31 de marzo 2010 - 00:00

La pelea nuclear acerca más a Irán

A pesar de las presiones de Washington, Londres y las Naciones Unidas, el Gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva sigue apoyando a Irán en temas de política nuclear. Como un trapecista que hace equilibrio en circo ajeno y, para peor, sobre una soga enjabonada, el Gobierno brasileño no sólo defiende al Estado persa con el argumento de que no hay que aislarlo como hicieron antes los países occidentales con Irak. También se niega a firmar un Protocolo Adicional al Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP), que impone mayores controles sobre el programa nuclear brasileño y que explicaría, además, que ese aval de Brasilia a Teherán no es tan inocente ni desinteresado.

«El Protocolo Adicional promovido por la AIEA (Agencia Internacional de Energía Atómica de Naciones Unidas), es una iniciativa liderada por los EE.UU., que en su momento, la Argentina y Brasil, suscriptores a su vez del acuerdo argentino-brasileño de Contabilidad y Control de Materiales Nucleares (ABACC, 1991) no quisieron firmar», explica a Ambito Financiero el analista Fabián Calle. Por ese Protocolo, las instalaciones nucleares de los 107 países que ya lo firmaron, más los 73 que lo ratificaron pueden ser inspeccionados sin previo aviso por enviados de la AEIA.

Tanto Calle como otros expertos en temas nucleares no descartan que la Argentina firme finalmente ese Protocolo Adicional. Esa sería la carta que la presidente Cristina de Kirchner llevaría a la cumbre presidencial de Seguridad Nuclear en Washington, convocada por Barack Obama para el 12 y 13 de abril, y que no sólo diferenciaría a la Argentina de Brasil sino que rompería la yunta regional del ABACC. «La Argentina está cansada de que Brasil no la consulte y se corte sólo en cuestiones nucleares», dicen en círculos atómicos locales. «Llegó la hora de dejar de ser el escudero del vecino en asuntos que hoy, internacionalmente, nada nos reportan», agregan.

La cumbre de Washington prologará a la Conferencia de Revisión del Tratado de No Proliferación Nuclear de mayo en Ginebra, un cónclave quinquenal que reúne a los representantes de 189 países. Allí el tema seguirá siendo Irán, la oveja negra que, a pesar de haber firmado el TNP y el Protocolo Adicional en 2003, no se aviene ni a ser inspeccionada ni controlada en sus procedimientos nucleares.

En Brasil, mientras tanto, el ministro de Asuntos Estratégicos, Samuel Pinheiro Guimaraes, dijo a O Estado de Sao Paulo que firmar el Protocolo «sería sumamente grave desde el punto de vista de la soberanía nacional». La semana pasada, en una conferencia en el CARI Pinheiro ya había planteado sus objeciones a un mayor control: «El TNP fue suscripto ante la posibilidad de catástrofe con tres fines: desarme nuclear, no proliferación y desarrollo científico. Pero los países nuclearmente armados no cumplieron desde un principio con ese objetivo. ¿Y nosotros? Nos quedamos en la periferia y además, siempre cumplimos con nuestras obligaciones.»

Casi en simultáneo, el canciller británico, David Milliband, publicó un artículo en el International Herald Tribune en el que pedía a Brasil y Turquía que mostraran «determinación» en el tema Irán. A su vez, en la revista Newsweek, James Rubin, ex vocero del Departamento de Estado durante la presidencia de Bill Clinton, conminó a Brasil a que se sume a las sanciones contra Irán.

Esos pedidos, por ahora, cayeron en saco roto. Brasil acaba de aceptar la invitación del Gobierno de Mahmud Ahmadineyad para una Conferencia sobre Desarme y No Proliferación en Teherán a llevarse a cabo el 17 y 18 de abril. La contracara de la promovida por Obama para unos días antes en Washington. También, claro, un desafío para los equilibristas. Tanto para los iraníes como para los brasileños, a los que se les ha dado por actuar, sin red a la vista, y en un circo que todavía les es ancho y ajeno.

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