleza, pero de una naturaleza amenazada, asediada por el avance feroz de los entornos fabriles que crecieron durante la breve saga desarrollista. Este potente despegue industrial cobra forma y volumen en las pinturas bidimensionales, los grabados, xilocollages y xilocollage-relieves, los ensamblajes y las construcciones polimatéricas que colocan a Berni entre los artistas "más innovadores del Siglo XX", como sostienen los curadores de la muestra, Mari Carmen Ramírez y Marcelo Pacheco.

En efecto, el genio y la grandeza de Berni no residen tan sólo en su capacidad para descubrir una realidad que conmociona al espectador. En sus obras confluye la técnica y la materia, el tema y el contenido ideológico. Berni fue un adelantado y, de hecho, gana en 1962 la Bienal de Venecia con sus grabados de Juanito Laguna, y en 1963 el elegido es Rauschenberg, artista que comparte notables semejanzas en el uso de los materiales.

Berni se había iniciado en el grabado en París, en 1928, con el poeta Max Jacob, pero su particular interés se afirmaría durante la crisis de la década del 30, cuando las posibilidades de difusión masiva de esta técnica, sus características de obra seriada y barata, la tornaban propicia para expresar ideas políticas. La visita del mexicano David Alfaro Siqueiros en esos años adquiere importancia no por la escuela muralista que no llegó a difundir, sino por la conciencia de pertenencia a Latinoamérica que logró despertar.

Marcelo Pacheco describe en el exhaustivo catálogo de la muestra la relación entre el significado de las obras, la técnica y los materiales, destaca el volumen de hasta cinco centímetros de las xilografías-collage, la incorporación de la vestimenta real, además de la estrategia de acumular la materia a la manera del informalismo europeo para simular el hacinamiento de las casillas de las villas de emergencia. "En el mundo de Ramona Montiel, el lujo, el cache, lo cursi, lo elegante y lo ambiguo se conservaban como adjetivos adheridos a los materiales y se convertían en metáfora de las puestas en escena y del barroquismo de las putas exhibidas en los burdeles", observa el curador. Berni elige las formas narrativas de la telenovela, la fotonovela o las revistas del corazón, de este modo ramifica la acción y multiplica los personajes. Pone en juego abiertos contrastes sociales. Allí, están el maleante y el conde, los religiosos griegos y armenios y los empresarios, los millonarios y el torero, los militares y el viejo. Las novelescas andanzas de Ramona se remontan a la cuna: hay un siniestro bebé, regordete y monstruoso, con las tetas crecidas y los ojos pintarrajeados.

La historia que cuenta Berni es extensa, dramática y atrapante, muestra el esplendor y el ocaso de una jovencita de barrio que se prostituye y se aferra al dinero como tabla de salvación. Pero también muestra los monstruos infernales que pueblan sus sueños, como "La sordidez" o "La voracidad" que se disputan a Ramona. "Lo mío no tiene un contenido político, sino un contenido filosófico", aseguró Berni. Y no hay que esforzarse demasiado para percibir el contenido moral de su obra.

Pacheco, curador del Malba hasta el año pasado, planeó junto la curadora del Museo de Bellas Artes de Houston, Mari Carmen Ramírez, el acuerdo de colaboración entre ambas instituciones, vigente desde el año 2005. Antes, en 1999, ya habían presentado juntos un verdadero anticipo de la muestra del Malba, la exposición "Cantos paralelos", en el Museo Blanton de la Universidad de Austin, la primera plataforma de Ramírez en EE.UU. En esa exposición figuraban varios de los monstruos que hoy acechan a Ramona y "La gran tentación" que ahora ocupa la portada del catálogo de la muestra que llegó desde el Museo de Houston. Una obra donde Berni condensa la viva imagen de la belleza unida a la seducción, la riqueza y la capacidad de suscitar el deseo, pero confronta estas cualidades con la fealdad hermanada a la pobreza y el pecado, inscripto en la propia carne de la prostituta.

El objetivo que comparten el Malba y el Museo texano es posicionar a Berni en el escenario internacional, con este fin se investigaron las estadías en París, Nueva Jersey y Nueva York. La exposición reúne la obra de la familia de Berni y la de 25 colecciones públicas y privadas de Argentina, Uruguay, Estados Unidos, España y el formidable conjunto que llega de Bélgica.

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