Hay una foto que no existe pero que cualquiera que conozca la historia de los Kreplak podría imaginar: dos contadores jóvenes, recién llegados desde Buenos Aires, mirando un local vacío sobre la avenida Olascoaga, en Neuquén, preguntándose si valía la pena arriesgarse. Corría 1986 y la ciudad todavía era una postal en construcción, lejos del epicentro energético en que se convertiría décadas más tarde.
Empresas familiares: de vender sábanas en Neuquén a convertirse en el principal proveedor local de compañías de Vaca Muerta
Carlos y Ema Kreplak migraron hace 40 años de Buenos Aires a Neuquén. Abrieron un estudio contable que luego cerraron para abrir una blanquería que creció exponencialmente y se expandió a nuevos negocios.
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Federico Kreplak, con su mujer Magdalena y su padre Carlos, fundador de la empresa familiar Blancoamor.
Carlos Kreplak y su esposa Ema no lo sabían entonces, pero esa decisión -dejar los números ajenos para hacer números propios- iba a fundar algo más que un comercio: dieron pie a la historia de una empresa familiar que lograría brillar en la cuenca petrolera.
Antes de la blanquería hubo un estudio contable. Carlos y Ema se habían instalado en Neuquén buscando una vida distinta a la que ofrecía Buenos Aires, y durante años asesoraron a comerciantes, transportistas y emprendedores de la zona.
Fue justamente ese contacto cotidiano con quienes se animaban a abrir sus propios negocios lo que empezó a inquietar a Carlos. Mirar de afuera el crecimiento ajeno ya no le alcanzaba.
Cuando se desocupó el local de Olascoaga, la pareja detectó un nicho que nadie estaba atendiendo bien en la región: la ropa de cama, las sábanas, los textiles para el hogar. Viajaban hasta el barrio porteño de Once a comprar mercadería y volvían a venderla en el Sur. Así, casi sin ceremonia, nació Blancoamor.
Lo que arrancó como una blanquería de barrio fue mutando con los años hasta convertirse en una tienda integral para el hogar: muebles, colchones, decoración, bazar, iluminación, electrodomésticos.
Blancoamor logró atravesar las crisis más duras de la economía argentina y se transformó en una marca de referencia en la Patagonia.
Hoy la cadena tiene ocho sucursales entre Neuquén y Río Negro, un centro de distribución propio, una marca propia de colchones, importación directa de muebles desde China y una tienda online que le permite llegar a clientes de todo el país.
La posta a la segunda generación
En 2005 llegó el segundo capítulo de la saga familiar. Federico Kreplak, hijo de los fundadores, y su esposa Magdalena Marsó volvieron a la Argentina después de haber vivido en Canadá y se sumaron al proyecto iniciado por Carlos y Ema.
La idea era profesionalizar Blancoamor: ordenar la logística, incorporar tecnología, sistematizar la administración, pensar la expansión comercial con método. Todo eso, aseguran hoy, sin resignar los valores que habían sostenido al negocio familiar desde el primer día.
Fue un trabajo silencioso, de varios años, que preparó a Blancoamor para una escala que sus fundadores no habían imaginado cuando cruzaron la puerta de aquel local en Olascoaga.
Ese proceso de profesionalización coincidió, casi sin buscarlo, con el despegue de Vaca Muerta. Y ahí es donde la historia de los Kreplak deja de ser solo la historia de un comercio familiar para convertirse en una experiencia empresarial que podría ser incluida en cualquier cátedra de negocios.
El nacimiento de Alberta en primera persona
Dentro de Blancoamor existía una división de venta a empresas, y en la región todos los conocían. En ese sentido, una anécdota que Federico Kreplak, CEO de Alberta, relató a Ámbito tiene algo de revelación: “Un día participamos en una exposición grande de oil & gas y varios conocidos nos preguntaron qué hacíamos en una muestra de energía si nuestro negocio era vender colchones y sillas”.
“Ahí nos dimos cuenta -agregó Federico- que estábamos muy posicionados como retail y que, para poder ofrecer productos a empresas vinculadas al petróleo y el gas, debíamos tener otra marca enfocada específicamente en lo que queríamos impulsar: la provisión de equipamiento integral para trailers, campamentos, hoteles, oficinas. Ahí surgió la necesidad de hacer un spin off y crear una nueva marca para posicionar a la nueva división de B2B. Así nació Alberta”.
Un proceso parecido se dio con la decisión de expandir el abanico de servicios de la compañía. “Con Alberta equipamos gran parte de lo que es Añelo: todos los complejos habitacionales, campamentos, con camas, blanquería, iluminación, muebles”, explicó.
“Hasta que un día un cliente, al que le equipamos como 250 unidades funcionales, me dijo: 'Fede, necesito que hagas una gauchada, necesito que empieces a limpiar las casitas porque la persona con la que estamos trabajando está teniendo muchas dificultades'. A partir de ese momento surgió la idea de ofrecer el servicio de maestranza, mantenimiento y seguridad privada de complejos habitacionales”, reveló Federico Kreplak.
Los círculos concéntricos de Vaca Muerta
Para explicar en qué tipo de negocio está Alberta dentro del ecosistema de Vaca Muerta, Federico Kreplak suele recurrir a la imagen de los círculos concéntricos que organizan la actividad de la cuenca petrolera.
En el centro de la imagen ubica a las operadoras, dueñas de las concesiones, con capital intensivo y personal altamente especializado.
Alrededor de ellas opera un segundo anillo de empresas de fractura, perforación y cementación. Y más afuera, un tercer anillo de logística y construcción, que es donde Alberta encontró su lugar: no extrae petróleo, pero resuelve buena parte de lo que la industria petrolera necesita para poder operar.
Esa lectura se tradujo en un negocio que hoy combina varias unidades. Alberta equipó más de 1.000 unidades habitacionales en la región, ofrece housing en distintos complejos, y suma servicios de seguridad y limpieza.
También construyó parques logísticos e industriales en los alrededores de Añelo, con presencia también en Neuquén capital, pensados para el tránsito pesado, el almacenamiento y el manejo de cargas.
Desarrolló, además, una plataforma de reservas al estilo Airbnb pero para el segmento corporativo, que conecta oferta de casas y departamentos con la demanda puntual de las empresas, y que ya administra varios cientos de camas con el objetivo de seguir creciendo.
En paralelo, lanzó un portal B2B que vincula los requerimientos de las compañías instaladas en la cuenca con la oferta de pymes locales y nacionales.
También firmó un acuerdo con la metalúrgica Idero para ofrecer campamentos llave en mano, después de haber trabajado juntos en la construcción de obradores vinculados a obras de gasoductos.
La compañía se define a sí misma, en palabras de su CEO, como una plataforma de aterrizaje suave para las empresas e inversores que llegan de afuera y necesitan a alguien que ya conozca el territorio, los proveedores y la dinámica de una industria en plena expansión.
El crecimiento de la demanda habitacional en Añelo no es un dato menor: solo en la gestión de plazas en esa localidad, Alberta llegó a administrar miles de camas, en un contexto donde las proyecciones del sector energético hablan de una necesidad de infraestructura que, según Federico Kreplak, todavía “no logra acompañar” el ritmo de crecimiento incesante de las inversiones.
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