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“La novela negra es heredera de la novela social del siglo XIX”
Miské: “Cuando comencé a escribir surgió naturalmente la forma del relato policial, acaso porque es un estilo narrativo que me gusta mucho, y porque siento que tiene muchas conexiones con el estilo del documental.”
Periodista: A los 50 años con "Arab jazz", su ópera prima, conquista el Gran Premio de Literatura Policial en Francia. ¿Por qué eligió pasar a la literatura con una "novela negra"?
Karim Miské: Desde hace 25 años soy director de documentales. Pero siempre supe que en algún momento me iba a dedicar a escribir ficción, pero no tenía en claro que elegiría el género policial. Cuando comencé a escribir surgió naturalmente la forma del relato policial, acaso porque es un estilo narrativo que me gusta mucho, y porque siento que tiene muchas conexiones con el estilo del documental. Cuando realizo un documental intento mostrarle a la sociedad una parte de la realidad que ella no conoce, busco ofrecerle un espejo que muestre un aspecto que no ha observado, que no es tenido en cuenta. De algún modo en la novela policial se encuentra lo mismo, se descubre una realidad que estaba oculta, que se desconocía. El policial comienza por un crimen, y para resolver ese crimen hay que ir más allá de las apariencias, hay que buscar por qué sucedió lo que pasó, hay que revelar lo que se ignoraba. Un periodista en París me dijo, parafraseando a von Clausewitz, que el policial es como una prolongación del documental por otros medios.
P.: ¿En qué medida se siente relacionado con Ahmed, el protagonista de su novela?
K.M.: Cuando uno escribe una novela evidentemente pone mucho de sí mismo en algún personaje en especial. Es lo que señaló Flaubert cuando dijo "Madame Bovary soy yo". Por lo tanto el protagonista de "Arab jazz" tiene muchos rasgos en los que nos parecemos. Y, claro, hay también muchas cosas en las que somos distintos. A diferencia de Ahmed, no he estado enfermo durante cinco años, no tuve que pasar una temporada en un psiquiátrico, y no he leído tantas novelas policiales como él. Y soy un poco menos depresivo. Y tampoco junto pilas de novelas policiales que pongo contra las paredes de mi casa.
P.: ¿Buscó mostrar especialmente que el París actual ya no tiene nada que ver con el glamuroso que ofrecieron las novelas y películas francesas durante el siglo XX?
K.M.: Hay una imagen un poco falsa de París y de Francia que pareciera que se ha fijado desde hace ya demasiado tiempo. En realidad es una ciudad y un país que han evolucionado igual que el resto del mundo. París es una ciudad tan cosmopolita como Nueva York o Londres, con sólo tomar el subte se ve eso, religiones, colores y nacionalidades diversas. En París, en el barrio que describo en mi novela, ocurre lo mismo exactamente que en el de Brooklyn, en Nueva York, donde se mezclan orientales, judíos, africanos, latinos, polacos, pakistaníes, el mundo entero. En cuanto al otro tema, la forma en que se cuenta París es un problema, la literatura francesa muchas veces comete el error de no reflejar la realidad multirracial de Francia. En Londres, en Inglaterra, hay numerosos escritores como Salman Rushdie, Hanif Kureishi, Zadie Smith, por nombrar tres, que reflejan esa diversidad de la sociedad británica, en Francia cada vez que se va a hablar de eso se toma distancia, no se lo considera como algo que se debe mencionar. O que se trata de algo tan serio que no puede hacerse con eso una ficción.
P.: Salvo en el caso de Michel Houellebecq.
K.M.: Si, es cierto, pero el problema es que Houellebecq es racista [Se ríe]. A pesar de eso me parece más interesante leer a Houllebecq que a un escritor de izquierda, progresista, bien visto, políticamente correcto, que apenas si ofrece una imagen superficial de la realidad que se vive. Creo que mi obra está en un punto de encuentro entre influencias de la literatura francesa clásica y la de la reciente narrativa estadounidense. Pienso que si elijo mezclar a Balzac y Orwell, a Victor Hugo y Chandler, es porque considero que la novela negra es la heredera de la novela social del siglo XIX.
P.: En sus documentales investigó las sectas y los fanatismos religiosos, ¿eso le sirvió al escribir su novela, donde el tema de las sectas y los fundamentalismos están presentes?
K.M.: Cuando empecé a escribir "Arab jazz" terminaba de hacer un documental sobre fundamentalistas judíos, cristianos y musulmanes. Para hacer ese documental tuve que entrar en la mente de los entrevistados, y esa gente me dio con su especial forma de pensar material para escribir momentos de mi novela.
P.: Otro de los temas de "Arab jazz" tiene que ver con las drogas, que la relaciona con el narcotráfico pero también con ciertas experiencias religiosas, y hasta con la creación de una droga sintética, la que bautizan Godzila o la voluntad de Dios.
K.M.: Siento una gran conexión con los novelistas estadounidenses de la modernidad, como Philip K. Dick o Breat Easton Ellis, para los que la droga ha tenido un papel importante, en Francia, y diría que en Europa continental, falta esa dimensión de la realidad en la literatura, cuando en realidad son países donde circula la droga de manera parecida. A mí no sólo me interesa hablar de lo que significa drogarse sino también de la experiencia sensorial, qué se siente al consumir las drogas. Hay una relación entre las drogas y la experiencia religiosa, de eso se ha hablado mucho y tiene tradiciones ancestrales. En el caso de Ahmed, el protagonista de "Arab jazz", combina una droga suave, la marihuana, y el psicoanálisis para buscar emerger de sus traumas. Entre la alienación y la liberación, elige la liberación. En cuanto a la droga sintética que él crea es fundamentalmente una metáfora de la religión, un guiño a la frase de Marx sobre que la religión es el opio de los pueblos. Hay un cierto parecido entre el dealer y el sacerdote porque los dos le hablan a ese vacío vital, a esa pérdida de sentido existencial, que se ha ampliado en la sociedad moderna, llenar ese vacío, y logran a través de eso dinero y poder. Comercian un producto que encaja perfectamente con un público hambriento. En mi novela le digo a cada lector que el arte en general y la literatura en particular es lo único que nos puede salvar como individuos. Por lo menos en mi caso, siento que la literatura me salvó, y lo que me hizo ser lo que hoy soy, y mi modo de relacionarme con el mundo. En esto no he sido muy original, pero es verdad.
P.: Luego de los premios, las giras internacionales, las ediciones en diversas lenguas, ¿qué está haciendo?
K.M.: Resistiendo a las presiones de una nueva novela. A propósito salté de género. Escribí un ensayo sobre la cuestión de la identidad, de la pertenencia, de la violencia de saber a qué identidad uno pertenece. Mi vida me ha colocado en la confluencia de varias identidades, mi madre francesa, mi padre mauritano, mi madre marxista atea, mi padre musulmán, como se ve muchas influencias que instalan en la cuestión de elegir. Siempre hubo en mi familia una demanda y una expectativa de que yo me decidiera por algo en el camino político y religioso, y yo siempre busqué escapar de eso. Si bien hay identidades y son importantes, considero que el tema es muy complejo, y que resulta valioso no encerrarse en una sola identidad. La globalización con su magnitud tiende a crear en algunas personas un efecto contrario, lleva a encerrarse en su tribu. Mi nuevo libro quizás sea una guía de cómo sobrevivir en un mundo tan complejo y no perderse a sí mismo, y no tener miedo de encontrarse con el otro.
Entrevista de Máximo Soto


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