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La política decorada
Dos Martín y dos vedettes. Dos dirigentes sub-55 y dos bombas del erotismo. Uno suena como candidato a gobernador por algún partido; el otro es sermoneado por un periodista por ser un hombre “valiente” del que “mucha gente tiene necesidad”. Se levantan en el peronismo, el movimiento que aportó a Isabelita a la Presidencia, los bustos para decorar la era poskirchnerista.
Insaurralde se encontraba en el estudio. La cámara lo enfocaba de manera intermitente. "¿Sabe si se va con Scioli o con Massa?", le preguntó Tinelli. Risitas. Cirio le informó sobre otro compromiso previo: se iban a casar. La modelo no pudo más de la emoción y le contó a Tinelli, a su público, al país, que habían cumplido un año y, por tal motivo, viajaron a Chile. Estaban en un restorán. En ese momento no pidieron la carta ni los vinos, porque Insaurralde se levantó y le dijo: "Permiso, voy al baño". Y ella, sorprendida, debió pensar, ¿al baño? Sí, al baño, pero su novio regresó de inmediato con un anillo. La ceremonia de entrega tuvo su música funcional. Insaurralde le pidió al dueño del restorán que pusiera una canción de Ricky Martin, "Lo mejor de la vida eres tú". Qué romántico, debió pensar Tinelli. Primer plano otra vez para Insaurralde: "Le dije: 'Mi amor, te amo, nos casamos en noviembre'", y ella, otra vez enfocada, repitió el gesto: sí, sí, claro, en noviembre.
Tinelli se puso a organizar la boda. El gran conductor comenzó a formular las invitaciones por teléfono. Nacha Guevara, la ex Evita del musical que trató de responder en clave nacional y popular al que habían escrito en Londres Andrew Lloyd Weber y Tim Rice, y que, en otra de sus múltiples conversiones, ahora es jurado de ShowMatch, le sugirió a Tinelli que, primero, se comunicara con Scioli. El gobernador, naturalmente, atendió su celular.
-Toda la felicidad a Jesica y Martín que se lo merecen -dijo.
-Vas a estar, ¿no? -quiso saber la corista.
Y, de repente, entró al estudio el "doble" de Insaurralde.
-¿Por qué no le contás de lo que hablamos hoy, Dani?
Scioli se vio obligado a responderle, como si conversara con el "original".
-Cosas muy importantes, de poner el hombro al país.
Allí estaban, Insaurralde e "Insaurralde", borrando las diferencias entre realidad y simulacro. Tinelli regulaba las distancias entre lo verdadero e impostado. Le siguió el turno telefónico a Mauricio Macri, quien se ofreció para hacer de Freddy Mercuri en la boda.
-¿Me llamás para pagarme la apuesta? -lo toreó Massa al maestro de ceremonias, cuando le tocó su turno. Lo que estaría en juego es el futuro del novio: su cambio de bando.
Por último, le tocó a Aníbal Fernández. El senador kirchnerista saludó a Insaurralde y prometió apoyar a Tinelli como presidente de la AFA. CFK, que tiene su propio sentido del espectáculo (los actos en los que funge de percusionista junto con Fuerza Bruta y hasta se acompaña de Moria Casan, estrella de la comedia picaresca bajo la dictadura), se negó a atender el teléfono y degradar su investidura.
Jesica Cirio bailó después una canción de Walter Olmos junto a su compañero de pista, que hacía de sacerdote. "No entiendo por qué están vestidos así", dijo Guevara, al hacer un balance de la coreografía.
Política y artificio, violencia y sexualidad, lealtad y sometimiento, son temas recurrentes en la ficción cuando tematiza al peronismo. Basta recordar "El simulacro", de Jorge Luis Borges, "El fiord", de Osvaldo Lamborghini, "Evita vive", el cuento maldito de Néstor Perlongher, o la "Eva Perón" de Copi. En esta última obra que se estrenó en París en 1970, cuatro personajes la acompañan en su lecho terminal: su madre, una enfermera, Perón y un único personaje ficticio, Ibiza. Eva se reserva, sobre el final, un sorprendente giro: no tiene cáncer, todo es una representación que ella misma dirige, un ardid para escapar de Perón y el lugar que ya le habían asignado, embalsamada, en el panteón de los héroes. Un plan de fuga. Evita huye disfrazada de enfermera, con su capa y sombrero. Cambia de hábitos. Cirio, cuando se los quita en ShowMatch (primero la toca blanca, después la túnica negra, y así...), para mostrar un cuerpo esculpido, cinético y ofrendado a su macho político, tiene, de forma no premeditada, algo de evitismo paródico, un remanente que resignifica el relato de una mujer de "otro origen" (en este caso, el show erótico, en el cual supo alguna vez "hacer" de enfermera hot) asociada a un hombre que quiere ascender en los manejos del Estado. Y, mientras se menea y abandona definitivamente los signos que porta su indumentaria (castidad, pobreza, obediencia y la clausura), parece burlarse también de las convenciones que separan realidad y mascarada.
II
El caso Salazar es de otro orden de la transfiguración. Llegó al programa de Guillermo Francella con la carta de presentación de la familia política de Palito Ortega, que entonces era la parte cantabile del menemismo. La historia de su permanencia mediática es, a su vez, la de sus pasos por el quirófano y el gimnasio, que fueron aumentando el volumen de los pechos, la tonicidad de sus piernas, la dureza orgullosa de sus glúteos, la forma espigada de su nariz, el color de su cabello, el dibujo de sus pómulos. Fue arte y parte de las cámaras sorpresa de Tinelli en las que siempre eran burlados trabajadores a los que se los pescaba infranganti en su condición de voyeuristas. Llegó a tener un ciclo en el canal de Playboy, "Luli in love". Fue reina de Viña del Mar. La filmaron como enfermerita libidinosa. Hizo públicas sus fantasías lésbicas ("Si Madonna me dice de pasar una noche con ella, ni lo dudo"). Grabó un disco pop ("Mi profesora de canto dice que tengo todas las condiciones de ser una especie de Madonna argentina"). Casi siempre Louise Veronica Ciccone ("Es que nosotras dos nos parecemos: somos rubias, chiquititas, sexuales, talentosas y transgresoras"). Su proyección no tenía fronteras. Luis Miguel. Un tenista. ¿Qué más? "Ahora me encantaría hacer de monja", le dijo a Gente. Cuando la revista le preguntó por las acusaciones de "escandalosa" que había formulado Cirio, Salazar respondió: "Al principio me tiró mala onda, después se me arrimó y fue a la misma esteticista que yo, y ahora vuelve a pegarme". Bailó tango y aquadance. Siete años atrás, durante las elecciones en las que se impuso CFK, lanzó una candidatura inverosímil: "Por un país más sexy, Luli presidenta". Pero la política llegaría a su encuentro con Martín Redrado después que fuera eyectado del Banco Central. Redrado, que había llegado a la televisión como invitado al programa de Bernardo Neustadt en calidad de joven promesa, de Golden Boy, se vio obligado a reivindicar su sexualidad en los tribunales. Agustina Kampfer, la novia del vicepresidente, que era panelista de "Un mundo perfecto", el programa de Roberto Pettinato, había descartado la posibilidad de que el expresidente del Banco Central tuviera un romance con semejante objeto del deseo colectivo. Kampfer tuvo que rectificarse en el Juzgado Criminal y Correccional N° 7. Sus expresiones, dijo, habían sido vertidas "en el marco del personaje y del rol que cumplía en el programa de televisión" y "carecieron de todo rigor periodístico y sustento".
Redrado empezó a mostrarse con la chica que se definía a sí misma como "histérica y puerquita". Al igual que los jugadores de fútbol más cotizados, cuya eficacia es a su vez medida por la belleza de su acompañante, llamada "botinera", el volátil economista y consultor tenía su propio blasón para mostrar. Luli, de a poco, fue borrando las marcas de su pasado. Cambió de hábitos. Redujo sus prótesis y sus insinuaciones. Eligió el camino del recato glamoroso. Ella quiso tener un hijo suyo. El inconsciente traicionó a Martín. Se pelearon. Despechada, Luli contó a la prensa que, durante una charla sobre fertilización asistida con un médico, él dijo que llegaba "obligado". Too much. No lo pudo tolerar. De paso, Salazar criticó al "entorno" de Redrado (sus otros hijos). Recurrió a una palabra cara a las disputas en el peronismo durante los años setenta, cuando los Montoneros diagnosticaban que el general estaba rodeado de personas dañinas. Salazar acusó al economista de ser un maltratador. Massa, ante la insistencia de su esposa, Malena Galmarini, resolvió entonces separarlo de su equipo de selectos asesores, hasta esta semana, en la que el exalcalde de Tigre le regaló una foto. Indulto.
Redrado fue a hacer su descargo ante Nelson Castro, conductor del programa "A juego Limpio". El doctor Castro, con sus acostumbrados ademanes y esa voz de gravedad que merodea el sermón, lamentaba que el dirigente del Frente Renovador pasara por semejantes circunstancias.
-Usted sabe que mi capital es la franqueza. Le voy a contar algo: cuando se enteraron que usted venía aquí, muchos colegas me dijeron, '¿le vas a preguntar sobre la vida privada al doctor Redrado, por Luli Salazar?', y no, no le voy a preguntar, pero lo quiero decir esto...
-Dígame -respondió Redrado.
-... usted es un hombre valioso, y lo que usted hizo al frente del Banco Central cuando defendió el tema de la autonomía fue un hecho institucional importante.
El invitado asintió.
-Usted -prosiguió Castro- pudo haber dicho amén a Cristina y hoy sería el presidente del Banco Central. Usted lo sabe, en aquel momento enfrentó con valentía algo muy difícil, porque enfrentar al kirchnerismo no es fácil. Eso le da un valor. Y yo le confieso que cuando veo temas de la vida privada de un hombre público... (El doctor caviló por unos segundos)... cuando veo que usted, con este antecedente, se ve envuelto en estas cosas, digo, no le hace bien, y ¿sabe a qué no le hace bien?
- ¿A qué? -puso cara Redrado.
-A su proyecto político, del cual seguramente tiene necesidad mucha gente -le dijo Castro.
Y Redrado:
-A veces el dolor se procesa de distintas maneras, y yo soy muy respetuoso del dolor. Sigue el diálogo, no está dicha la última palabra. Queda bastante por conversar, no tome las cosas al pie de la letra.
Y el doctor:
-Yo hago esta reflexión para su cuidado porque hay gente que está viendo en usted a alguien que puede tener responsabilidades de poder en adelante. No se lo voy a decir a usted: la vida privada de un hombre público, lo privado siempre es público.
Y Redrado puso cara de muchas gracias. Fin de la escena.
III
La tensión entre género y política del primer peronismo sería, como se mencionó antes, altamente estetizada en los años setenta. Lo sexual, lo orgiástico, invocaba o alegorizaba a la pareja fundante. Isabel Martínez, que no hizo radioteatro sino que bailó en un cabaret panameño, nunca fue materia de demasiada consideración por los artistas. Careció de interés dramático. El menemismo fue otra revolución en las representaciones y en los símbolos. Hay un caso que prefigura los presentes de Cirio y Salazar: Adriana Brodsky. Saltó primero a la fama como las nalgas de una publicidad de televisores japoneses ("¡Hitachi, qué bien se te ve!"). Luego convirtió al sur de su espalda en atractivo social. Eran fines de los ochenta y componía a la "nena" que visita al manosanta Alberto Olmedo. Carlos Menem ganó y ella contrajo matrimonio con el primer jefe de sus espías, Juan Bautista Yofre. El encargado de mirar todo debió invisibilizar al cuerpo de la rubiecita. Despojarlo de las significaciones anteriores. Ese tránsito de la exuberancia a la ejemplaridad es el que ahora parecen realizar de la mano de dos peronistas conservadores estas dos rubias. Y mientras se visten y revisten, quizás sueñan otra cosa: ser los bustos que decoren la era del poskirchnerismo. Acaso una futura erótica del poder espectacularizado.

