La obra de Hockney se adueñó de París

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La retrospectiva, que viene de la Tate Gallery de Londres y continuará en el Museo Metropolitano de Nueva York, bate record de visitantes.

París - El Centro Pompidou presenta en estos días la más completa retrospectiva del británico David Hockney (1937). A través de más de 200 obras este extenso panorama descubre un pintor capaz de transmitir la felicidad que depara el quehacer artístico. La muestra es una fiesta para el espectador, llegó de la Tate de Londres -donde batió el récord de visitantes- y partirá hacia el Metropolitan de Nueva York para celebrar los 80 años de un artista cuyos cuadros se cotizan en varios millones de dólares.

Con un oficio pulido y el brillo de sus conocimientos académicos, Hockney se mueve como pez en el agua por la historia del arte, investiga las técnicas y estilos más diversos con curiosidad inagotable, desde la pintura renacentista hasta la fotografía, el video y los dibujos en iPad o iPhone. Durante sus seis décadas de trayectoria no renunció nunca al humor ni al placer de la pintura. "El arte está hecho de alegría", sostiene Hockney al comienzo de la exposición. Y para confirmarlo, agrega en el catálogo: "Picasso trabajaba todos los días. Matisse trabajaba todos los días. Así son los artistas".

Al ingresar a la primera sala de exhibición se divisa la famosa pintura "Pileta con dos figuras" (1972). Allí bucea un nadador entre los reflejos ondulados del agua, mientras en el borde de la pileta y con gesto contenido, lo observa un personaje bello, joven y rubio, con un llamativo saco rojo. La serie de piletas de Los Ángeles revela la libertad ganada por Hockney para representar los temas de su declarada homosexualidad. En "Baño de sol" hay una pileta en primer plano y sobre el borde, un joven desnudo acapara todo el sol y la luminosidad californiana. Allí desdeña el puritanismo británico y colecciona imágenes de fisicoculturistas con los músculos trabajados. También en California vivió el escritor Christopher Isherwood, autor de la novela "Goodbye to Berlin" sobre la que se basaron el musical y la película "Cabaret", y protagonista de uno de sus memorables retratos.

En Los Ángeles Hockney cambia el óleo por la pintura acrílica, material que trabaja con la densidad de la acuarela para acentuar los efectos ópticos, las transparencias del agua y de la atmósfera. Un crítico de EE.UU. señala entonces con sorpresa: "Tenía que venir un británico para pintar la arquitectura modernista, las palmeras, los jardines y piscinas". Pero el "británico" supo pintar con estilo las sensaciones que depara el paisaje. "Gran Splash" representa, con la punta de un trampolín y una sencilla mancha blanca que se recorta sobre el cielo, todo el vértigo y la frescura de una poderosa zambullida.

La exhibición está dividida en capítulos, algunos, como "Demostración de versatilidad", configurada por una larga serie de dibujos e intensos retratos, dejan a la vista el talento de Hockney, quien observa al respecto: "He querido probar que soy capaz de hacer cuatro tipos de pintura totalmente distintas, como Picasso". Luego, en el capítulo "Recordar a Picasso" declara abiertamente su admiración. La serie "Confrontando el formalismo" demuestra su ingenio: encuentra las formas rígidas de la geometría en los regadores de un jardín y pinta una imagen tan formal como juguetona. Al dominio del color, la forma y la belleza, el artista agrega la potencia de sus ideas. En la serie "Después del cubismo" utiliza la fotografía Polaroid para dividir varios retratos en pequeños fragmentos que luego volverá a unir, sin resignar el carácter individual de cada uno. Y con este método recrea el collage: la esencia del movimiento cubista.

Hockney diseñó la escenografía de varias óperas, entre otras, de Mozart, Richard Strauss, Stravinsky, Poulenc y Ravel. Plácido Domingo le encargó en 1994 los vestuarios y la escenografía para doce óperas en la ciudad de México y trabajó además para el Royal Court de Londres, La Scala y el Metropolitan de NYC, entre otros teatros. Entre 1996 y 2005 pintó los paisajes monumentales del "Gran Cañón" y "La campiña de Yorkshire", su tierra natal.

La retrospectiva culmina con la misma coherencia y desenvoltura de los inicios. Los jardines pintados entre los años 2008 y 2016 están cruzados por unas terrazas profundamente azules que traen el recuerdo de las piscinas.

En "Jardín Número 3", el resplandor de una pequeña maceta roja descansando sobre la balaustrada, exalta el esplendor de los verdes y los azules. Lejos de declinar el virtuosismo se acentúa.Antes de salir el espectador enfrenta un graffiti pintado y firmado por el propio Hockney, que dice: "Love Life. D.H."

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