La otra elección: tesis sobre cuándo elegir a jefe del PJ

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"¿Cuánto valemos ahora y cuánto valemos después de la elección?". Julián Domínguez echó a correr la pregunta y puso en palabras lo que para un sector del PJ aparece como la necesidad: encaminar, antes de las legislativas -primarias y generales- la elección la nueva cúpula peronista que está desde el año pasado en un limbo judicial.

El jefe de los Diputados nacionales lo dice porque pretende convertirse en el futuro mandamás del PJ bonaerense, pero refleja la demanda de caciques y caciquejos que ven que la hibernación partidaria puede prolongarse y ser, más adelante, un perjuicio mayor.

Casi siempre obediente, Domínguez lanza el interrogante sobre cuándo votar en el PJ a pesar de que Cristina de Kirchner ordenó dormir hasta fin de año el expediente partidario aunque se atribuye a Máximo Kirchner ser el promotor de "reperonizar" el dispositivo K.

Por pragmatismo u ortodoxia, el vástago presidencial impulsa una amnistía o tregua general -con unas pocas pero dramáticas exclusiones- y la ampliación a espacios y dirigentes volátiles como lo hizo su padre, Néstor Kirchner, luego de la derrota de 2009.

Con su interrogante, Domínguez -un animanista diría que su presencia en Casa Rosada es permanente a través de la virgen que obsequió a Cristina de Kirchner y reposa en el despacho presidencial- abre una puerta de intrigas al advertir que luego de octubre las acciones del peronismo K podrían estar en baja.

Debajo de su estilo ceremonioso y protocolar, trasluce la posibilidad de un resultado indeseado para el Gobierno. Sin decirlo, pone el foco en la variable de que Sergio Massa aparezca en la grilla de candidatos, desordene el statu quo y genere una elección que acelere la debacle K.

Es una mirada pretenciosa, pero un operador del tigrense suele decir, no detalla si para anticipar que jugará o para justificar que dejará pasar el turno, que "si Massa gana en octubre, Cristina se cae". Dicho así parece una exageración.

El peronismo bonaerense K puede, a partir de ahí, buscar atrincherarse en la cúpula del partido para tener, llegado el caso, un refugio ante un cambio de viento. Esa es la razón por la cual, retórico, Domínguez pregunta cuándo es oportuno votar para elegir al reemplazo formal de Alberto Balestrini que ocupó temporalmente Hugo Moyano y ahora ostenta Cristina Álvarez Rodríguez.

Reactivación

En diciembre pasado, avisada de que había riesgos de acefalía o de intervención judicial, Cristina de Kirchner autorizó la reactivación del Consejo del PJ para convocar al Congreso y la postergación de los mandatos que vencían a fin de año hasta el 31 de marzo, pero dejando, en el mismo documento, la opción de tener que adaptar el cronograma electoral en caso de que se haga a nivel nacional.

Los plazos para votar el 31 de marzo, fecha que hermana la elección partidaria nacional, la bonaerense y la porteña, ya se agotaron. La convocatoria para votar se debe hacer con 60 días de anticipación, por lo que tendría que haberse hecho a fines de enero. No se hizo.

Tanto el PJ bonaerense como el porteño supeditaron su propio calendario a las disposiciones del Consejo nacional. Como en ese organismo, convertido en un espejismo desde mayo pasado, no hubo novedades, tampoco las hubo en los demás.

Esa quietud confirma la alternativa más extendida: que no se elijan autoridades hasta fin de año, una vez pasada la elección, y que cuando se haga, sea en paralelo a nivel nacional y provincial. Por eso sorprendió la pregunta que hizo circular Domínguez.

Los que entienden que sería inoportuno ese movimiento, dicen que generaría una discusión en el momento menos indicado: a semanas del cierre de listas, ante lo cual los excluidos del PJ serían empujados a armados ajenos, en particular Massa, que le escapa a la "primaria" porque la presume una emboscada.

Al margen de Domínguez, a quien algunos K ven demasiado apresurado en su pretensión de convertirse en jefe del PJ bonaerense como escala previa a la gobernación en 2015, aparecen otros interesados en el sillón partidario.

Fernando Espinoza, alcalde de La Matanza, fue uno de los primeros en confesar sus ganas de emular a Alberto Balestrini, al frente del peronismo de Buenos Aires. Otro nominado es Jorge Ferraresi, el intendente de Avellaneda, motorizado por sectores K y con un guiño de Amado Boudou.

Espadones

Ambos alcaldes, vecinos en el poderoso conurbano sur, parecen los espadones ideales para que luego aparezca una figura que los englobe y los unifique.

En paralelo, se deslizó una teoría parecida meses atrás desde las cercanías del vicegobernador Gabriel Mariotto, como parte de una avanzada para "cercar" a Scioli, iniciativa que en los últimos meses dio lugar a una pacífica tregua que permite, para guardar las formas, periódicos espasmos de estudiada indignación del vice como su tardío reproche a la cena que, meses atrás, tuvieron en La Ñata Cobos y el gobernador.

Un dolor del alma para Mariotto, a quien acusan, con saña, de ser "el Cobos de Scioli".

El sciolismo ha dicho, a su vez, que aunque no aparece entre las prioridades de Scioli, podría proponer un esquema simultáneo de Cristina de Kirchner como jefa del PJ nacional y el gobernador en la filial bonaerense. Eso no ocurrió en tiempos de Kirchner, que puso a Scioli como su número dos en el consejo federal pero lo excluyó del consejo provincial.

En la despedida del año pasado, el gobernador dijo que eso dependerá del partido.

La idea de entronizar a la Presidente en el partido no tuvo eco antes y difícilmente lo tenga ahora. Aunque en los últimos meses tuvo un giro peronizador, en Casa Rosada se considera casi imposible que, "al menos ahora", decida asumir institucionalmente la jefatura del PJ.

En ese punto, el planteo de Domínguez adquiere otra dimensión. Ahora, si quisiera, Cristina de Kirchner sería nominada a mano alzada al frente del partido, pero a fin de año, si octubre arroja una elección no del todo buena, esa posibilidad podría aparecer menos clara.

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