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La salud de Hillary Clinton ensombrece su futuro político
Hillary Clinton ha afirmado que pretende privilegiar su vida privada. Sin embargo, sólo sus problemas de salud ponen en duda las versiones de que intentaría otra vez llegar a la Casa Blanca o, cuando menos, a la Alcaldía de Nueva York.
La exprimera dama y esposa de Bill Clinton deja a su paso una reputación de trabajadora incansable, extremadamente detallista, que sólo ocasionalmente decide relajarse, momento en que las discusiones pueden distenderse.
Pero después de años de lidiar con los principales desafíos mundiales, la abogada dice que ahora quiere disfrutar los pequeños placeres de la vida como leer, escribir y mirar su programa favorito de televisión.
Nacida en Illinois (centro) el 26 de octubre de 1947, el ascenso de Clinton de licenciada en Derecho por la Universidad de Yale -donde conoció a Bill en 1974- a las más altas esferas políticas del país ha abierto el camino para las mujeres en todos lados.
En 2008, casi hizo historia al quedarse en el umbral -perdió ante Obama- de convertirse en la primera candidata del partido demócrata para la presidencial.
A pesar de haberlo negado reiteradamente, muchos están convencidos que se volverá a presentar a las elecciones, aunque es posible que su estado de su salud sea motivo de debate, teniendo en cuenta que cumpliría los 70 en su primer año en el cargo.
«Los demócratas quieren que se presente. Y no quiero decir muchos demócratas. Quiero decir un montón de demócratas, como el 90% a lo largo del país», dijo el estratega de ese partido James Carville a fines de 2012. También se la ha mencionado para competir por la alcaldía de Nueva York, donde es muy popular.
Después de la amarga batalla que libraron durante las primarias, a la mayoría tomó por sorpresa que Obama la designara secretaria de Estado.
Pero Clinton ha comprobado ser extremadamente leal, incluso recibiendo algunos golpes en lugar de Obama. Por ejemplo, al asumir la responsabilidad por la muerte de cuatro diplomáticos en setiembre de 2012 durante el ataque al consulado estadounidense en Bengasi, Libia, una tragedia que ella calificó como «el peor momento» de su mandato.
Clinton todavía debe testificar públicamente por el tema, ya que un informe del Departamento de Estado encontró que la seguridad de la misión diplomática era «muy insuficiente».
Los críticos también dicen que Clinton no logró ninguna gran victoria durante su mandato.
El analista Aaron David Miller culpó a Obama por mantener un férreo control sobre los asuntos de política exterior. Obama «tuvo a una secretaria de Estado extremadamente talentosa y capaz a la que no le dio poder en ningún problema importante relacionado a la paz o la guerra», dijo en un foro reciente.
«Encontró su propia agenda. Yo lo llamo humanismo planetario. Y fue una importante. Fue equidad de género, asuntos vinculados a las mujeres, medios sociales, tecnología, medioambiente», agregó el exconsejero de seis secretarios de Estado.
Muchos subrayan el rol de Clinton en la restauración de la imagen de Estados Unidos en el extranjero, muy dañada durante los años intervencionistas del expresidente George W. Bush.
Clinton trabajó duro, por ejemplo, para lograr un acercamiento a Pakistán -un aliado clave pero de cuidado en la guerra contra los talibanes en Afganistán- y logró la aprobación de sanciones más duras contra Irán por parte de Occidente.
Durante un viaje a China a principios de 2012 consiguió negociar con éxito una salida segura a Estados Unidos para el disidente Chen Guangcheng.
Muchos republicanos la detestan, obsesionados con la estridente imagen que dejó en la década de 1990 y su intento por reformar el sistema de salud cuando gobernaba su marido.
Una y otra vez, Clinton ha demostrado ser una especialista en reinventarse, incluso superando el engaño de su marido con Monica Lewinsky en 1998.
Agencia AFP y Ámbito Financiero


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