15 de octubre 2010 - 00:00

La historia sigue latiendo en las calles de Córdoba

La historia sigue latiendo en las calles de Córdoba
Los festejos del Bicentenario de la Revolución de Mayo le sentaron muy bien a la ciudad de Córdoba, que se encuentra espléndida y ostenta un riquísimo patrimonio histórico y cultural recuperado casi por completo. Son tiempos muy propicios para disfrutar de una visita a «La Docta», por breve que sea, y darse el lujo de recorrer de día y de noche su casco histórico y los circuitos que atraviesan un área de algo más de veinte manzanas donde se entrelaza el pasado de fundadores, religiosos, militares, políticos y pueblos originarios que forjaron la escena cordobesa.

Transcurrieron 437 años desde que el sevillano Jerónimo Luis de Cabrera fundó esta ciudad que hoy late con el ritmo de una gran urbe, pero con pinceladas de pueblo; y mantiene un centro soleado y luminoso, con construcciones bajas, que los cordobeses recorren a pie o a bordo de taxis amarillos «iguales a los de Nueva York», como gustan bromear. Gran cantidad de jóvenes recorre las calles a toda hora, especialmente en la antaño maleva y hoy pintoresca zona de La Cañada. Son la prueba viviente de la persistencia del culto por el conocimiento que sembraron los jesuitas, orden religiosa fundamental en la historia de esta ciudad. Justamente, seguir la obra de la Compañía de Jesús es una buena manera de iniciar un recorrido que lleva por magníficas iglesias, plazas, monumentos, conventos, palacios, museos y enigmáticas ruinas subterráneas. La puesta en valor de la ciudad -a un costo de $ 30 millones a cargo del Gobierno provincial- abrió espacio a una serie de circuitos, que tienen como vértice a la ex plaza Vélez Sarsfield. Sobresalen el Centro Histórico, organizado alrededor de la Plaza San Martín; y la Media Legua de Oro, concentradora de las principales expresiones culturales. Al menú se sumó ahora la Córdoba bohemia, con arte callejero y anticuarios a lo largo de la calle Belgrano, en lo que muchos ahora llaman el San Telmo cordobés.

Fundación e historia

El casco histórico de Córdoba corresponde con el actual centro de la ciudad. La Plaza San Martín es un buen punto de partida para recorrerlo. Ocupa una manzana, data de 1577, cuatro años después de la fundación, y fue patíbulo, plaza de toros y centro político y social. En 1790 fue embellecida por el entonces marqués de Sobremonte, y un siglo después el paisajista Carlos Thays hizo un rediseño que incluyó vegetación de los cinco continentes. En 1910, con los festejos del Centenario de la Revolución de Mayo, se instaló el monumento al Libertador y se dio el nombre actual a la plaza.

El Cabildo se ubica al frente de la plaza, con su fachada original de arcadas del tiempo de Sobremonte. Fue recuperado a partir de 1990, se abrieron los calabozos y hoy se lo utiliza para muestras culturales. También funciona el Museo del D2, ya que el sitio fue centro de tortura durante la última dictadura.

A escasos metros se encuentra una de las joyas históricas de Córdoba, la Catedral, Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción. Comenzó a construirse en 1580 con adobe y ladrillo, con tejas «musleras» (arqueadas por esclavos con sus piernas). Dos veces sufrió derrumbes en plena misa, hasta que un jesuita -Gianbattista Primoli- rediseñó la planta principal a fines del siglo XVII, imitando a la de la Iglesia del Jesús de Roma, casa matriz de los jesuitas. Algunos detalles de este edificio barroco -que se convirtió en Catedral en el siglo XIX y fue visitado por el papa Juan Pablo II en 1987- son su campanario adornado con ángeles de fisonomía aborigen, el Cristo de bronce traído de París y el reloj donado por los ferrocarriles ingleses. En el atrio se encuentran los restos del Deán Funes, de Fray Mamerto Esquiú y del general José María Paz. Impacta el fresco «La gloria del Cielo» en la bóveda principal, hecho por Emilio Caraffa, artista que trabajó en las alturas pese a su vértigo y firmó la obra pintándose en un extremo de ella junto a su esposa.

Desde la esquina de la Catedral, por el pasaje Santa Catalina de Siena, se camina por el frente de la iglesia homónima, el Museo y Archivo de la Memoria y se llega a la Plazoleta del Fundador, con su monumento a Cabrera.

La peatonal Obispo Trejo, poblada de bares y movimiento, conduce al corazón del circuito histórico cordobés, la Manzana Jesuítica, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 2000. Es el corazón universitario de la ciudad e integra a la Iglesia de la Compañía de Jesús (construida entre 1644 y 1671), la antigua sede de la Universidad Nacional de Córdoba, la Capilla Doméstica, el Colegio Nacional de Montserrat (fundado en 1687) y la Residencia de los Padres. Este sorprendente desarrollo comenzó a principios de 1600, cuando el Cabildo donó el solar a los jesuitas. En este itinerario son recomendables visitas al patio del Rectorado de la Universidad (antiguo Colegio Máximo), desde donde se accede al salón de grados, el sitio donde funcionó la mítica imprenta (la primera de la Argentina) y la biblioteca jesuítica con sus incunables. En la zona también se encuentran la Iglesia de San Francisco, y el Museo de Arte Religioso Juan Tejeda, que funciona en el Monasterio de las Hermanas Carmelitas Descalzas de San José.

Media Legua de Oro

Así se llama al recorrido cultural que abarca unos 2.500 metros entre la Plaza San Martín y el Parque Sarmiento diseñado por Thays, en lo que hoy se conoce como barrio de Nueva Córdoba. El paseo Avenida Hipólito Yrigoyen es la columna vertebral de este camino que lleva por el restaurado Teatro Real, el majestuoso teatro Libertador San Martín y el Paseo del Buen Pastor. En este último sitio fue montada un área de exposición de arte y compras, en 2003, sobre la antigua cárcel de mujeres que funcionó hasta 1948. Se mantiene la desacralizada capilla del Buen Pastor. Merece un apartado la neogótica iglesia del Sagrado Corazón Padres Capuchinos, construida entre 1914 y 1930, con una de sus dos torres trunca y repleta de complejos simbolismos.

Desde aquí, la media legua lleva al Museo Superior de Bellas Artes, montado en el espléndido Palacio Ferreyra, que alberga muestras permanentes de Fader, Petorutti, Pedone y Malanca. Frente al palacio se encuentra el Museo Provincial de Bellas Artes Emilio Caraffa, destinado al arte contemporáneo, y a pocos metros el nuevo Museo Provincial de Ciencias Naturales. A mayor distancia, aunque dentro del circuito, se ubica la Ciudad de las Artes, polo artístico cultural señero en Latinoamérica.



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