8 de agosto 2014 - 00:26

La política decorada

Dos Martín y dos vedettes. Dos dirigentes sub-55 y dos bombas del erotismo. Uno suena como candidato a gobernador por algún partido; el otro es sermoneado por un periodista por ser un hombre “valiente” del que “mucha gente tiene necesidad”. Se levantan en el peronismo, el movimiento que aportó a Isabelita a la Presidencia, los bustos para decorar la era poskirchnerista.

La política decorada
En 1992 se publica en Estados Unidos "Sex", un libro de fotografías de Steven Meisel que giraban alrededor del cuerpo semidesnudo de Madonna. "Sex" se lanzó al mercado acompañado por un comic book y un cd, "Erotica". El libro fue condenado por parte de los medios de comunicación, grupos conservadores y "antiporno". Las razones de unos y otro tenían que ver con las interpretaciones de las tomas tan sexualmente explícitas. "Hardcore", se llegó a decir. Cuatro años después, esa Madonna encarnó a "Evita", en la película homónima de Alan Parker que se rodó en Buenos Aires y llevó a la chica plástica al mismo balcón presidencial. Un sector del peronismo no se privó de nombrarla con el calificativo equino, el mismo que llegara a recibir la Duarte "real". Ese cambio de puestas en escena de las imágenes femeninas nunca fue patrimonio exclusivo del mundo del entretenimiento. Y menos en estos tiempos de extrema liquidez. Nada impide el paso del "pop show" y el "peep show" a la política. La Argentina ofrece hoy, sorprendentemente, más de un ejemplo. Jesica Cirio y Luciana Salazar, dos modos de orillar el peronismo de cuerpo presente. La primera, como futura esposa de Martín Insaurralde, el candidato que Cristina de Kirchner eligió con su dedo providencial para las elecciones parlamentarias de 2013, y que viene amagando con pasarse a las filas de su rival de entonces, el paladín de Tigre, Sergio Massa. La otra dirime en estas horas, y ante todos, su futuro sentimental con Martín Redrado. Dos Martines y dos chicas de calendario para formar la cuadratura del círculo en el que el espectáculo define ciertos modos de configurar lo público.

"Menemismo. El target noventista de Martín Insaurralde es una ridícula rémora del pasado. Hueco, sin valores, y una vedetonga como compañera", tuiteó Luis D'Elía. El dirigente del barrio El Tambo, que no es un adalid del refinamiento ni la sutileza, calificó a Cirio de "prostituta high class". Y el exintendente de Lomas de Zamora, que por esas horas discutía con Daniel Scioli su pertenencia al mismo espacio partidario, pareció encontrar razones de peso para una eventual migración: "Cansa, sobre todo cuando se mete con mi mujer", le dijo Insaurralde a Jorge Rial, otro de los apellidos de este deslizamiento permanente entre diversión y política.

"Hola Hernán, mi vida. Soy Jesica. Soy tu rubia de Lanús y te estoy esperando. Elegime". A los 16 años, Cirio se postuló como candidata a Diosa Tropical, en el concurso del programa televisivo "Pasión Tropical". Corría 2001. Semejante precocidad le permitió pasear luego su silueta, ya intervenida quirúrgicamente, por los programas de Gerardo Sofovich y el trío humorístico Granados-Peña-Villarreal. Cirio realizaba a la vez presentaciones en discotecas. Bikinis y portaligas como segunda piel. Hasta que se instaló como modelo de lencería y figura mediática. Sobre el final de su campaña publicitaria de cara a las elecciones de octubre pasado, Insaurralde ya la exhibía, sutilmente, como blasón propio (el spot mostraba una revista y la foto sonriente de ella). Desde que la pasión subtropical los ha unido, Cirio lo acompaña a varias de las actividades que Insaurralde efectúa por el conurbano para fortalecer sus aspiraciones a gobernar la provincia. Para dar profesión de su nueva fe, un día entró al bar "Un café con Perón", contiguo a la Biblioteca Nacional y, en vez de pedirse un cortadito, adquirió, compulsivamente, varios de los libros que encierran el corazón de la Doctrina Justicialista. Todavía no ha recitado ninguna de las 20 verdades.

La aceptación de Insaurralde parece crecer entre los seguidores de ShowMatch. Cirio es una de sus bailarinas estelares por estos días.

-Estás muy sor -le dijo Marcelo Tinelli.

-Estoy muy feliz -respondió ella, que estaba vestida de monja.

Insaurralde se encontraba en el estudio. La cámara lo enfocaba de manera intermitente. "¿Sabe si se va con Scioli o con Massa?", le preguntó Tinelli. Risitas. Cirio le informó sobre otro compromiso previo: se iban a casar. La modelo no pudo más de la emoción y le contó a Tinelli, a su público, al país, que habían cumplido un año y, por tal motivo, viajaron a Chile. Estaban en un restorán. En ese momento no pidieron la carta ni los vinos, porque Insaurralde se levantó y le dijo: "Permiso, voy al baño". Y ella, sorprendida, debió pensar, ¿al baño? Sí, al baño, pero su novio regresó de inmediato con un anillo. La ceremonia de entrega tuvo su música funcional. Insaurralde le pidió al dueño del restorán que pusiera una canción de Ricky Martin, "Lo mejor de la vida eres tú". Qué romántico, debió pensar Tinelli. Primer plano otra vez para Insaurralde: "Le dije: 'Mi amor, te amo, nos casamos en noviembre'", y ella, otra vez enfocada, repitió el gesto: sí, sí, claro, en noviembre.
Tinelli se puso a organizar la boda. El gran conductor comenzó a formular las invitaciones por teléfono. Nacha Guevara, la ex Evita del musical que trató de responder en clave nacional y popular al que habían escrito en Londres Andrew Lloyd Weber y Tim Rice, y que, en otra de sus múltiples conversiones, ahora es jurado de ShowMatch, le sugirió a Tinelli que, primero, se comunicara con Scioli. El gobernador, naturalmente, atendió su celular.

-Toda la felicidad a Jesica y Martín que se lo merecen -dijo.

-Vas a estar, ¿no? -quiso saber la corista.

Y, de repente, entró al estudio el "doble" de Insaurralde.

-¿Por qué no le contás de lo que hablamos hoy, Dani?

Scioli se vio obligado a responderle, como si conversara con el "original".

-Cosas muy importantes, de poner el hombro al país.

Allí estaban, Insaurralde e "Insaurralde", borrando las diferencias entre realidad y simulacro. Tinelli regulaba las distancias entre lo verdadero e impostado. Le siguió el turno telefónico a Mauricio Macri, quien se ofreció para hacer de Freddy Mercuri en la boda.

-¿Me llamás para pagarme la apuesta? -lo toreó Massa al maestro de ceremonias, cuando le tocó su turno. Lo que estaría en juego es el futuro del novio: su cambio de bando.

Por último, le tocó a Aníbal Fernández. El senador kirchnerista saludó a Insaurralde y prometió apoyar a Tinelli como presidente de la AFA. CFK, que tiene su propio sentido del espectáculo (los actos en los que funge de percusionista junto con Fuerza Bruta y hasta se acompaña de Moria Casan, estrella de la comedia picaresca bajo la dictadura), se negó a atender el teléfono y degradar su investidura.
Jesica Cirio bailó después una canción de Walter Olmos junto a su compañero de pista, que hacía de sacerdote. "No entiendo por qué están vestidos así", dijo Guevara, al hacer un balance de la coreografía.

Política y artificio, violencia y sexualidad, lealtad y sometimiento, son temas recurrentes en la ficción cuando tematiza al peronismo. Basta recordar "El simulacro", de Jorge Luis Borges, "El fiord", de Osvaldo Lamborghini, "Evita vive", el cuento maldito de Néstor Perlongher, o la "Eva Perón" de Copi. En esta última obra que se estrenó en París en 1970, cuatro personajes la acompañan en su lecho terminal: su madre, una enfermera, Perón y un único personaje ficticio, Ibiza. Eva se reserva, sobre el final, un sorprendente giro: no tiene cáncer, todo es una representación que ella misma dirige, un ardid para escapar de Perón y el lugar que ya le habían asignado, embalsamada, en el panteón de los héroes. Un plan de fuga. Evita huye disfrazada de enfermera, con su capa y sombrero. Cambia de hábitos. Cirio, cuando se los quita en ShowMatch (primero la toca blanca, después la túnica negra, y así...), para mostrar un cuerpo esculpido, cinético y ofrendado a su macho político, tiene, de forma no premeditada, algo de evitismo paródico, un remanente que resignifica el relato de una mujer de "otro origen" (en este caso, el show erótico, en el cual supo alguna vez "hacer" de enfermera hot) asociada a un hombre que quiere ascender en los manejos del Estado. Y, mientras se menea y abandona definitivamente los signos que porta su indumentaria (castidad, pobreza, obediencia y la clausura), parece burlarse también de las convenciones que separan realidad y mascarada.

II

El caso Salazar es de otro orden de la transfiguración. Llegó al programa de Guillermo Francella con la carta de presentación de la familia política de Palito Ortega, que entonces era la parte cantabile del menemismo. La historia de su permanencia mediática es, a su vez, la de sus pasos por el quirófano y el gimnasio, que fueron aumentando el volumen de los pechos, la tonicidad de sus piernas, la dureza orgullosa de sus glúteos, la forma espigada de su nariz, el color de su cabello, el dibujo de sus pómulos. Fue arte y parte de las cámaras sorpresa de Tinelli en las que siempre eran burlados trabajadores a los que se los pescaba infranganti en su condición de voyeuristas. Llegó a tener un ciclo en el canal de Playboy, "Luli in love". Fue reina de Viña del Mar. La filmaron como enfermerita libidinosa. Hizo públicas sus fantasías lésbicas ("Si Madonna me dice de pasar una noche con ella, ni lo dudo"). Grabó un disco pop ("Mi profesora de canto dice que tengo todas las condiciones de ser una especie de Madonna argentina"). Casi siempre Louise Veronica Ciccone ("Es que nosotras dos nos parecemos: somos rubias, chiquititas, sexuales, talentosas y transgresoras"). Su proyección no tenía fronteras. Luis Miguel. Un tenista. ¿Qué más? "Ahora me encantaría hacer de monja", le dijo a Gente. Cuando la revista le preguntó por las acusaciones de "escandalosa" que había formulado Cirio, Salazar respondió: "Al principio me tiró mala onda, después se me arrimó y fue a la misma esteticista que yo, y ahora vuelve a pegarme". Bailó tango y aquadance. Siete años atrás, durante las elecciones en las que se impuso CFK, lanzó una candidatura inverosímil: "Por un país más sexy, Luli presidenta". Pero la política llegaría a su encuentro con Martín Redrado después que fuera eyectado del Banco Central. Redrado, que había llegado a la televisión como invitado al programa de Bernardo Neustadt en calidad de joven promesa, de Golden Boy, se vio obligado a reivindicar su sexualidad en los tribunales. Agustina Kampfer, la novia del vicepresidente, que era panelista de "Un mundo perfecto", el programa de Roberto Pettinato, había descartado la posibilidad de que el expresidente del Banco Central tuviera un romance con semejante objeto del deseo colectivo. Kampfer tuvo que rectificarse en el Juzgado Criminal y Correccional N° 7. Sus expresiones, dijo, habían sido vertidas "en el marco del personaje y del rol que cumplía en el programa de televisión" y "carecieron de todo rigor periodístico y sustento".

Redrado empezó a mostrarse con la chica que se definía a sí misma como "histérica y puerquita". Al igual que los jugadores de fútbol más cotizados, cuya eficacia es a su vez medida por la belleza de su acompañante, llamada "botinera", el volátil economista y consultor tenía su propio blasón para mostrar. Luli, de a poco, fue borrando las marcas de su pasado. Cambió de hábitos. Redujo sus prótesis y sus insinuaciones. Eligió el camino del recato glamoroso. Ella quiso tener un hijo suyo. El inconsciente traicionó a Martín. Se pelearon. Despechada, Luli contó a la prensa que, durante una charla sobre fertilización asistida con un médico, él dijo que llegaba "obligado". Too much. No lo pudo tolerar. De paso, Salazar criticó al "entorno" de Redrado (sus otros hijos). Recurrió a una palabra cara a las disputas en el peronismo durante los años setenta, cuando los Montoneros diagnosticaban que el general estaba rodeado de personas dañinas. Salazar acusó al economista de ser un maltratador. Massa, ante la insistencia de su esposa, Malena Galmarini, resolvió entonces separarlo de su equipo de selectos asesores, hasta esta semana, en la que el exalcalde de Tigre le regaló una foto. Indulto.

Redrado fue a hacer su descargo ante Nelson Castro, conductor del programa "A juego Limpio". El doctor Castro, con sus acostumbrados ademanes y esa voz de gravedad que merodea el sermón, lamentaba que el dirigente del Frente Renovador pasara por semejantes circunstancias.

-Usted sabe que mi capital es la franqueza. Le voy a contar algo: cuando se enteraron que usted venía aquí, muchos colegas me dijeron, '¿le vas a preguntar sobre la vida privada al doctor Redrado, por Luli Salazar?', y no, no le voy a preguntar, pero lo quiero decir esto...

-Dígame -respondió Redrado.

-... usted es un hombre valioso, y lo que usted hizo al frente del Banco Central cuando defendió el tema de la autonomía fue un hecho institucional importante.

El invitado asintió.

-Usted -prosiguió Castro- pudo haber dicho amén a Cristina y hoy sería el presidente del Banco Central. Usted lo sabe, en aquel momento enfrentó con valentía algo muy difícil, porque enfrentar al kirchnerismo no es fácil. Eso le da un valor. Y yo le confieso que cuando veo temas de la vida privada de un hombre público... (El doctor caviló por unos segundos)... cuando veo que usted, con este antecedente, se ve envuelto en estas cosas, digo, no le hace bien, y ¿sabe a qué no le hace bien?

- ¿A qué? -puso cara Redrado.

-A su proyecto político, del cual seguramente tiene necesidad mucha gente -le dijo Castro.

Y Redrado:

-A veces el dolor se procesa de distintas maneras, y yo soy muy respetuoso del dolor. Sigue el diálogo, no está dicha la última palabra. Queda bastante por conversar, no tome las cosas al pie de la letra.

Y el doctor:
-Yo hago esta reflexión para su cuidado porque hay gente que está viendo en usted a alguien que puede tener responsabilidades de poder en adelante. No se lo voy a decir a usted: la vida privada de un hombre público, lo privado siempre es público.

Y Redrado puso cara de muchas gracias. Fin de la escena.

III

La tensión entre género y política del primer peronismo sería, como se mencionó antes, altamente estetizada en los años setenta. Lo sexual, lo orgiástico, invocaba o alegorizaba a la pareja fundante. Isabel Martínez, que no hizo radioteatro sino que bailó en un cabaret panameño, nunca fue materia de demasiada consideración por los artistas. Careció de interés dramático. El menemismo fue otra revolución en las representaciones y en los símbolos. Hay un caso que prefigura los presentes de Cirio y Salazar: Adriana Brodsky. Saltó primero a la fama como las nalgas de una publicidad de televisores japoneses ("¡Hitachi, qué bien se te ve!"). Luego convirtió al sur de su espalda en atractivo social. Eran fines de los ochenta y componía a la "nena" que visita al manosanta Alberto Olmedo. Carlos Menem ganó y ella contrajo matrimonio con el primer jefe de sus espías, Juan Bautista Yofre. El encargado de mirar todo debió invisibilizar al cuerpo de la rubiecita. Despojarlo de las significaciones anteriores. Ese tránsito de la exuberancia a la ejemplaridad es el que ahora parecen realizar de la mano de dos peronistas conservadores estas dos rubias. Y mientras se visten y revisten, quizás sueñan otra cosa: ser los bustos que decoren la era del poskirchnerismo. Acaso una futura erótica del poder espectacularizado.