La vida según Coelho, sólo para creyentes

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«Veronika decide morir» (Veronika decides to die, EE.UU., 2009, habl. en inglés). Dir.: E. Young. Int.: S. M. Gellar, J. Tucker, M. Leo y E. Christensen.  

Aunque pueda resultar sensiblero y efectista, si el escritor brasileño Paulo Coelho ha vendido más de 100 millones de copias en el mundo y ostenta el record Guinnes como el autor más traducido por el mismo libro («El alquimista», a 71 lenguas), evidentemente debe reconocérsele habilidad para transmitir sentimientos y emocionar al público masivo.

«Veronika debe morir» (185 mil ejemplares vendidos sólo en la Argentina) es una adaptación de su novela de 1998, la primera en ser llevada al cine. «El alquimista», recibió decenas de ofertas, pero Coelho demoró en ceder los derechos hasta que este año, los compró el actor y director Laurence Fishburne.

La directora Emily Young, quien tuvo un debut promisorio en festivales con «Kiss of life» (2003, no estrenada en nuestro país), respeta en todo al autor, sobre todo en lo que se refiere a fantasías oníricas y bellas y sencillas conclusiones sobre la voluntad de vivir bien la vida, aun en situaciones desgarradoras. Veronika Deklava (interpretada por la bella y joven actriz Sarah Michelle Gellar, famosa por la serie televisiva «Buffy, la cazavampriros») es una mujer que desde el principio del film confiesa su insatisfacción con el mundo, regido por recetas publicitarias y mandatos que imagina tan inevitables como condenables. Todo la afecta al punto de intentar suicidarse. Se intuye en ella un pasado familiar complejo que jamás se explica en el film. Así, tras ingerir un cóctel de pastillas y alcohol, sobrevive luego de dos semanas en coma y es enviada a una institución psiquiátrica, con la noticia de que le quedan pocas semanas de vida, a raíz de un daño irreversible que sufrió su corazón.

Veronika encara sus días, primero con una indiferencia, que de a poco se convierte en tibia esperanza, hasta llegar a algo así como un «Vive cada día como si fuera el último». He aquí el rasgo más previsible y efectista, que se combina con los días de la protagonista entre el recuerdo de esa sociedad mercantilista y tan lobotomizada como los tratamientos que aplican a varios internos.

Si bien el planteo apunta, ante todo, a los hábitos cada vez mas arraigados de una sociedad que «cura» con antidepresivos y anestesia con ansiolíticos, sin detenerse demasiado en las causas, a menos que se sea un devoto de la literatura de Paulo Coelho nunca se comprende del todo cómo la protagonista logra ese click por el que, no sólo ella sino todos los que la rodean, comienzan a recuperar el «alma perdida».

Hay algunas conversaciones filosóficas disfrutables aunque algo forzadas entre el director del psiquiátrico y la internada que interpreta Melissa Leo, sobre el temor que neutraliza el deseo y una verdad tan insoslayable como funcional: Si todos hicieran realidad sus sueños, el psiquiátrico estaría vacío (y Coehlo no hubiera vendido tantos libros).

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