27 de julio 2015 - 00:00

La pobreza como creación del Estado

Según el Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF), hasta septiembre de 2014 el Tesoro Nacional financiaba su déficit con pesos del BCRA, pero creció tanto la emisión monetaria -hoy daría una proyección anual de $ 250.000 millones- que el Central tuvo que esterilizarla vía bonos, Letras y Notas, y aun así la suba del IPC (la "inflación") ronda el 27% anual. El stock de títulos del BCRA llegaba al 45% del stock de depósitos privados a plazo fijo en enero de 2014, subió hasta el 87% a fines de febrero pasado para luego bajar al 74% a mediados de junio.

Por otra parte, la colocación de bonos del Tesoro ya ha tomado unos $ 30.000 millones, aproximadamente, pagaderos en 2016. Y todo esto -endeudándose- pagando tasas altísimas del orden del 28%-29% anual. Y el déficit fiscal se sigue incrementando. Pero dejemos de lado lo que se les quita a los trabajadores por vía de depreciación de la moneda (la "inflación") y por vía de endeudamiento estatal que presiona a una suba de tasas y, por tanto, al encarecimiento del crédito popular. Concentrémonos en lo que se les va en impuestos.

Según el IARAF, la presión tributaria en la última década aumentó casi el 50% y en 2014 llegó al 35,1% del PBI. Así, en 2015 lo que se lleva el fisco llegará a estar entre el 47% y el 62% del ingreso total de una familia asalariada, es decir, que un trabajador asalariado formal trabajará entre 173 y 225 días, según sus ingresos, para financiar a los tres niveles de gobierno.

Ahora, estos cálculos se refieren a lo que formalmente debería pagar un trabajador directamente al fisco y no tiene en cuenta la parte más importante que es que los impuestos, aun cuando teóricamente estén dirigidos a los más ricos, son derivados hacia abajo. Un empresario, por ejemplo, los paga subiendo precios, bajando salarios, etc. Entonces, además de los impuestos formales, los pobres pagan los de los ricos vía aumento en el costo de vida y baja de remuneraciones. Dicen que estos fondos vuelven en asistencialismo, pero qué sentido tiene quitarles para devolverles lo que queda tras pasar por la burocracia.

El aumento de la presión tributaria llevó a una suba de la recaudación fiscal del 39,2% interanual en junio pasado, llegando al récord de $ 140.838 millones. Como vimos, es sobre los pobres sobre quienes con mayor fuerza cae la presión tributaria y si a esto le sumamos el "impuesto inflacionario", el costo por el encarecimiento del crédito y la menor productividad de la economía, no estaríamos muy fuera de la realidad -y hasta nos quedaríamos cortos- si atribuyéramos a los pobres toda la recaudación que se lleva el Estado.

Según el Barómetro de la Deuda Social, de la UCA, el 28,7% de la población quedó en 2014 bajo la línea de pobreza, unos 11 millones de personas. De acuerdo con los técnicos de ATE-INDEC, la canasta básica total (que marca la línea de pobreza) costaba a fin del año pasado $ 6.384. Entonces, si tomamos la recaudación y la dividimos por los pobres que calcula la UCA -más que los que admite el Gobierno- nos quedan $ 12.800 mensuales para cada pobre, y a una familia tipo de cuatro personas le corresponde el cuádruple, es decir, unas ocho veces la canasta básica total.

O sea, si el Gobierno dejara de recaudar impuestos, los pobres desaparecerían -y no es descabellado creer esto-, aunque tendrían que hacerse cargo de toda la obra "pública". Pero es más eficiente que cada uno pague, por caso, el peaje en las rutas que utiliza antes que pagar hasta las que no usa a través de una burocracia estatal que se come buena parte. Corolario: a quién se le ocurrió que la violencia -cuyo monopolio se arroga el Estado y con el cual coacciona al mercado- puede construir algo cuando sabemos que sólo destruye.

(*) Miembro del consejo asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California.

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