Las inversiones en arte, entre el marketing y la intuición

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En una semana de mucha actividad para las dos grandes casas de subastas londinenses, le tocó el turno al arte contemporáneo y de posguerra, que si bien no lograron alcanzar en las cifras totales a las de los Modernos e Impresionistas, recaudaron en Christies nada desdeñables 150,4 millones de dólares, y en Sothebys 144,3 millones, en ambos casos en dos días de remates.

Asi, las cifras alcanzadas por algunas obras de Modigliani, Picasso y Monet, hicieron la diferencia a la hora de contabilizar los totales a favor de los modernos, mientras que entre los contemporáneos se repiten aquí los nombres de Basquiat, Bacon y Richter, tanto como los de Rothko, Pollock y Warhol en las subastas del mes de noviembre pasado en Nueva York.

En Christies, Jean Michel Basquiat lideró las ventas con su «S/T», vendido en 14.6 millones de dólares, mientras que otras obras -en total 27 para ser exactos- superaron holgadamente el millón de dólares encabezados por uno de los «Abstraktes Bild» de Gerhard Richter, que obtuvo 13.2, millones, seguido por Peter Doig, vendido en u$s 7,8 millones, Francis Bacon, en 7.7 millones y Lucio Fontana, 6.1 millones.

En Sothebys, Bacon marcó el récord de la jornada con 21.3 millones de dólares, la cotización más alta de ambas subastas, Richter, con otro «Abstraktes Bild», obtuvo 12.6 millones, y nuevamente Basquiat, 10.5 millones.

La diversidad de ofertas no resiste un análisis serio acerca de si un período es mejor que otro para invertir, ya que esto depende no sólo del artista y el período sino también de la obra puntual. No siempre durante el último año la diferencia estuvo a favor de los modernos e impresionistas. Por ejemplo, en los remates neoyorquinos de noviembre, las cifras totales de las subastas de arte contemporáneo superaron ampliamente a las de artistas modernos, y la mayoría de los récords fueron para artistas de la escuela abstracta que tuvo origen en la ciudad de Nueva York.

Como solemos resaltar, es bueno medir la trayectoria más que los precios puntuales de un artista y así observar que, por lo general, los que suben con armonía no bajan con estrépito, como ocurrió recientemente con artistas de meteórico pero infundado ascenso. Los que transitaron una carrera más escalonada y sostenida llegan a cotizaciones extraordinarias o no, pero siempre en ascenso y como parte de un proceso en el que el tiempo y la trayectoria aquilatan su valía, a través de los canales naturales.

Lo que ha quedado muy en claro es que el mundo de las transacciones de arte se refiere, ha cambiado en todas sus formas, acompañando elcambio tecnológico que estamos viviendo. Los datos que nos proporciona el mercado, si se estudian detenidamente, muestran que el valor alcanzado por las obras de arte contemporáneo responden, en la actualidad, a distintas causas que las que originaban las ventas del arte clásico y moderno, donde los mecanismos de publicidad y marketing no están ausentes, y donde el silencioso apoyo de los coleccionistas, críticos y académicos del arte es reemplazado (o cuanto menos complementado) por un aparato publicitario que a veces convierte a los artistas en estrellas mediáticas, o en la «mejor inversión de ese año».

¿Será esa la razón por la cuál los nombres de los top prices se repiten -por épocas- en las subastas en todos los segmentos? Es posible, aunque históricamente, el mercado tiende a sostener a los artistas que están respaldados por una carrera más jalonada en premios, exposiciones y presencia en museos que a los productos instantáneos, ya que en el primer caso el mercado va intuyendo su valor mas que querer imponerlo.

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