La inflación se paga por partida doble (o triple)

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 Hablando de calor, se produjeron muchos cortes de electricidad debido a la falta de inversión, bien desalentada. Edesur en 2014 tuvo una pérdida integral total neta de $ 1.358,5 millones, con las ventas de energía en 18.000 GWh (sólo un 0,8% menos que las de 2013) y las tarifas congeladas desde 2008. La mató la suba de costos, la inflación. Como mató la compraventa de inmuebles que, según el Colegio de Escribanos de la provincia de Buenos Aires, en este territorio, sólo se vendieron menos inmuebles en 2001 y en 2002. Con respecto a 2011, cuando se impusieron las restricciones cambiarias, el número de compraventas de 2014 fue un 28,11% inferior.

Impresiona el crecimiento en la emisión monetaria, para sostener los enormes y crecientes gastos del sector público, que aumentaron más del 50% en términos reales desde 2007. El BCRA en diciembre pasado volcó al mercado unos $ 60.000 millones adicionales, lo que elevó del 20% al 25% el ritmo de expansión monetaria, aumentando la base monetaria (pesos en circulación) en 2014 cerca del 21% respecto del cierre de 2013.

El Gobierno, preocupado por el efecto que este exceso de pesos pueda tener sobre el mercado "blue" -parece que finalmente creen que la oferta y demanda, y no otra cosa, regulan los precios-, los absorbe con licitación de Letras internas (Lebac), las que son adquiridas por los bancos y otros privados con una tasa de interés de entre el 27% y el 29%, según el plazo de emisión, lo que resulta ser un excelente negocio al punto que los bancos vienen ganando mucho más con esta bicicleta que con sus negocios tradicionales, desnaturalizando la función bancaria.

Ahora, los $ 100.000 millones que se absorbieron vía Lebac -neutralizando gran parte de la emisión monetaria- le generaron al BCRA una deuda por intereses de $ 40.000 millones. Y los analistas calculan que para 2015, al ritmo de $ 23.000 millones absorbidos en las primeras tres semanas de año, sólo por intereses se deberán desembolsar unos $ 60.000 millones en el año. El stock de estos títulos subió vertiginosamente, por un monto de hasta $ 251.000 millones.

Es decir que la inflación se está pagando por partida doble, por el costo en sí misma y por esta fabulosa transferencia de fondos a los bancos vía Lebac. O por partida triple... Debido a que 2015 arrancó con los mismos valores de mínimo no imponible y demás deducciones que los de 2013, y a que las escalas están congeladas desde 2000, la época de De la Rúa, pese a que la inflación fue del 1.060%; por caso, el trabajador, casado y con dos hijos, que gana $ 20.800 por mes y que en 2014 ganaba $ 16.000, en concepto de Impuesto a las Ganancias pasará de abonar $ 7.605 a $ 24.115.

Es decir, más de un sueldo mensual; y los hay casos en que llegan a pagar casi tres meses de sueldos. Así las cosas, suponiendo una inflación del 30%, aunque los trabajadores alcanzados por Ganancias reciban un incremento salarial similar a la inflación, perderán una parte sustancial del sueldo debido a la voracidad fiscal. Para que esto no suceda, el aumento salarial debería superar el 40% de modo que el descuento de Ganancias no rebaje su poder de compra. Un verdadero círculo vicioso inflacionario.

En fin, lo peor de los impuestos -aunque teóricamente estén dirigidos hacia los más ricos- es que necesariamente crean marginación y pobreza, porque pegan con más fuerza sobre los más pobres, ya que, cuanto más alto es el poder adquisitivo de una persona, más capacidad tiene para derivarlos hacia abajo; por ejemplo, los empresarios suelen pagarlos subiendo precios o bajando salarios. Se dirá que vuelven a los pobres en asistencialismo, pero qué sentido tiene quitarles a los pobres para luego devolverles lo poco que queda tras pasar por una enorme burocracia.

(*) Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

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