20 de octubre 2009 - 00:00

La ofensiva narco puso abrupto fin a la fiesta de Río

Río de Janeiro - Tras dos semanas de fiesta y sentimiento de triunfo, la sangrienta batalla entre policías y narcotraficantes que dejó al menos 15 muertos este fin de semana revivió una vieja pregunta: ¿es posible pacificar Río antes del Mundial de fútbol de Brasil 2014 y de los Juegos Olímpicos de 2016?

El baño de sangre que estalló a raíz de una guerra entre facciones rivales por el control del comercio de drogas en la favela Morro dos Macacos demostró que la tarea será mucho más difícil que lo imaginado.

Según los analistas, pese a la intensa represión ejercida desde el año pasado por las autoridades cariocas, las bandas criminales siguen mucho mejor armadas y mucho más organizadas de lo que se creía. Ese temor se agudizó ayer, ante el anuncio hecho por la Secretaría de Seguridad Pública de Río según el cual hay indicios de que el intento de invasión de Morro dos Macacos se produjo a raíz de una orden enviada por delincuentes que están arrestados en el penal de máxima seguridad de la sureña ciudad de Catanduvas, a unos 1.300 kilómetros de la «Ciudad Maravillosa».

El ministerio brasileño de Justicia aseguró que no hay indicios de que ello haya ocurrido. Pero, si se confirma la sospecha, ello revelaría una peligrosa vulnerabilidad del penal inaugurado en 2006, donde los reclusos permanecen en celdas individuales sin contacto alguno con el mundo exterior y son monitoreados constantemente por 200 cámaras de vigilancia.

El poderío del arsenal en manos de los narcotraficantes, por otra parte, quedó demostrado el sábado, cuando, por primera vez en la historia, un helicóptero de la policía fue abatido por los delincuentes con disparos de armas pesadas, posiblemente ametralladoras o un fusil 762, según el secretario de Seguridad Pública de Río, José Mariano Beltrame.

Un antecesor de Beltrame en el cargo, el politólogo Luiz Eduardo Soares, advirtió ayer que la única forma de ganar la guerra contra el narcotráfico es frenar el flujo de armas pesadas que llegan constantemente a los delincuentes.

Cambio

«El foco debe estar en las armas», sostuvo Soares, quien agregó que una real pacificación de Río requiere de un cambio radical de la actual política de seguridad pública y de una participación más activa de la Policía Federal y de las Fuerzas Armadas en el combate al tráfico de armamentos por carreteras, por aviones y por barcos. Además, opinó que la recuperación por el Estado de territorios hoy controlados por narcotraficantes requiere de una reestructuración de las fuerzas policiales que incluya un aumento salarial para los agentes, cuyos salarios hoy son inferiores a 500 dólares por mes.

El politólogo también criticó la conducta «irrespetuosa y prejuiciosa» de la Policía frente a los habitantes de las favelas controladas por narcotraficantes, y recordó que tres de las víctimas de la guerra del último fin de semana eran jóvenes trabajadores, lo que desmiente las aseveraciones iniciales de Beltrame, quien había asegurado que todos los muertos civiles eran delincuentes.

Preocupado por las repercusiones internacionales del baño de sangre, el gobernador del estado de Río, Sergio Cabral, aseguró que la batalla del sábado reflejó la «desesperación» de las bandas de narcotraficantes frente a la dura represión policial que, en los últimos meses, logró expulsar a los delincuentes de cuatro de las cerca de 900 favelas de Río.

«Vamos a continuar con nuestro trabajo para que Río de Janeiro esté pacificado antes, durante y después de los Juegos Olímpicos», aseguró Cabral. Soares, sin embargo, opinó que los sangrientos incidentes del último fin de semana no reflejan el éxito, sino el fracaso de la estrategia adoptada para combatir la criminalidad.

«Lo que ocurrió fue lo mismo que ocurre desde hace décadas: una guerra entre grupos rivales por el control del comercio de drogas en una comunidad pobre. Si la estrategia actual estuviera siendo exitosa, eso no habría pasado», sostuvo.

De hecho, intentar sobrevivir a frecuentes conflictos armados es una tarea rutinaria para los cerca de 2 millones de cariocas que viven en las favelas controladas por delincuentes de tres diferentes facciones rivales -Comando Vermelho, Tercer Comando y Amigos de los Amigos- o por milicias formadas por policías y ex policías dedicados a la extorsión.

Los habitantes de Morro dos Macacos, por ejemplo, festejaban ayer la inusual masiva presencia de la Policía en su comunidad como una oportunidad de vivir unos días de tranquilidad tras la pesadilla.

«Éste ha sido el ataque más dramático que he visto en 30 años, pero ahora la situación es normal», dijo el jubilado Geraldino Felisberto, quien a los 55 años espera que la paz pueda regresar en forma permanente a su comunidad mucho antes del Mundial de 2014 o de los Juegos Olímpicos de 2016.

Agencia DPA

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