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La revuelta romántica de Charly Nijensohn
La estupenda video-instalación «El naufragio de los hombres», del argentino Charly Nijensohn, ocupa un espacio privilegiado en la Academia de Bellas Artes berlinesa.
Las asombrosas hazañas en sitios remotos recuerdan las pinturas del alemán Caspar Friedrich con esa la búsqueda del pathos y la lejanía. La aspiración de Nijensohn saca partido de tres elementos cruciales que se suman a la imagen: el tiempo, el sonido y la sensación envolvente. El artista observa que en el montaje contó con la ayuda del músico argentino Edgardo Rudnisky, y agrega: «Mis imágenes están al filo de la realidad y la ausencia de todo tipo de manipulación digital encuadra mis ideas dentro de un plano de manifiesto político y poético, despojado de todo artificio». Sin embargo, y a pesar del arraigo romántico de las exploraciones de Nijensohn en territorios remotos, su producción surge del seno de una sociedad anti-romántica, donde apenas quedan refugios intocados. En este sentido -el del romanticismo y el de contexto actual- existen notables afinidades con el cineasta Werner Herzog. Ambos comparten la fascinación por lo inaccesible y, al igual que los viajeros ansiosos del romanticismo, van en pos de nuevos horizontes. En un pasaje de la película «Tokyo-ga» (1985) referido a la estética cinematográfica, Wim Wenders relata un diálogo en el cual Herzog le dice: «El simple hecho es que quedan muy pocas imágenes. Desde aquí arriba se puede observar que todo está completamente construido. Hay pocas imágenes para encontrar. Uno tiene que excavar en su búsqueda como un arqueólogo. Uno tiene que buscar a través de este paisaje devastado para encontrar algo. Esto va asociado a un riesgo, por supuesto. Es algo que yo nunca evito, pero veo que hay muy poca gente a la que le importa corregir nuestra falta de imágenes adecuadas. Necesitamos imágenes en sintonía con nuestra civilización, imágenes que resuenen con lo que tenemos en lo más profundo de nuestro ser. (.) Aquí no queda nada, hay que buscar realmente. (.) Iría a cualquier sitio por eso».
Gracias a una coherencia ejemplar y a una especie de ecologismo exacerbado hasta el punto de volverse irreconocible, la obra de Nijensohn parece ilustrar, una y otra vez, la única noción de Sublime posible en un mundo desertificado. Nuestro artista sabe que desaparecida la nostalgia estética al modo romántico, sólo queda la búsqueda, como aventura incesante.
A.M.Q.


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