La peor carta para Callejón

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«La mejor carta» de G. RoDir.: E.Medela. Int.: M. F. Callejon, C. Sancho. Esc.: F. Lozano. Ilum.: S. Fernández (Broadway 2).

Si detrás de todo gran hombre hay una gran mujer, también podría ocurrir que detrás de toda gran empresaria haya un hombre de gran fortuna, dispuesto a ayudarla en todos sus emprendimientos. Al menos, esto es lo que sucede con Sandra Bellini, una alta ejecutiva del rubro ropa interior y estética femenina, que pese a su orgulloso perfil de self-made woman, debe su actual status al hombre que hace dos décadas la rescató del fango.

María Fernanda Callejón compone a esta exitosa ejecutiva de acuerdo a un estereotipo de mujer fálica y seductora que resulta muy inconsistente. La actriz y ex vedette va y viene por el escenario vestida con elegancia y discreción (sólo lleva la espalda descubierta), pero los anodinos discursos que tiene a su cargo revelan un nulo conocimiento del ambiente que pretende evocar. Esto ya se pone de manifiesto en la desabrida entrevista telefónica que le hace un periodista norteamericano para una publicación de negocios. Sin que venga a cuento, el hombre insiste en explorar la vida amorosa de su entrevistada como si trabajara para una revista farandulera. El recurso apunta, obviamente, a proyectar una sombra de sospecha sobre esta mujer que se niega a hablar de su pasado.

«La mejor carta» pronto abandona sus pretensiones de comedia glamorosa para introducir un enigma en la trama con la sorpresiva aparición de Joaquín Alvarez Toledo, un vistoso abogado interpretado por Christian Sancho (sin aportar más que eso: belleza y juventud) que será el encargado de entregarle a Sandra una carta que ella, al principio, se niega a aceptar.

De allí en más se acumulan incoherencias y contradicciones destinadas a sostener -como sea- el enigma que vincula a estos dos personajes. Pero como éste está relacionado con una figura masculina primordial para ambos -por la que van a discutir largamente- no se entiende el sentido de tanto ocultamiento previo.

Sobre el final Sandra confiesa su verdad cargando las tintas con una historia folletinesca que abusa de todos los clichés (abuso infantil, embarazo en la adolescencia, novio golpeador y experiencia prostibularia motivada por la pobreza).

A Callejón se la ve muy sola en el escenario y obligada a lidiar con situaciones poco creíbles y escenas de llanto que hubieron requerido de una dirección de actores mucho más experimentada. Era esperable otro rendimiento luego de su interesante experiencia como actriz dramática en la película «Sofá-cama».

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