Las actuaciones son el mayor atractivo de “Testosterona”

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"Testosterona" de S. Berman. Dir.: D. Veronese. Int.: O. Núñez y V. Saccone. Esc.: A. Negrin. Vest.: L. Singh. Ilum.: E. Sirlin. (Multiteatro).

Aunque la mujer ya ocupe puestos presidenciales y trabaje a la par del hombre en casi todas las áreas, todavía se sigue discutiendo si está capacitada o no para ejercer el mando en una gran empresa. De acuerdo a una suerte de determinismo biológico aún en vigencia, es considerada un ser delicado, altamente emocional y diseñado para la exclusiva tarea de criar hijos. El hombre, en cambio, sería el indicado para ejercer el don de mando, habilitado por su carga de testosterona que supuestamente lo vuelve más ambicioso, audaz y dominante.

Para refutar todas estas teorías "hormonales" y demostrar que los roles sexuales no son fijos ni permanentes, sino que mutan a la par de los cambios sociales y de los nuevos paradigmas culturales, la escritora y periodista mexicana Sabina Berman plasmó todos estos tópicos en una eficaz comedia de ambiente empresarial.

La acción gira en torno a una brillante y cordial subdirectora de un diario muy importante que debe competir con otro subdirector, autoritario e inescrupuloso, para ocupar el cargo que deja vacante el actual director por motivos de salud.

Antonio, por su parte, se dispone a elegir a su sucesor con total ecuanimidad, sin sospechar que la competencia que desató involuntariamente hará tambalear todas sus certezas. Saldrán a la luz sus sentimientos hacia Magui (ex alumna suya y mujer apetecible) así como sus prejuicios machistas (la acusa de no tener la testosterona necesaria) y su propia indecisión ante las maniobras extorsivas del subdirector Beteta (una figura clave que sin aparecer en escena le aporta buenas dosis de suspenso a la obra).

"Testosterona" tiene un comienzo algo explicativo (sobre los antecedentes de todos los personajes) hasta que el diálogo entre sus dos protagonistas va adquiriendo carnalidad y emoción. Ambos teorizan sobre los roles de género, se seducen, chicanean y se pelean a los gritos para defender sus posiciones. Tal vez se amen, pero la pasión por el poder (libido dominandi, en palabras de San Agustín), un rasgo que ambos comparten por igual, se superpone a todos sus demás conflictos.

El director Daniel Veronese trabajó minuciosamente cada etapa de esta pelea visceral por llegar a la cima y prefirió referir -antes que mostrar- la única escena de sexo que hay en la obra. El principal atractivo de la puesta reside en las actuaciones: Osmar Núñez inflama de humanidad a ese ex reportero de guerra encerrado en una redacción que sueña con escribir un libro sobre la especie humana. Su magnífica actuación ofrece un amplio espectro de sentimientos, luchas internas y estallidos emocionales. Viviana Saccone, por su parte, está a la altura de un personaje bastante complejo. Su Magui tiene carisma, distinción y el sex appeal de una mujer ambiciosa que vive sin complejos su bisexualidad. A la actriz le faltaría ajustar un poco más la comicidad física que exigen algunas escenas. Pero, en la segunda parte de la obra brinda una transformación notable cuando Magui decide jugar con las mismas armas que los hombres y aplica toda su astucia "femenina" sin necesidad de sacrificar otras facetas de su vida.

La escenografía parece inspirada en las elegantes oficinas de una torre de Puerto Madero. Es un dato que también permite suponer qué sector del público podría identificarse con esta propuesta.

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