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La pintura, protagonista del arte de Ventimiglia
Ventimiglia trabaja con genuino virtuosismo el esmalte, controla el proceso de secado y luego aumenta poco a poco el volumen de sus gotas (derecha); pero también hay obras que ella define como “fallidas”, en las que los colores caen libres sobre la tela (izquierda).
Los cuadros representan literalmente gotas, goterones de pintura en estado líquido que se han vuelto sólidas, se han quedado estáticas en el justo momento en que se aprestan a caer y derramarse. Ventimiglia trabaja, a veces durante un año, capa sobre capa de pintura, gota sobre gota derramada sobre el soporte de la tela, inclinándola hasta el límite para que la forma del goterón no se rompa.
El título de la muestra es "Abrazo" y la artista desistió de las palabras de presentación, dejó libradas las obras a su suerte y apenas si las acompaña la siguiente cita de la escritora estadounidense casada con Paul Bowles, Jane Bowles, que dice: "Ahora tengo más control".
Ventimiglia reconoce el parentesco lejano de su obra con el dripping, los accidentes controlados de Jackson Pollock y, con el mucho más cercano artista Eduardo Costa, con sus frutos, flores y naturalezas muertas realizadas con el -real- volumen del óleo.
En sus obras, la pintura industrial brinda un resplandor especial, algunas son monocromáticas y están centradas en el efecto de la chorreadura como cuestión esencial. "El volumen es pura pintura suspendida sobre la tela", aclara la artista, mientras ejerce presión sobre una gota para mostrar la elasticidad del material.
El color, la textura, el aspecto fluido de la pintura y la serie de procedimientos propios de Ventimiglia, abren un horizonte imaginario que se presta a las más diversas interpretaciones. Si bien el material, la pintura industrial, puede asociarse al más frío mecanicismo, el espesor de la forma posee una sensualidad y una condición casi orgánica que se percibe a simple vista. La artista pone en primer plano la pintura y elude las palabras para abrir el universo interpretativo. En la exposición colectiva del Premio del Banco Central, su obra, un goterón rojo como la sangre, se destacaba del conjunto por la referencia clara y ostensible al material.
Dueña de un oficio pulido, Ventimiglia trabaja con genuino virtuosismo el esmalte, controla el proceso de secado y luego, con la paciencia de un artesano engorda poco a poco el volumen de sus gotas. La superposición de capas de material, su peculiar procedimiento coincide con la superposición de significados. Las obras transmiten las más diversas sensaciones, aquellas que embargan a los artistas desde los inicios la historia de la pintura. En la exhibición actual, la gramática del material coincide con las formas de la imagen y ambas se derraman juntas en ese campo de acción que configura la tela.
La artista incorporó, decidida, la abstracción, siguiendo el dictado de un material que en sí mismo constituye la obra. Y de este modo amplió el territorio expresivo, en los cuadros predominan los aspectos visuales, sensoriales, hedonistas, lúdicos y, también, eróticos.
No obstante, más cerca del accidente que de la perfección mecánica o industrial, Ventimiglia presenta un grupo de obras "fallidas". Allí corrige las rupturas de la materia, provoca desviaciones y, en medio de estas idas y vueltas, los colores caen libres sobre la tela, como metáforas de la pintura, con su brillo espeso, luminosos como una joya.
Esta serie de cuadros "imperfectos" son el resultado de la ambigüedad del motivo y los desplazamientos adoptan formas poéticas. La obediencia a los dictados del material se percibe como una respuesta casi programática a los saberes del oficio. El trabajo responde de este modo a la memoria artística, al conjunto de los conocimientos que consolidan el trabajo de Ventimiglia. Es la búsqueda eterna del arte, la obsesión de encontrar ese "milagro" que desde hace siglos produce la pintura.
Lorena Ventimiglia es astróloga egresada de Casa XI y directora de arte de varios largometrajes cinematográficos. Ganó fama como retratista cuando en el año 1998 la Casa Real Española le encargó los retratos de los monarcas y delfines que ingresaron entonces en la Colección Real Española.


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