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La insurgencia ya desborda las porosas fronteras de Afganistán
En una muestra brutal de poder y determinación, hombres armados con uniformes militares de una fuerza paramilitar atacaron ayer el consulado estadounidense en una zona de alta seguridad en Peshawar.
Dos horas antes, un suicida se había hecho volar por los aires en un encuentro de activistas seculares y nacionalistas de un partido considerado fiel aliado de Estados Unidos.
Los ataques de ayer se produjeron dos semanas después de que las fuerzas de seguridad paquistaníes extendieran sus operaciones a Orakzai, un distrito tribal cercano a la frontera afgana, para combatir a los insurgentes islamistas que huyeron del campo de batalla en el vecino Waziristán del Sur.
Víctimas
En total, más de 1.100 milicianos murieron en los dos distritos, ambos considerados feudos talibanes, haciendo creer a muchos que la capacidad de los milicianos para golpear había quedado sustancialmente debilitada.
Se creía que los continuados ataques de aviones no tripulados estadounidenses que eliminaron a cientos de combatientes talibanes y de Al Qaeda habían contribuido a debilitar la insurgencia. Pero la teoría de que los talibanes fueron puestos a la defensiva está siendo ahora revisada por los analistas.
«Los talibanes no fueron totalmente derrotados por las operaciones del Ejército y esos ataques muestran que siguen rondando. Atacaron para reafirmar su presencia», comentó Hasan Askari Rizvi, un famoso analista de temas de seguridad en Pakistán.
Una breve pausa estratégica de los ataques militares no debería interpretarse como su derrota, puesto que continúan reemplazando a los suyos cuando una célula o un grupo es neutralizado o capturado, lo que lleva algún tiempo, dijo Rizvi.
Tras una pausa de alrededor de un mes, los talibanes perpetraron una serie de ataques en el centro cultural del país, Lahore.
Atentados
En un solo día, el 12 de marzo, los milicianos perpetraron primero un doble ataque suicida cerca de una base militar, matando a 60 personas e hiriendo a más de 95. Horas después, explotaron seis bombas consecutivas en dos áreas residenciales, sin causar destrucción, pero provocando un gran pánico entre la población.
Los golpes de ayer en Peshawar y el distrito del Bajo Dir siguieron un patrón similar.
Las autoridades paquistaníes reafirmaron repetidamente su disposición a combatir a los milicianos desde que lanzaron una insurgencia total destinada a imponer la ley islámica o sharia en el país en 2007, pero en vano.
«Combatiremos a los terroristas hasta el fin», dijo ayer el presidente, Asif Alí Zardari, en una sesión conjunta de las dos cámaras del Parlamento. «Esta gran nación no se rendirá. Haremos la paz con aquellos que acepten la orden del Gobierno».
En cualquier caso, que los talibanes que acepten el imperio del Gobierno parece una posibilidad remota. «Mostraron su capacidad para perpetrar ataques coordinados en varios lugares», dijo Rizvi. «Y la tendencia continuará algunos años y sólo terminará cuando la situación en Afganistán se estabilice».
Agencia DPA


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