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La tasa sugiere, en los dos sentidos

Si bien la rueda de ayer contó con más de una razón que alcanza para justificar el 0,83% que ganó el Dow (cerró en 10.414,14 puntos), en las últimas ruedas ha cundido cierta sensación que, para que las acciones suban, no hacen falta demasiadas excusas. Tal vez la mejor prueba de esto es que baje o suba el dólar, los papeles de riesgo han mantenido su tendencia alcista. Esto se vio el lunes de manera clara, cuando el dólar arrancó cediendo un 0,3% ante las principales monedas, terminando la sesión un 0,4% arriba, lo que en un principio impulsó un 0,6% a los commodities para terminar el día retrocediendo un 0,5% (el petróleo bajó un 1,21% a u$s 72,47 y el oro un 1,39% a u$s 1.095,4 la onza).
Justificando la mejora bursátil tuvimos al espaldarazo que le dio la gente de Morgan Stanley a Alcoa y la de los del Barclays a Intel, un par de adquisiciones, el avance de la reforma al sistema de salud (que en su versión light beneficia a las farmacéuticas) y lo que tal vez fuera lo más significativo: el brutal empinamiento -2.814% entre 2 y 10 años- de la curva temporal de tasas de interés (que la tasa más larga supere generosamente a la más corta, suele ser una señal de expansión económica o, en su aspecto negativo, de la búsqueda de refugio en el corto plazo). Aceptar la idea que las acciones pueden continuar ganando terreno, no significa pensar que la recuperación económica avanza a todo vapor. Al contrario, los consumidores siguen mostrándose reticentes tanto en lo comercial (las ventas durante el fin de semana pasado crecieron menos del 2% respecto a 2008, cuando se esperaba lo hicieran en torno al 3%), como en lo financiero (el volumen apenas superó 1.000 millones de acciones para el NYSE).


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