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La última hora de Cristina
• CON BAJO PERFIL, LA EXJEFA DE ESTADO PASÓ EN EL DEPARTAMENTO DE SU HIJA LOS MOMENTOS FINALES DE SU MANDATO
Foto de familia. La ahora exmandataria compartió con su hijo mayor y diputado nacional, Máximo, su nuera, Rocío García, y su nieto, Néstor Iván, la última instantánea en su despacho de la Casa Rosada.
La expresidenta despistó a todos al elegir como destino de su última noche la casa de su hija, Florencia, que comparte con su pareja, Camilo Vaca Narvaja, en el segundo piso de una edificación señorial en la esquina de San José y Humberto Primo. Allí arribó la santacruceña, en medio de un intenso pero discreto operativo de seguridad, pasadas las 23 a bordo del hasta antenoche auto presidencial de su uso, un Audi A8 tipo limusina.
No era la primera vez que la calma del barrio se veía sacudida. Ya desde principios de este año era habitual ver una consigna policial y uno o dos autos de alta gama estacionados de manera estratégica en la esquina. Pero en la noche del miércoles, ante la mirada de este cronista, el cruce de calles se convirtió en una romería de vehículos civiles y patrulleros que se detenían, retomaban su marcha y volvían a pasar desde las 22.
Una hora después los primeros custodios comenzaron movimientos nerviosos y cruces de llamados por handys. "Está llegando", fue la clave lacónica que anticipaba lo que terminó de suceder pasadas las 23.15: el Audi plateado de 5,27 metros de largo, patente MZE-784, estacionaba en la misma esquina de San José y Humberto Primo, a dos metros de la entrada del edificio de Florencia. Apenas un custodio de camisa blanca para abrir la puerta trasera, y de ella la imagen inconfundible de la viuda de Néstor Kirchner, con el mismo vestido con que se la vio durante el acto de despedida de la tarde en la Plaza de Mayo.
A excepción del imponente vehículo alemán y de la circulación de los de custodia no hubo mayor impacto en el barrio. La tradicional tanguería Niño Bien, a mitad de cuadra sobre Humberto Primo, seguía inalterable con su enganchado de milongas para delicia de las parejas -en general mayores de edad- que gastan su pista todas las semanas. Y en la vereda, los motoqueros competían con el reggaetón de sus teléfonos celulares.
Ninguno de ellos se dio por enterado de la visita ilustre. Tampoco tuvieron noticias al respecto en el restorán en cruz Lo de Vicente, del homónimo gastronómico, ni en la verdulería peruana -cara pero de calidad- de la vereda opuesta. Ambos negocios a esa hora habían cerrado hacía rato sus puertas, nada extraño para un barrio con limitada vida nocturna. En ese contexto Cristina seguramente pudo dormir sin mayores inconvenientes, al menos en lo que a ruido de calle se refiriera.
Imposible saber cuál hubiera sido la reacción de los vecinos en caso de enterarse de la pernoctada de la exjefa de Estado. Sólo puede arriesgarse una hipótesis basada en el escenario electoral: en la comuna 1, a la que pertenece la vivienda de Florencia, Mauricio Macri se impuso en el balotaje con 63,2% de los votos a Daniel Scioli, que cosechó 36,7 por ciento. Y antes, Horacio Rodríguez Larreta había ganado en el distrito con casi el número de votos sumados de sus dos inmediatos competidores, Martín Lousteau y Mariano Recalde, en ese orden. Ambos resultados, a pesar de que el refugio de la última noche de Cristina de Kirchner se encuentra a apenas 200 metros de una unidad básica Pueblo Peronista, de las fundadas por Guillermo Moreno.


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