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La República Incierta: las trabas al comercio exterior
Enrique Blasco Garma
El comercio es el gran propulsor del progreso de las sociedades. Los humanos lo venimos practicando desde el inicio de los tiempos, aunque nos resulte difícil entender la razón de todos sus beneficios. Recién hace 200 años, David Ricardo supo proponer una explicación primaria: la Ley de las Ventajas Comparativas. Von Mises y Hayek la expresaron de modo más general, denominándola Ley de Asociación. Probablemente sea la revelación más significativa de las ciencias sociales. Las ganancias derivadas de la especialización y el intercambio voluntario son siempre recíprocas y considerables.
Cada individuo está inexorablemente limitado en sus conocimientos y habilidades personales. Pero colectivamente puede superar esa limitación en la medida en que se especializa, profundizando conocimientos y habilidades. Compitiendo para descubrir quién hace qué mejor y así aprovechar mejor sus esfuerzos y expandir sus logros. Especializándose en diferentes actividades, los humanos aprenden y logran desarrollar un sistema social progresivamente más productivo y mejor informado. La proclamada sociedad de la información no termina en juegos por internet. Se extiende a la libertad de decidir con las mayores alternativas posibles, incluyendo clientes.
La sociedad del conocimiento se nutre de la libertad de cada persona de aprender, especializándose y compitiendo con todo el mundo. Sociedad de la información o conocimiento implica libertad de trabajar sin estar sometido a obstrucciones indebidas por otra gente o funcionario. Para favorecerlo, el propósito de la legislación es precisamente liberar a la gente de interferencias innecesarias. El Estado no está para expropiarnos la libertad de decidir. De elegir qué productos compramos, a quién y dónde.
La «invasión» de importaciones es una fantasía. Nadie «invade» cuando consigue un comprador que le paga un precio y acepta sus condiciones. El comercio es un acto voluntario donde ganan todas las partes.
La Constitución consagra nuestros derechos a ejercer libremente nuestras ocupaciones. La Justicia y el Congreso no pueden tolerar que funcionarios del Ejecutivo coarten arbitrariamente las actividades productivas. Conviene resaltar: producir es generar valor. Y eso se logra tanto fabricando como comprando y vendiendo donde es más conveniente.
La Argentina es miembro del G-20, integrado por las principales naciones del planeta. En su comunicado del 2 de abril 2009, en lo más álgido de la crisis, todos los líderes de esas naciones se comprometieron a hacer todo lo necesario para promover el comercio mundial y rechazar el proteccionismo. Reconocían que el proteccionismo había agravado decisivamente la crisis de 1930, la mayor de la historia. Por otra parte, el país suscribió muchos tratados vigentes en igual sentido.
La república democrática tiene por objeto hacer lo posible para garantizar las libertades de las personas, a no sufrir la opresión de violencias y trabas superfluas. La república se distingue de la tribu en que se gobierna por leyes, sancionadas con debido proceso. En cambio, los miembros de la tribu tienen que estar adivinando continuamente los deseos cambiantes de sus jefes. No podemos asombrarnos de que la incertidumbre sea la característica de sociedades tribales. En cambio, las naciones avanzadas integran sociedades de la información, porque sus miembros pueden decidir y trabajar en libertad de trabas arbitrarias y sorpresivas, eligiendo lo que más conviene a cada uno, con un horizonte amplio de tiempo, en la tranquilidad de no estar sometido a cambios de reglas sorpresivos. Los ciudadanos de las sociedades de la información no toleran que ningún funcionario les imponga lo que les conviene.
No puede sorprender que las sociedades gobernadas de modo tribal estén entre las rezagadas del planeta. Al contrario, las naciones más avanzadas son las regidas por la ley, con amplísimas oportunidades de comerciar con cualquier agente extranjero. Conocer es ampliar las alternativas de decisión, también de proveedores y mercados. Por eso la sociedad de la información se destaca en la creación de valor. En cambio, se crea escaso valor donde la elección está restringida.
Los partidos políticos se preocupan poco de lo que interesa a la sociedad profunda; tendrán que hacerse competitivos para solucionar los problemas de la gente: aliviar las trabas superfluas. Nada es más importante que quitar estorbos para trabajar productivamente. Y para aprovechar las oportunidades que nos ofrece el mundo. Exportar e importar lo que conviene a cada persona que toma decisiones, no lo que permite el funcionario. Ahí se demuestra libertad.


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