Lo que considera pruebas de que Damasco empleó armas químicas contra los civiles en zonas controladas por los rebeldes, lo que dejó 1.429 muertos el pasado 21 de agosto, sumado a la información aportada por los servicios de inteligencia estadounidenses, llevó a la Alianza Atlántica a abandonar la prudencia mostrada hasta el momento. Al menos en el plano discursivo, ya que la renuncia a una actuación como bloque refleja las profundas diferencias que la situación genera entre los aliados.
"No hay duda de que la comunidad internacional tiene que reaccionar firmemente en esta situación", dijo el secretario general de la OTAN, Anders Fogh Rasmussen, en su primera conferencia de prensa mensual tras el receso de verano boreal.
Así consideró que el "objetivo" de la respuesta militar que se definirá en los próximos días debe enviar "un claro mensaje, no sólo al régimen de Damasco, sino también a otros, de que no se puede hacer esto sin una reacción, para evitar estos ataques en el futuro".
Sin embargo, el funcionario recordó que la OTAN juega su papel como "foro de consulta" y protectora de la frontera entre Siria y Turquía (país miembro de la organización) con los misiles Patriot desplegados y, más allá de la condena que emitió, confirmó que la Alianza no participará en una acción militar.
"No preveo ningún rol más allá por parte de la OTAN. "Corresponde a los países individuales reaccionar a lo que ha pasado en Siria", insistió Rasmussen.
| Agencia EFE y Ámbito Financiero |


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