8 de septiembre 2015 - 00:17

Las cartas de amor y de muerte de Fabián Tablado

Fabián, como tantas otras veces, le había enviado una carta de amor a Carolina Aló (16). Esas misivas que intercalaban promesas de una vida juntos con dibujos de corazones y ositos se transformarían en el sello distintivo de uno de los asesinos más brutales. Incluso mucho después del crimen de Carolina, quien recibió 113 puñaladas y 19 golpes, Tablado continuaría con esa forma de comunicarse con sus parejas.

Faltaban pocos días para el fatídico 27 de mayo de 1996. Fabián le envió otra carta a Carolina. "Princesita de mi vida, osita de peluche, corazón con patas, viste que pese a todos los obstáculos, a la distancia y las circunstancias, el amor de nosotros pudo más", escribió arriba del dibujo de un sonriente oso que sostiene un corazón-cartel, en el cual se lee "TE AMO". Así, con mayúsculas.

La adolescente quería terminar la relación. Todavía le dolía la nariz y el alma, por la cobarde trompada que él le había aplicado en uno de sus tantos arrebatos por celos. En su mesa de luz todavía guardaba, y quizá releyó, otra de las cartas: "Son como las 12.30 y estoy acostado en mi cama, no tengo sueño. Quería escuchar un poquito de música. Y como no podía ser de otra manera, me empecé a acordar de vos, bebé. Te extraño muchito y tengo ganas de bailar con vos y después dormir bien juntitos..."

Carolina se decidió a decirle basta a Fabián, no lo aguantaba más. Tablado le había comentado a su amigo Luis Vallejos que tenía ganas de matar a su novia. No le creyó.

Aquel 27 de mayo, Fabián y Carolina se encontraron en el colegio Marcos Sastre de Tigre. Ambos cursaban el cuarto año. Pese a que llevaban una semana peleados, la convenció de que lo acompañara a su casa. Salieron antes, porque tuvieron hora libre. Los padres de Tablado no estaban en la casa. Fabián le reclamó a Carolina haberlo dejado. Probablemente recordaba frases de la última carta: "Bebé, quiero que sepas que, a pesar de que siempre haya algo entre nosotros tratando de separarnos, te voy a amar. Y aun cuando vos te canses de no poder hacer nada por mi culpa y me dejes, yo voy a seguir amándote". Pero Fabián ya tenía todo planeado. El ataque duró entre cinco y diez minutos. Usó tres cuchillos de cocina y un formón de carpintero.

El cuerpo tenía siete lesiones en la mano izquierda y muchas heridas en los brazos, señales de la desesperación de la chica por salvar su vida. Para terminar su obra de terror, Tablado le aplicó una profunda cuchillada en el cuello y, para rematarla, le hundió una puñalada en el corazón. El cuerpo, según lo describió un policía en el juicio, estaba "hecho un bollito, boca abajo, en el piso". Al lado quedó el formón. Y a metros del cadáver, además, se encontró un dibujo, uno más. Pero en este caso no había frases de amor ni ositos con corazones; sólo había bosquejado con una birome el cuerpo de una mujer que estaba siendo sacrificada.

Fabián Tablado, tras el asesinato, huyó de su casa. Pasó a ver a su amigo Vallejos y le dijo que había matado a su novia. Le pidió ayuda: que lo fuese a buscar al Puente Tedín en un remís, donde aparecería luego de la señal de los tres bocinazos. El compañero, primero llamó al papá de Carolina. "Me llamó cambiando la voz, como si fuese una chica, y preguntó por mi hija, pero cortó, recordó Edgardo Aló. Vallejos, en vez de pasar a buscar a su amigo, envió a la Policía.

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