9 de mayo 2018 - 00:00

La mejor noticia para los duros del régimen islamista

Teherán - El presidente iraní, Hasán Rohaní, apostó por una política de apertura hacia Occidente para poner fin a décadas de tensiones, pero con el rechazo estadounidenses al acuerdo nuclear, ¿qué esperanza queda para su futuro político?

Lo que está claro es que la tradicional animosidad entre Estados Unidos e Irán volvió para quedarse.

"Rohaní apostó en grande al acuerdo nuclear e invirtió todo su capital político en él", dijo Mojtaba Mosaví, un analista político en Teherán. "Ahora el acuerdo está dando sus últimos suspiros, y Rohaní está perdiendo todo, todos sus planes económicos y políticos, que construyó sobre la base del acuerdo nuclear", agregó.

Desde el principio, los conservadores opositores a Rohaní desconfiaron profundamente de sus negociaciones con Washington y sus temores se confirmaron cuando quedó claro que la presión de Estados Unidos continuaría obstaculizando los lazos comerciales de Irán, incluso después del acuerdo de 2015.

Con sus amenazas constantes de romper el acuerdo, Trump se aseguró que el mundo se mantuviera cauteloso en hacer negocios con Irán.

La nueva situación es una victoria para los conservadores que se alimentan de la hostilidad de la política exterior de Estados Unidos para reforzar la represión interna y limitar el alcance de las instituciones iraníes.

Tras bastidores, las fuerzas conservadoras se hicieron sentir en los últimos meses con detenciones indiscriminadas de personas con doble nacionalidad y con empleados de distintas ONG acusados de espionaje.

También bloquearon el servicio de mensajería más popular de Irán, Telegram, y ejercieron presión sobre los defensores de las reformas de más alto perfil, que llegaron a provocar la renuncia del alcalde de Teherán y de un alto funcionario de la cartera de Medio Ambiente.

Rohaní logró una disminución moderada de las restricciones sociales, pero en Irán, la Presidencia es solo uno de los muchos centros de poder. Se enfrenta a poderosas fuerzas conservadoras integradas en el clero, el Poder Judicial y un Consejo de Guardianes con poder de veto sobre las leyes y los candidatos a las elecciones, sin mencionar la autoridad absoluta del guía supremo, el ayatolá Alí Jameneí.

Recientemente, Rohaní dobló la apuesta en su retórica reformista, "tratando así de mantener su base popular y señalando con el dedo a los conservadores", dijo Ardavan Amir Aslaní, escritor y abogado internacional en Teherán. Pero "la apertura de algunos cafés nuevos y dejar que las mujeres corten unos centímetros más sus velos, no son esas las reformas fundamentales que Irán necesita", advirtió.

Lo que puede salvar a Rohaní de quedar completamente marginado es el miedo del "establishment" a una desintegración.

Las protestas en diciembre y enero demostraron que la ira a causa de la economía y la situación de las libertades civiles era mucho más amplia y fuerte que antes, y afectaba a docenas de pueblos y ciudades.

"Creo que el líder (Jameneí) todavía está tratando de ayudar a Rohaní. Proteger la prosperidad y la unidad del país es su principal prioridad, especialmente en este momento difícil", dijo Mosaví.

Rohaní obtuvo un segundo mandato presidencial hace un año, con el respaldo de los reformistas que lo consideraron la mejor opción dentro de la pequeña selección permitida por el Consejo de los Guardianes.

Nunca existió la ilusión de que Rohaní fuera un reformista radical -fue un miembro del régimen desde los primeros días de la Revolución Islámica-, pero aun así muchos se sintieron decepcionados cuando vieron incumplidas sus promesas de reforma.

"Algunas de las críticas son injustas. Rohaní ha hecho grandes cosas. Hay más apertura, menos moralidad policial, los periodistas son algo más libres", dijo un periodista reformista, que pidió permanecer en el anonimato.

"Pero después de todo, es un hombre del sistema y quiere seguir así. Su identidad está ligada a ser parte del sistema; si lo niega, se niega a sí mismo", agregó.

Agencia AFP

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