La Traviata: Pidò le ganó a Zeffirelli

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• ES UNA DE LAS GRANDES APUESTAS DEL COLÓN PARA ESTE AÑO
El cineasta decepcionó en lo escénico mientras Evelino Pidò llevó a cabo una tarea magistral con la Orquesta Estable en una de sus mejores performances en años.

La noticia, difundida en abril pasado, de que la puesta de "Traviata" de Sofia Coppola sería reemplazada en el Colón por la de Franco Zeffirelli despertó en el público local decepciones y tranquilidades. Parecía evidente que los más conservadores saldrían satisfechos con la visión de este cineasta y director cuya versión fílmica de la ópera de Verdi (1982) es todo un ícono.

Paradójicamente, para algunos el aspecto escénico fue el más decepcionante. Uno de los desafíos de este drama, el balance entre grandiosidad e intimidad, parece ir en la versión teatral de Zeffirelli (en reposición de Stefano Trespidi) hacia el lado de la grandilocuencia: enormes telones (que en la función de estreno encontraron frecuentes dificultades de movimiento) decoran las casas de Violetta y de Flora, y en ambos casos la superficie está dominada por una escalinata que ayuda a la organización espacial de las masas pero que resulta desproporcionada. Lo mismo sucede, pero a lo alto, con la casa de campo de la protagonista, una estructura inverosímil que resta intimidad. Algunas licencias (como la aparición casi fantasmagórica de la Violetta agonizante en el preludio inicial y en el concertato que corona el segundo acto) no parecen sumar demasiado. Sí es destacable el trabajo actoral, que -justamente por su poca artificiosidad- contrasta con un entorno visual que parece concebido con un propósito más decorativo que funcional.

Afortunadamente en el foso hay una batuta absolutamente dedicada a resaltar cada detalle y lograr que, incluso en una ópera tan escuchada, la partitura pueda deparar sorpresas y no aburrir nunca. Evelino Pidò lleva a cabo una tarea magistral con la Orquesta Estable (en una de sus mejores performances de los últimos años), con el Coro, de excelente desempeño -salvo algún desfase en el siempre traicionero "Si ridesta in ciell'aurora"-, y con todo el elenco. Pidò es un director en el que la palabra "tradición" no implica para nada un anquilosamiento en caminos ya recorridos, sino una vuelta permanente al texto poético y al texto musical, que lee y ejecuta como un actor consumado a través de voces e instrumentos.

Luego de un primer acto que despertó dudas, a partir del segundo pareció claro que la mundialmente celebrada Ermonela Jaho estaba cuidando sus medios en un papel extenuante. Su voz, de caudal moderado, ganó proyección con el correr de las escenas, y en especial impactó la estatura artística de esta albanesa que hace de su Violetta una creación desgarradora. Su compatriota Saimir Pirgu no decepcionó; su Alfredo fue actoralmente adecuado y musicalmente sensible. Como Giorgio Germont, Fabián Veloz confirmó sus virtudes y tuvo nuevamente una actuación impecable. Dentro de un elenco sin puntos débiles se destacaron la Flora de Victoria Gaeta, el Gastone de Santiago Bürgi y el Douphol de Gustavo Gibert. Así se concretó una de las grandes apuestas del Colón para este año, una producción cuyo brillo y color, más que en el escenario, está en una realización musical extraordinaria, en la que Verdi respira en cada compás.

"La traviata", ópera en tres actos. Música: G. Verdi. Libreto: F. M. Piave. Producción del Teatro de la Opera de Roma. Puesta en escena: F. Zeffirelli. Coro Estable y Orquesta Estable del Teatro Colón. Dirección musical: E. Pidò (Teatro Colón, 12 de septiembre).

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