27 de febrero 2015 - 00:48

La única estrategia: ganar en primera con los territorios

Axel Kicillof, Aída Ayala y Carlos Corach
Axel Kicillof, Aída Ayala y Carlos Corach

La esperada salida de Jorge Capitanich del gabinete -del cual sale de manera formal pero no efectiva porque seguirá siendo lo que es desde cuando era senador: el principal asesor político de Cristina de Kirchner- tiene menos que ver con lo que ha hecho en la Jefatura de Gabinete que con lo que viene. Iba a suceder esta semana -como adelantó este diario en Charlas de Quincho del lunes- porque era el lapso de las decisiones en la cúpula sobre lo que espera ocurra en los meses que van hasta las elecciones de octubre.

La principal, poner en acción la estrategia que se ha dado el oficialismo para ir a las elecciones y lograr la única chance de retener el poder hacia futuro: ganar en primera vuelta. Capitanich es uno de los responsables de esa estrategia, que ha expuesto en público y en privado en los mismo términos - pertenece al tipo de político que se expresa de la misma manera hacia adentro que hacia afuera: el peronismo tiene asegurados en cualquier elección entre el 18 y el 20% de los votos, sumando lo que aporta un sector del conurbano de la zona metropliotana y las provincias del Norte. Para ganar en primera vuelta el esfuerzo debe hacerlo en los territorios, complicados para el peronismo por el crecimiento de la oposición que ya doblegó al peronismo en los grandes distritos en 2009 y en 2013. La única forma de sumar los votos para legar a la diferencia que elimina la posibilidad de un ballotage es reforzar el armado territorial, el activo más importante del peronismo porque controla mas de una decena de provincias que debe retener si quiere seguir teniendo el poder nacional.

A esa estrategia obedece la vuelta del chaqueño a su provincia en donde será el candidato a intendente de la capital Resistencia y como gobernador podrá volcar el peso de la estructura de gobierno en favor de su partido, algo que no asegura el rebelde vicegobernador que lo reemplazó en noviembre de 2013y que actuó, según Capitanich, contra los intereses del oficialismo al pergeñar un cronograma de adelantamiento de las elecciones provinciales que se apartaba de la estrategia nacional.

El peronismo de esa provincia tiene que enfrentar a una liga opositora a la cabeza de la cual está la intendente de Resistencia, la radical Aída Ayala, que la sumado sectores del macrismo y de otras fuerzas. Capitanich debe resolver como autoridad del PJ local quién será el candidato porque su fuerza carece de una figura gravitante que se haya instalado ya como el sucesor. Capitanich no tiene reelección pero como postulante a la intendencia podrá encabezar, además de la gobernación, la campaña del peronismo por encima de cualquier otro nombre. Como confrontará con la intendente saliente tendrá la chance de castigarla como candidata y además por la gestión que deja.

Capitanich había imaginado que podría ser candidato a diputado provincial a la cabeza de la lista y, si diera el resultado, ocupar la presidencia del cuerpo y ponerse en la línea de la sucesión en la gobernación. Ha preferido la intendencia; para algunos una herramienta proselitista más eficaz, para otros una señal de poca confianza en el triunfo de su fuerza en las elecciones porque sería presidente de la cámara si el peronismo ganase; si perdiese sería un diputado provincial más. Desde ya que el proyecto de Capitanich es postularse a la gobernación otra vez en el año 2019 y la intendencia sería un buen puesto para pelear el regreso.

Detrás de estas especulaciones hay un dato que lo ayuda; en el Chaco sigue conservando niveles de adhesión a su persona y con buena intención de voto, algo que no se percibe en el nivel nacional, adonde Capitanich ha vivido bajo fuego durante un año y medio.

Esta salida venía siendo amasada en el gobierno desde hace seis y meses y no ha habido noticia más anunciada que ésta, que no sorprendió a nadie.

Cristina de Kirchner apuró ayer dos balances de la gestión de Capitanich; una en público, cuando juraron los nuevos minsitros (Ver nota aparte) y otra a en Olivos, a solas con el chaqueño, a quien recibió a primera hora, con Aníbal Fernández y Juan Manzur en la antesala. Sabían los dos el motivo de la cita porque un cambio de gabinete en el clima del acto del domingo en el Congreso, que se parecerá a un cierre de muchas cosas más que al comienzo de otras, pasaría mejor ante el público. El cierre de listas en el Chaco pudo prolongar más la estadía de Capitanich en el cargo, pero si se iba dentro de 15 días la lectura única sería el balance de la gestión y las especulaciones sobre las razones de una salida a destiempo. En politica no importa tanto el texto como el contexto; el contexto de estos días era el mejor para la renuncia porque Capitanich se enredó en tantas peleas que por un rato no puede esperar balances de buena fe de su gestión. En política actúan más estereotipos que personas y Capitanich es uno de los casos.

En la charla a solas de Olivos escucho un esperable balance positivo de lo que hizo desde noviembre de 2013, algo que usará el ex ministro cuando venga la hora de responder a sus contradictores en la campaña. Lo habían convocado para que se hiciera cargo de cuatro proyectos con los que el gobierno intentó salir de los efectos de la derrota electoral de 2013: sacar de la agenda el tema inflación, el tema precios, el tema tipo de cambio y darle un perfil dintinto en materia de comunicaciones al gobieno.

En esto último innovo al recrear las charlas de Carlos Corach en el zaguán de su casa de Palermo, uno de los inventos más creativos de la administración Menem en materia de comunicación. Todas las mañanas ofreció charlas con cronistas de la casa de gobierno en los que leía su diario personal - siempre logros atribuidos al gobierno - respondía a los opositores, mortificaba a la prensa que lo mortificaba a él y al gobierno y, además respondía a las preguntas como nadie lo había hecho en el ciclo krichnerista. Ese invento le sirvió al gobierno y por eso lo anotan en el activo de sus realizaciones.

En los otros tres puntos Capitanich encabezó lo más perecido a un equipo económico en este ciclo desde la era Lavagna. Axel Kicciloff estaba en el gabinete antes que él, pero el ministro había sido su discípulo y socio desde su juventud y lo reconocía a Capitanich como su jefe. Ponerlos en el gabinete significaba el final de la era Moreno y, con los meses, también la salida de Juan Carlos Fábrega, con lo cual la gestión alcanzó homogeneidad.

Ese dúo se abrazó a un programa de tres puntos que hoy defiende Capitanich como logrados: 1) "La Macro" (mercado de cambios, inflación, recaudación y retoques alsistema fiscal); 2) "Energía" o vigilar la nueva era deYPF que culminó con los acuerdos con Repsol para salrise de los juciios y los nuevos compromisos que ha terminado aguando la crisis del precio de los hidrocarburos, algo que nadie previó antes de 2014 en ningún escenario imaginado: 3"La Micro", que desarrolló lo que había esrito en el libro "La Visión: Nuestro Lugar en el Mundo", o sea ese ensayo duhaldista - el sistema se inaguró bajo su presidencia, con Capitanich de jefe de gabinete - para mejorar la competitividad para un equilibro de precios y potenciar el consumo. El gobierno insistirá hasta el final que ha logrado domar esos tres potros y que eso es lo que perfila un 2015 sin turbulencias, el mejor contexto para la estrategia electoral tenga alguna andadura.

Este programa hay que buscarlo también en el contexto de noviembre de 2013, porque fue complementario de otros cambios, como la salida de Guillermo Moreno (diciembre) y, antes, la salida de Nilda Garré del ministerio de Seguridad y la capitulación del ejército garantistas ante Ricardo Casal, Alejandro Granados y su jefe, Daniel Scioli, y la resignación a que no habría un nuevo código penal sobre cuyo rechazo había construido la oposición la victoria de octubre de 2013. Sólo el tiempo dirá si todo eso, incluyendo el ciclo Capitanich que se cerró anoche, sirvió para ganar poder, o para perderlo.