5 de junio 2009 - 00:00

Laboristas temen un desastre electoral y ahora exigen salida de Brown

Gordon Brown
Gordon Brown
Bruselas - El primer ministro británico, Gordon Brown, quedó ayer al borde del precipicio luego que el ministro de Trabajo y Pensiones, James Purnell, renunció al gabinete e instó al mandatario a seguir sus pasos. El caos político se completó con el penoso resultado que estaba previsto que obtuviera el Partido Laborista en la primera jornada de las elecciones parlamentarias de la Unión Europea (UE).

En una misiva enviada a The Sun y a The Times, Purnell, un conocido «blairista» (partidario del ex premier Tony Blair), justificó su decisión en la necesidad de un debate sobre el liderazgo en el laborismo. En el texto, pide a Brown que se «haga a un lado» y afirma que su baja popularidad hace una victoria conservadora «más, y no menos, probable». En un comunicado, la oficina del Downing Street indicó que Brown estaba «decepcionado» con la iniciativa de Purnell pero, a pesar de todo, su prioridad seguía siendo concentrarse en la labor de ayudar al país a salir de la crisis y en «reestructurar» el Gobierno. La dimensión del conflicto quedaba reflejada anoche en las principales portadas on line de los periódicos locales: «El Gobierno se hunde más en el caos», tituló, por ejemplo, el Financial Times.

La dimisión de Purnell, que se sumó a la de las ministras del Interior, Jacqui Smith, y de Comunidades, Hazel Blears, esta misma semana, aumenta la presión sobre Brown, cuya autoridad se cuestiona tanto dentro como fuera de su partido.

Estos tres líderes del gabinete anunciaron su dimisión días antes de que Brown dé a conocer, seguramente hoy o a más tardar el lunes, su esperada remodelación ministerial, con la que espera reafirmar su mellada autoridad.

El gesto de los ministros, que se interpretó como un desafío directo a Brown para que abandone el cargo, se suma a la maniobra de un grupo de unos 55 diputados laboristas que intentan juntar más apoyos para promover un cambio de líder partidario y, con ello, de premier.

En junio de 2007, Brown tomó la vacante que había dejado Blair tras diez años de haberse destacado como ministro de Finanzas. En ese entonces, el laborismo también atravesaba una crisis de popularidad -generada por la Guerra en Irak-, pero el cambio de mando y la bonanza económica que atravesaba el país lograron sostener el Gobierno.

Cuando renuncia un primer ministro, su puesto es ocupado por el nuevo líder de su misma agrupación política, allí el interés de la oposición de adelantar las elecciones.

Pese a la falta de confianza expresada desde varios sectores, Brown insiste en que es la persona adecuada para sacar al país de la recesión y superar la crisis desatada con el escándalo del abuso de los gastos de los diputados. Este caso, destapado por el periódico Daily Telegraph y que afecta a todos los partidos, desencadenó una serie de dimisiones que cristalizaron las divisiones internas dentro del Gobierno, ya desgastado por las críticas a la gestión de la debacle financiera.

El futuro de Brown depende en buena parte de dos factores: el resultado de las elecciones locales y europeas que se celebraron ayer -se espera una derrota laborista, pero hay que ver de qué dimensiones- y del apoyo que pueda recabar entre sus propios correligionarios, algunos de los cuales habían salido anoche en su defensa.

Agencias EFE, AFP, Reuters, ANSA y DPA

Dejá tu comentario