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La mayor preocupación
• OPINIÓN
Una planilla sobre su escritorio resume los datos en que se basan las dudas. Ahí figura que del total de gasto público previsto para este año el 56 % se destina a la ANSES y al PAMI, y un 17% a salarios y universidades, que son partidas que suman casi tres cuartas partes y que por obvias razones políticas no se pueden recortar, mucho menos en un año electoral. Más aún: las proyecciones indican que el presupuesto de ANSES y PAMI de este año aumentarán su participación en el total 9 puntos porcentuales, del 47 al 56%. El 27%restante del gasto público se reparte en tres porciones casi iguales, entre otras erogaciones corrientes, inversión pública y subsidios. Las primeras sólo pueden ser ajustadas con sintonía fina y paciencia. El gasto en capital es uno de los caballitos de batalla del Gobierno e instrumento clave para apuntalar el nivel de actividad, y por lo tanto está fuera del radar de ajuste, aunque en Hacienda resaltan que están consiguiendo compensar el mayor volumen de obra pública en 2017 con algún ahorro en los precios
Les quedan los subsidios, que aún tras los severos tarifazos equivalen a 3 puntos del PBI y representan el 10%del gasto público. La profundización de estos recortes con más aumento en los servicios públicos también encuentra restricciones. De índole económica por el efecto inflacionario, y de tipo político por el impacto en los bolsillos. La postergación del aumento en el transporte es la mejor evidencia de esos límites. La preocupación mayor por el déficit fiscal, que el propio Macri se encargó de calificar como insostenible, tiene una segunda motivación: su financiamiento con deuda externa implica una fuerte presión hacia abajo en el tipo de cambio.
Ante ese panorama, la estrategia oficial no pasa tanto por recortes nominales sino por evitar que el gasto público aumente en términos reales y vaya perdiendo peso relativo en una economía que crece. Pero aquí aparece otro enorme problema. Con este modelo y en el actual contexto internacional, no parece haber mucho crecimiento económico por delante. Todo puede cambiar a partir de octubre, si una buena elección del oficialismo los envalentona para cambiar de estrategia y afilar las tijeras.


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