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La vida fugaz y el arte trascendente de Basquiat
Con motivo del 50 aniversario del nacimiento de Jean-Michel Basquiat (fallecido en 1988, antes de cumplir 28 años), la Fundación Beyeler de Riehen, Suiza, le dedica una gran retrospectiva.
La primera muestra individual de Basquiat tuvo lugar en Modena, Italia, a mediados de 1981, seguida por su debut neoyorquino, en la primavera de 1982. Decenas de exhibiciones más se sucedieron hasta su muerte, en 1988.
Todo un mundo hay detrás de sus creaciones, un universo autónomo y, a la vez, compartido, donde se mezclan tradiciones antiguas y fábulas modernas, culturas propias y fuentes ajenas, elementos poéticos de la cotidianeidad rutinaria y virtualidades oníricas de la realidad aparencial. El mestizaje, el cruce de culturas y la inmigración señalan los orígenes del artista nacido en Brooklyn, en 1960.
El arte de Basquiat es un arte de la línea. El dibujo era en él una forma de escritura, a la que casi siempre añadía textos, palabras o letras, de modo de gozar del estatuto de la escritura idiomática. Dibujaba desde niño y lo hacía a la manera de historietas: personajes de ficción y de la vida cotidiana, lugares y objetos del común, calles y automóviles. Hacia 1977, se acercó al graffiti. En 1978, en tanto pasaba las noches con músicos y artistas en los clubes de Manhattan Sur (o Downtown), Basquiat empezó a ganarse la vida vendiendo tarjetas postales que realizaba a partir de collages, y remeras pintadas por él. Una de esas tarjetas fue comprada por Andy Warhol, quien trabó más tarde una intensa amistad con el joven artista, que llegó a la ejecución de obras conjuntas, en varias de las cuales participó también el italiano Francesco Clemente. A comienzos del 79, Basquiat abandonó el graffiti callejero que, sin embargo, resurgió en sus pinturas y sus dibujos.
A mediados de 1980 exhibió en la «Muestra de Times Square», exposición colectiva celebrada en un edificio de ese distrito neoyorquino. Sus obras fueron elogiadas por la revista «Art in America». Llegaron luego «Nueva York / Nueva Ola» (febrero de 1981), la primera individual (Módena, mayo de 1981) y el estreno en Nueva York (Galería Annina Nosei, marzo de 1982).
Una idea de la repercusión obtenida por Basquiat desde el principio de su carrera artística la ofrece el hecho de su convocatoria a participar de la Documenta VII de Kassel, dirigida por el curador holandés Rudi Fuchs, en junio de 1982. En ese destacadísimo escenario del arte de avanzada, Basquiat fue el más joven (21 años) de los 176 creadores invitados.
Autodidacta, era, sin embargo, un artista en conocimiento de las técnicas y las formas del arte. Visitante de museos desde niño, estaba al tanto de las creaciones estéticas del siglo y de las de su tiempo y lugar. Había estudiado, y admiraba, la obra de Picasso, Jean Dubuffet, Jackson Pollock, Willem de Kooning, Franz Kline, Robert Rauschenberg y Cy Twombly. En sus comienzos, cierta crítica asimiló las pinturas de Basquiat a la Abstracción Expresionista, y algo de ella hay en sus primeras creaciones. También hay rastros del Picasso surrealista, de las Combines de Rauschenberg y, más aun, del Arte Bruto de Dubuffet y las escrituras de Twombly. Es inútil, sin embargo, buscar antecedentes y adscribir la obra de Basquiat a tal o cual tendencia.
A menudo hizo convivir en la tela y en el papel el lápiz de grafito, el pastel, el marcador, la acuarela y la pintura acrílica. Muchas veces en el papel agregó el aporte de la cinta adhesiva, el collage de fotos, y recortes de diario u otros impresos. Convirtió a sus hombres y mujeres, sus animales, sus casas y árboles, sus calles y automóviles, sus objetos, en monigotes, sencillos trazos del lápiz o del pincel que delimitan contornos y apariencias, salvo excepciones. Redujo los rostros de sus personajes a un cuadrado o un círculo donde destacó los ojos, la nariz y los dientes; el cuerpo, los brazos, las manos, las piernas y los pies, también son lineales, siluetas apenas.
Suele dividirse la obra múltiple de Basquiat en función de sus temas recurrentes: la autobiografía, los héroes negros (músicos, boxeadores), las historietas y los dibujos animados, las anatomías, los graffiti y los signos y símbolos a ellos asociados, el dinero, el racismo, la muerte. Sin embargo, sus obras podrían encuadrar en uno solo de esos temas: la autobiografía. Porque todas sus obras son, en última instancia, remisiones a su vida, sus orígenes, sus intereses artísticos, sus cuestionamientos políticos, sociales y culturales, sus amores, sus alegrías, sus penas.
Basquiat murió al borde de los 28 años, derrumbado por una aguda intoxicación de narcóticos, el 12 de agosto de 1988, en su taller y casa de la calle Great Jones 57, que había alquilado un lustro antes a Andy Warhol. Acababa de realizar exposiciones en París, Düsseldorf, Berlín, Salzburgo y Nueva York, y de pasar unas semanas en su arrendada finca de la Isla de Maui, en Hawai, donde solía aislarse y pintar.
«Vivía como una llama. Ardió con intenso resplandor. Después, el fuego se apagó. Pero sus brasas todavía están calientes». Así dijo Freddie Braithwaite de su amigo Basquiat -muerto tres meses antes-, el 5 de noviembre de 1988, al cabo de un oficio religioso celebrado en la Iglesia de San Pedro, el Este de Manhattan. No puede ni podrá pedirse más elocuente descripción de la vida fugaz y la obra perdurable de Basquiat, un gran artista norteamericano de raza negra, que deslumbró a su país y al mundo en la década del 80.


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