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La XXII arteBA profundiza un perfil que cumple 10 años
La nueva feria arteBA, que reunirá 82 galerías argentinas y del exterior, no prevé cambios notables; al contrario, se advierte la profundización de un modelo cuyos resultados han sido positivos.
El modelo surgió hace justo una década, cuando en el año 2003 arte BA cambió su nombre y también su orientación, convirtiéndose en una Feria de Arte Contemporáneo. Los directivos de la Fundación arteBA percibieron que, a partir del cambio de siglo, la tendencia local e internacional favorecía el arte contemporáneo. La Feria estrenó así su nuevo perfil y comenzó a albergar las expresiones más osadas y rupturistas. En la Argentina, los artistas jóvenes suscitaban el interés de quienes descubrían un arte de buena calidad y a bajo precio; en las grandes ciudades del mundo, donde desde los años 80 se gastan fortunas en obras maestras y los compradores no cesan de multiplicarse, el arte comenzó a agotarse, los precios se volvieron inaccesibles y aparecieron nuevas estrellas como el grupo de los jóvenes británicos. Los operadores del Norte decidieron finalmente volar a la lejana Buenos Aires.
Desde entonces, aquí y en los circuitos internacionales las expresiones contemporáneas no cesan de alimentar la creciente demanda de la institución Arte, su mercado, pero también de los museos, galerías e instituciones y un público cada día más amplio y deseoso de vivir una experiencia estética.
Por lo demás, el arte actual le puso fin -en parte- a un problema irresuelto: las dudas sobre la autenticidad de las obras, ya que los artistas están presentes para brindar fe de su autoría. Pero la contemporaneidad arrastra sus propios problemas. Para comenzar, el eterno interrogante sobre la genialidad de los creadores. ¿Cómo olvidar que Van Gogh vendió un solo cuadro en su vida? ¿Cuál es entonces el arte que, más allá del marketig y las promociones que lo muestran glamoroso como un shampoo, posee una reserva de valor, aunque sea potencial?
Las incógnitas resultan difíciles de resolver. El inmenso caudal de obras que atraviesa la contemporaneidad, el territorio más ambiguo e inestable del arte, no ha franqueado todavía la censura del tiempo. El análisis del arte contemporáneo es una tarea compleja: demanda sumergirse en el presente pero, a la vez, tener el coraje de alejarse para mirarlo desde la distancia, para relacionarlo con el arte del ayer.
Es cierto que los artistas, como genuinos sismógrafos del acontecer social, reflejan en sus obras el vacío existencial, las contradicciones y la dificultad del mundo contemporáneo. La vida real avanza en ese mundo encapsulado de las salas de exposiciones, con obras capaces de contar verdades. En este contexto, la Feria ha puesto el acento en arteBA como lugar de encuentro, de confluencia y debate. El Premio Petrobrás (más allá de los resultados) al convocar artistas que llegarán del exilio, estará para revisar la historia y movilizar las ideas.
Si se tiene en cuenta que las galerías no están en su mejor momento y la situación financiera está lejos de ser la ideal, arteBA 2013 implica un gran desafío, para todos los actores del sistema.


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