19 de mayo 2011 - 00:00

La inflación, cuestión de dinero

Enrique Blasco Garma - Economista
Enrique Blasco Garma - Economista
Algunos funcionarios intentan justificar la inflación en «pujas distributivas», acciones de «sectores concentrados» y otras yerbas. Me parece que no lo han pensado bien. Precio es la cantidad de moneda que hay que pagar por un bien. Inflación es la suba general de precios, el aumento de cantidad de moneda que hay que pagar por los bienes. Entonces la inflación sólo puede aumentar cuando aumenta la cantidad de dinero para pagar los precios de los bienes.

Es evidente que sólo las sociedades que usan una moneda pueden tener inflación. Donde no existe la moneda, algunos precios pueden subir en relación con otros; la carne se encarece respecto del pan, por ejemplo. Pero los precios no pueden subir todos, al mismo tiempo, donde no existe una moneda, una referencia respecto de la cual aumentar. Por más «pugnas distributivas» o «intereses concentrados» que haya no existe inflación sin una moneda que se expande. Y, normalmente, la mayor inflación se corresponde con mayor emisión monetaria. Por eso, en el mundo civilizado y en la Argentina, los bancos centrales son los encargados de asegurar el valor de la moneda. No es por casualidad o una asignación de responsabilidades arbitraria encargar a los bancos centrales regular la cantidad de dinero para preservar el valor de la moneda.

La carta orgánica de nuestro ente rector sostiene lo mismo en su artículo 3: «Es misión primaria y fundamental del BCRA preservar el valor de la moneda. Las atribuciones del Banco para estos efectos serán la regulación de la cantidad de dinero y del crédito», CO, Ley 24.144. Si sufrimos de inflación y el Banco Central emite moneda a una tasa del 40% anual no hay excusas. El ente rector es responsable y sus funcionarios no cumplen con la ley que los rige.

La Reserva Federal de EE.UU., el Banco Central Europeo, el Banco de Inglaterra, el de Japón, de China, Brasil, Chile, y los demás bancos centrales respetados del mundo tienen el mandato de velar por la moneda y sus funcionarios son responsabilizados por desvíos. En la Argentina no podemos apelar a teorías conspirativas o esotéricas, opuestas a las enseñanzas aceptadas en los principales centros de conocimiento y gobiernos, para justificar por qué sufrimos el flagelo de la inflación. El alza de precios eleva la incertidumbre en todo emprendimiento creativo de valor y llena de zozobra a los hogares. La mayor incertidumbre desorganiza las actividades productivas y la vida de las personas.

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