17 de noviembre 2011 - 00:00

La ucraniana Lisitsa deslumbró al Colón con Chopin y Liszt

Pese a su físico delgado de aparente fragilidad, Lisitsa puede volcar una fuerza demoledora, como la que requiere la «Totentanz» de Liszt.
Pese a su físico delgado de aparente fragilidad, Lisitsa puede volcar una fuerza demoledora, como la que requiere la «Totentanz» de Liszt.
Recital de V. Lisitsa (piano). Obras de F. Chopin y F. Liszt (Festivales Musicales de Buenos Aires, Teatro Colón, 14 de noviembre).

Una de las más rutilantes figuras de la «joven guardia» pianística, la ucraniana Valentina Lisitsa, cerró el lunes pasado la temporada 2011 de la asociación Festivales Musicales de Buenos Aires, con un recital dedicado a obras de Chopin y Liszt.

La notable claridad de ideas y musicalidad de esta intérprete asombrosa (amén de su técnica descomunal, su memoria y su capacidad de concentración) se hizo evidente desde la primera obra del programa, la «Fantasía en fa menor» opus 49 de Chopin, mientras que el «tour-de-force» que le siguió, la ejecución de los doce estudios del opus 25 del compositor polaco, mostró una visión muy personal de esta conocida serie. Encadenando en repetidas oportunidades un estudio con otro, Lisitsa de dio un carácter de «suite», y ni aún en sus páginas más virtuosísticas la interpretación careció de la introspección necesaria.

El genial y temible Franz Liszt, cuyas obras conformaron la segunda parte, parece ser el compositor que mejor se adapta al temperamento de la pianista, cuyo fenomenal dominio del teclado le permite sortear con facilidad las trampas dispersas en cada compás. Pese a su físico delgado de aparente fragilidad, Lisitsa puede volcar una fuerza demoledora, como la que requiere la «Totentanz» (uno de los caballitos de batalla de la ucraniana), la «Balada n° 2» o el muy masculino «Rondeau fantástico sobre El contrabandista».

Una instancia interesante fue la ejecución de una de las tantas paráfrasis compuestas por Liszt sobre temas extraídos de óperas, en este caso la «Danza sacra y duetto final de Aida de Verdi», en una interpretación para el recuerdo coronada por una dinámica que recreó el clima en que finaliza la ópera. Más que nunca quedó clara allí la capacidad de Lisitsa para abrir una inmensa paleta de colores; lamentablemente, el piano Steinway & Sons hizo escuchar desafinaciones en las cuerdas agudas que empañaron ligeramente la sutileza de esta versión.

Las otras dos obras de Liszt brindadas como bises fueron su transcripción del «Ave María» de Franz Schubert y su «Rapsodia húngara n° 12», que provocaron una vez más el delirio del público.

Dejá tu comentario