Buscando llevarse un recuerdo de sus orígenes escapa con una salamandra en un cajita. Esa lagartija, a la que bautizará Teo, será como el grillo de "Pinocho"- en momentos difíciles la voz de su conciencia, el ser a quien confía sus errores, a la que le pregunta qué debe hacer. Capturada, salvará su vida a cambio de entrar en un harén, y por su juventud practicar a su amor con su boca un servicio sexual "suave". Dos años más tarde será entregada en parte de pago a un comerciante viajero, una "asquerosa bola de grasa" que será quien la desflore, y del que logra escapar cuando el barco llega a Marsella. Vagabundea hasta ser atrapada por un mafioso que le impone salir a mendigar. No será "la primera vez" que piense en escapar para volver y vengarse.
Cuando el mundo es para ella un infierno donde sólo son posibles las atrocidades, de forma casual va a dar con una pareja que, habiendo perdido sus hijos en la guerra, la adopta como hija. Es sólo un recreo en el que se educa, pero no dura lo suficiente.
Habrá nuevos percances. Nuevas alegrías y desasosiegos. Tendrá remansos donde se enamorará, se casará, tendrá hijos. Donde volverá a perderlo todo. Deberá hacer con su marido una investigación apologética de Edouard Drumont, autor de "La Francia judía", antecedente galo del pensamiento nazi. Con el dinero cosechado, Rose pondrá un restaurante en donde conocerá a Heinrich Himmler conductor del Holocausto, que querrá casarse con ella, pero ella ya estuvo casada "con un judío encubierto".
A su casa de comidas -Rose se ha vuelto experta en el arte de la cocina-, concurren escritores conocidos como Simone de Beauvoir y Jean-Paul Sartre, que escribe en una revista colaboracionista del nazismo, que justifica a Stalin (para Rose el campeón de las atrocidades, el autor de otro holocausto), y que la llevarán a conocer China, donde se vuelve a enamorar, pero su nuevo marido es asesinado por los Guardias Rojos en la Revolución Cultural. Cada tanto Rose comete "pequeños ajusticiamientos", asesinatos de los que es imposible culparla. Es que su lema es "amor, risas y venganza", y ella no olvida lo que les hicieron a los que amó.
Escrita con ritmo rápido, en capítulos breves que arrastran a la lectura, la autobiografía ficticia de Rose se cruza con lo más dramático de la Historia del Siglo XX. Tiene un tono que busca ser divertido, pero resulta cínico. Hay muchas frases para subrayar y un recetario de platos de Rose.
Se hacen durísimas revelaciones al pasar que dejan mal paradas a personas famosas. Por momentos la novela recuerda a la entretenida "El abuelo que saltó por la ventana y se largó de Allan Karlsson, pero en este caso lo estremecedor logra ganar la partida.
Giesbert nació en Estados Unidos y ha hecho una gran carrera como periodista en Francia, actualmente es director de la revista "Le Point". Ha escrito novelas de suspenso, que conquistaron premios, y la biografías de Chirac, Mitterrand y Sarkozy.
| M.S. |



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