24 de mayo 2010 - 00:00

La vida conyugal según Arthur Miller

Oscar Martínez es el bígamo y Carola Reyna y Eleonora Wexler, sus dos mujeres, en «El descenso del monte Morgan», que sin ser una gran obra, abre un interesante debate sobre los mitos de la vida conyugal.
Oscar Martínez es el bígamo y Carola Reyna y Eleonora Wexler, sus dos mujeres, en «El descenso del monte Morgan», que sin ser una gran obra, abre un interesante debate sobre los mitos de la vida conyugal.
«El descenso del monte Morgan» de A. Miller. Dir.: D. Veronese. Int.: O. Martínez, C. Reyna, E. Wexler, E. Claudio, M. Figó y G. Ferrero. Esc.: A. Negrin. Ilum.: E. Sirlin. Vest.: L. Singh. (Teatro Metro 

«Un hombre es como una casa con catorce habitaciones. En el dormitorio duerme con su mujer inteligente, en la sala se revuelca con alguna jovencita en bolas, en la biblioteca está pagando impuestos, en el patio cultiva tomates y en el sótano fabrica una bomba para mandar a la mierda todo eso». Esta es una de las pintorescas reflexiones de Lyman Felt (Oscar Martínez) sobre sus nueve años de bigamia. Para él es casi natural que un hombre de su energía y vigor pueda hacer felices a dos mujeres tan disímiles y complementarias como Theo (magnífica composición de Carola Reyna) y Leah (Eleonora Wexler, en un papel que realza su sensualidad).

Este millonario ambicioso, pero generoso con sus empleados, y padre perfecto -tanto para su hija ya adulta como para su otro hijo, más pequeño, fruto de su segundo matrimonio- se presenta como un superhéroe de nuestro tiempo: fiel a sí mismo antes que a los demás.

Lyman se ufana de haber superado todos sus temores y cumplido todos sus sueños, aunque para lograrlo haya tenido que engañar a sus seres más queridos. Pese a su egolatría y a su gran necesidad de ser admirado, el empresario ya no puede con la culpa y termina estrellándose con su auto en plena montaña. Cuando sus dos esposas -y su hija mayor- se cruzan abruptamente en el hospital donde está internado comienza el verdadero descenso de este autocomplaciente pater familias.

Dirigida por Daniel Veronese, «El descenso del monte Morgan» alcanza sus mejores momentos cuando el protagonista utiliza su cama de hospital como trinchera o como escenario de sus fantasías y evocaciones. En cambio, resultan poco verosímiles algunos flashbacks que resumen la vida íntima de cada pareja. Martínez le aporta un gran encanto al pícaro Lyman y pasa de la comedia al drama con admirable soltura. Siempre muy bien acompañado por el todo el elenco.

Sin ser una gran obra, al menos abre un interesante debate sobre los mitos e idealizaciones de la vida conyugal y sobre el eterno contrapunto entre la libertad individual y los deberes para con los demás. Pero a diferencia de otras obras de Arthur Miller de mayor aliento, como «Panorama desde el puente», el autor vuelve a centrarse aquí en sus demonios internos, tal como lo hizo en «Después de la caída» (1964), donde evocó con muy poca sutileza su fugaz y conflictivo matrimonio con Marilyn Monroe. Eso le valió serios reproches por parte de los críticos. Por eso no sorprende que en esta pieza de 1991, el autor haya utilizado el tema de la bigamia para exponer sus propios conflictos amorosos. Tratándose de una experiencia tan ajena a él (se casó tres veces pero no al mismo tiempo) la sirvió de excusa para hablar de sus padres, de su miedo a la muerte y de su fascinación por las mujeres, sin tener que recurrir a ninguna infidencia.

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