Bajo el liderazgo del primer papa latinoamericano de la historia, sigue gobernando una curia dominada por europeos y en particular italianos.
"No noté una presencia mayor de latinoamericanos en el Vaticano", aseguró el argentino Sergio Rubin, biógrafo del Papa.
Sin embargo, la visión de los católicos latinoamericanos sobre la realidad de la Iglesia penetró la fortaleza europea, cada vez menos acartonada y distante con respecto al pasado y más abierta a los asuntos sociales y manifestaciones populares.
"Gracias a Francisco se reconoce la creatividad de las iglesias latinoamericanas, que en algunos casos fue excesiva, pero que fue también muy positiva para toda la Iglesia por el papel de las comunidades de base, de la religiosidad popular y su cercanía con los pobres", sostuvo el vaticanista español Antonio Pelayo.
Buena parte de esa apertura fue posible gracias a la sensibilidad del pontífice y de las personas que decidió recibir, tan numerosas como distintas.
Imparcialidad
Pese a ello, para Pelayo, Francisco, hijo de inmigrantes italianos, evita mostrar una predilección por América Latina.
"Quiere ser el Papa de todo el mundo y por ello se demoró en ir a América Latina", señaló, tras recordar que el viaje a Brasil, pocos meses después de su elección en marzo de 2013, había sido programado por su predecesor Benedicto XVI.
Francisco visitó dos veces Asia y no viajó a la Argentina, donde tiene programado un viaje para el año próximo.
"Si se compara con el pontificado de Juan Pablo II la diferencia es notable. Durante el reinado de Karol Wojtyla inmediatamente llegaron numerosos polacos a Roma", observó Pelayo.
"Francisco no cuenta con un lobby argentino cerca de él", subrayó el experto.
Todos los que conocen de cerca al sumo pontífice coinciden en decir que es muy independiente, que no le gusta que lo presionen y que no permite lo que él tacha de "nepotismo".
Cuenta en su secretaría con un equipo de colaboradores argentinos y la mayoría de los latinoamericanos que ocupan cargos importantes en la Curia romana fueron nombrados por sus predecesores.
El argentino Marcelo Sánchez Sorondo, que dirige la influyente Academia de Ciencias Sociales, fue nombrado por Juan Pablo II.
El prelado más influyente hoy por hoy es el cardenal hondureño Oscar Rodríguez Maradiaga, coordinador del grupo de nueve cardenales encargados de la reforma de la Curia Romana.
Leal a Francisco, al expresidente de Cáritas se le reconoce su habilidad para conjugar modernidad y tradición, razón por la que mantiene muy buenas relaciones con los sectores más conservadores.
| Agencia AFP |


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